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Un huerto en TGN lleno de valores sociales

El proyecto se encuentra inmerso en una campaña de crowdfunding. Con el dinero recaudado, la intención es ampliar las parcelas, realizar talleres y convertir la zona en un espacio ecosocial

Carla Pomerol

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Yolanda Viñas es una de los 42 hortelanos que se encargan de hacer crecer los vegetales. Foto: pere ferré

Yolanda Viñas es una de los 42 hortelanos que se encargan de hacer crecer los vegetales. Foto: pere ferré

Yolanda Viñas visita, una vez por semana, su parcela de huerto, situada en la Universitat Rovira i Virgili. Ella, junto a dos compañeras más –las tres, trabajadoras de la URV–, plantan lechugas, espinacas, cebollas y zanahorias, entre otros vegetales. Viñas es vegetariana y asegura que «es una gran satisfacción comerme las verduras que he visto crecer». Ella es una de los 42 hortelanos que cuidan y miman los Horts Socials URV.

Estos huertos, situados en el patio de armas del antiguo cuartel –avenida Catalunya–, son un proyecto pensado para potenciar la función pública de la universidad y para «revertir a la sociedad todo lo que la sociedad invierte en educación», explica Susana Borràs, impulsora del proyecto Horts Socials URV y profesora de Dret Internacional de la URV.

El huerto, gestionado por profesores, alumnos y personal de administración y servicios de la Universitat Rovira i Virgili, cuenta con 22 parcelas. El principal objetivo del proyecto es que la universidad pública potencie el aprendizaje basado en valores ambientales y sociales. Otra de las intenciones de los Horts Socials URV es que los alumnos puedan aplicar y desarrollar sus conocimientos en este espacio. Lo cierto es que los estudiantes de arquitectura han participado en la elaboración de estudios topográficos y de mapas, lo que ha permitido que un espacio degradado y abandonado se haya convertido en un lugar en el que cultivar vegetales. También el departamento de comunicación colaboró en la creación de un documental ayudando así a la difusión de la iniciativa.

Los encargados del huerto acuden a menudo con sus familias a las instalaciones, convirtiendo el huerto en un espacio de convivencia. En total, hay unas 42 personas que ponen el alma en las 22 parcelas que configuran el huerto. En una primera fase se construyeron 10 parcelas, y en la segunda, 12. En un principio, se adjudicaron a miembros de la comunidad educativa que mostraron interés en cultivar la tierra. Pero según la organización, el código de funcionamiento establece que debe haber un relevo entre los usuarios. Así habrá oportunidades para todos los miembros de la universidad.

Una vez cada quince días, los miembros de la Fundació La Onada –centro especializado en tratamientos de demencia– acuden al lugar y ayudan a los hortelanos a llevar a cabo las tareas más comunes, como arrancar hierba o hacer trabajos de mantenimiento. «De esta manera, también aseguramos el contacto intergeneracional, y no se pierden ni los valores ni los conocimientos», explica Anna Solé, una de las impulsoras del proyecto y estudiante de Història de l’Art en la URV.

El proyecto nació hace 3 años

La idea surgió hace aproximadamente tres años de la mano de dos profesoras y dos alumnas de la Universitat Rovira i Virgili. Todo empezó con la I Cursa Solidària de la URV. Con el dinero recaudado se abrió una convocatoria de proyectos. Dos de las iniciativas presentadas tenían que ver con la instalación de un huerto urbano en las inmediaciones de la universidad y con la sensibilización medioambiental. La comisión decidió juntar los proyectos, y el resultado son los Horts Socials URV.

Campaña crowdfunding

El pasado mes de julio, el huerto se convirtió en una realidad. Pero actualmente el proyecto necesita avanzar para consolidarse, no sólo en la universidad, sino también en la ciudad. Es por esto que cuando las impulsoras de la iniciativa se enteraron de la convocatoria de una campaña de crowdfunding por parte de la Fundación Triodos, pensaron que era una buena oportunidad para financiar los Horts Socials URV. Esta fundación trabaja para promover huertos educativos.

Los accesos al huerto no son seguros, «y los estudiantes de arquitectura nos propusieron adecuar el lugar y convertirlo en un espacio ecosocial», explica Susana Borràs, impulsora del proyecto. Por el momento, el rector de la URV está estudiando la propuesta.

Hace algunas semanas que se inició la campaña de micromecenazgo, y a falta de una más, el proyecto ha conseguido 380 euros. La intención es llegar a 1.000 ó a 3.000 euros. Si la iniciativa de los Horts Socials URV consiguiera los 1.000 euros se ampliaría el huerto con diez parcelas más, se plantarían plantas medicinales, se crearían casetas de madera para que los hortelanos pudieran guardar las herramientas y se impartirían talleres de agricultura ecológica.

Si se diera el caso que el proyecto consiguiese los 3.000 euros, la adecuación sería más completa. Se construirían estructuras para realizar compostaje, se habilitaría una zona de ocio, un aparcamiento de bicis y un almacén para maquinaria más compleja. Por el momento, esta segunda parte está siendo analizada por el rector.

Las impulsoras del proyecto son conscientes de que si en algún momento la universidad quiere construir en ese lugar, deberán replantearse el tema. Todos aquellos que colaboren económicamente con la campaña de crowdfunding serán recompensados simbólicamente.

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