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Un grupo de okupas lleva el miedo y la inseguridad a El Serrallo

Los inquilinos crían perros de raza peligrosa que pasean libremente por la calle, consumen droga y protagonizan peleas

Redacción

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El edificio conflictivo se encuentra en el número 2 de la calle Sant Andreu, en el corazón del barrio marinero. Foto: Pere Ferré

El edificio conflictivo se encuentra en el número 2 de la calle Sant Andreu, en el corazón del barrio marinero. Foto: Pere Ferré

Los vecinos de calle Sant Andreu y Espinach del Serrallo viven con miedo desde que hace tres años se instalaron unos okupas en el número 2 de la calle Sant Andreu. «No podemos ni dejar a nuestros hijos ir solos por la calle», asegura un vecino. Y es que este bloque, situado en el corazón del Serrallo, se ha convertido en el más problemático e inseguro del barrio. Los vecinos se quejan de cómo actúan los okupas de este bloque. Aseguran que crían perros peligrosos para que se peleen entre ellos, que consumen droga y que, día tras día, hay peleas, tanto en la escalera como en la calle.

Fuentes consultadas por el Diari aseguran que sólo el año pasado la Guàrdia Urbana llevó a cabo unas cuarenta intervenciones en esta zona, tanto a requerimiento de los propios vecinos como en operaciones planificadas de prevención. El bloque cuenta con dos almacenes en la planta baja y 29 pisos, de los cuales, al menos 13 pertenecen a entidades bancarias, que son los que básicamente están ocupados por ciudadanos españoles, rumanos y marroquíes.

Los vecinos han notificado a la Guàrdia Urbana algunas de las acciones realizadas por estos inquilinos: tenencia de perros –algunos de raza peligrosa–, consumo de droga, botellón, una moto que hace mucho ruido y causa molestias, menores tirando piedras, etc. Incluso un día, a la una y media de la madrugada, una patrulla tuvo que acudir a lo que parecía una pelea entre una pareja. Al llegar, los agentes fueron informados por los alborotadores de que estaban manteniendo relaciones sexuales y se les había caído una lámpara.

Las peleas son constantes y la inseguridad en el barrio cada día es mayor. Los vecinos dan su versión, pero siempre con la condición de que su nombre no salga públicamente. Los okupas han amenazado de muerte a más de un vecino, que no denuncia, según explica, por miedo a posibles represalias. «Convivimos con ellos cada día», aseguran.

«La calle Espinach se ha vuelto intransitable. Está llena de perros peligrosos, de la misma raza, que se pelean entre ellos. Nos da miedo que nuestros hijos pasen por esta calle. Les obligamos a dar la vuelta al barrio y así evitar pasar por allí», comentan. En esta zona se ha producido «la tormenta perfecta», según explican los vecinos, ya que «se juntan jóvenes que vienen a visitar a los usuarios del centro de acogida y los okupas del bloque número 2 de la calle Sant Andreu e invaden toda la calle».

Quejas de los vecinos

Otra queja recogida fue la de una vecina que informaba de la presencia de tres perros todo el día en el balcón de la primera planta y que orinaban, cayendo el líquido a la calle. Las mismas fuentes reconocen que, en muchas ocasiones, cuando han llegado al lugar los agentes a requerimiento de los vecinos por consumo de droga o botellón, no han encontrado nada ilícito.

Durante el pasado verano, la Guàrdia Urbana también efectuó diversas intervenciones en el parque que hay al lado del actual local de los Xiquets del Serrallo. Los jóvenes consumían droga y jugaban en las canastas de baloncesto a partir de las doce de la noche, con las consiguientes quejas vecinales. Pero las canastas ahora ya no están. Una noche entraron en uno de los tinglados y saltó la alarma. Uno de los jóvenes fue descubierto abriendo la llave del agua.

También la presencia de un centro de menores ha sido fuente de muchas quejas vecinales a la Guàrdia Urbana porque se juntan numerosos jóvenes que ocupan la calle «y posiblemente si pasa alguien le piden dinero o tabaco», reconoce un agente. Se han realizado diferentes controles en la zona identificando a estos jóvenes. Fuentes policiales también han reconocido la existencia de algún bar cuyos clientes podrían dedicarse a pasar pequeñas cantidades de droga.

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