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Un huerto para aprender de plantas... Y domótica

La Escola Saavedra instalará sensores para controlar la cantidad de luz y agua que reciben las plantas de su huerto. Aquí la robótica está por todas partes

NORIÁN MUÑOZ

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Por el huerto pasan los 220 alumnos de la escuela de P3 a 6º. FOTO: PERE FERRÉ

Por el huerto pasan los 220 alumnos de la escuela de P3 a 6º. FOTO: PERE FERRÉ

La Escola Saavedra contará con el primer huerto escolar domótico de Tarragona. El centro ya fue de los primeros en cultivar un huerto a principios de los 2000 y ahora han querido ir un poco más allá y contarán con la tecnología que les permitirá controlar, en cada momento, la cantidad de luz y agua que reciben las plantas.

La escuela está ubicada en pleno centro de la ciudad y desde fuera cuesta sospechar toda la vida que hay alrededor de su huerto ubicado en un patio interior. No le faltan detalles como un compostador o un ‘hotel de insectos’ para que los niños aprendan la importancia de estos animales en la agricultura.

Por aquí pasan, a lo largo de la semana, todos los 220 alumnos de la escuela, desde P3 hasta 6º de primaria. Lo que cultivan lo dan al comedor de la escuela, en algunos casos se lo llevan a casa o hasta lo prueban allí mismo. Los profesores reconocen que alguno ha alucinado con el sabor de una zanahoria recién cosechada (incluso los más reacios) y, de paso, tienen la oportunidad de pensar en que los vegetales no aparecen por arte de magia en las neveras de los supermercados.

Rizar el rizo con la domótica

Pero el huerto comenzará en breve una importante transformación de la mano del Institut d’Horticultura i Jardineria de Reus, que se encargará de revisar e instalar el sistema de riego; el Institut Comte de Rius de Tarragona, que colocará los sensores de luz y humedad; y el Institut Baix Camp, que realizará la App para controlar los datos que se generen. Gracias a ello, en cualquier momento, a través de un móvil u otro dispositivo, en la escuela podrán tomar decisiones según lo que convenga a cada cultivo.

Esta experiencia, además, se enmarca dentro del proyecto que tiene el Ayuntamiento de Tarragona, a través del Insitut Municipal d’Educació (IMET) para potenciar los huertos escolares en la ciudad. De hecho hace poco ha salido a licitación el proyecto para asesorar y poner en marcha huertos ecológicos en 12 centros públicos y concertados este mismo curso escolar.

Manel Castaño, concejal de educación, explica que el proyecto se enmarca en el hecho de que la ciudad fue acreditada recientemente como Vil·la Florida. «Queremos que Tarragona sea una ciudad que apuesta por las zonas verdes y ornamentales, y eso tiene que reflejarse también en las escuelas».

Señala, además, que la intención es que en estos huertos se cultiven plantas que se adapten bien al clima mediterráneo y que todo el proceso sea sostenible.

La punta del iceberg

Pero basta con darse una vuelta por la escuela para ver como el huerto, que próximamente se hará domótico, es apenas la punta del iceberg de todo el interés por la tecnología y los robots que se respira por los pasillos y en cada aula.

Hacemos un recorrido acompañados de la directora, Leonor Franch y Sergi Moncusí, profesor de robótica, y nos cuentan que aquí los robots están presentes a lo largo de todos los cursos. Un ejemplo: los niños de P3 aprenden las letras con los Bee-bot, unos robots en forma de abeja. Mientras, los de sexto han ideado un sistema con sensores de presencia para los baños que hace que se encienda una luz, algo que les ha servido para controlar el aforo en tiempos de pandemia.

Y nos llevan, por supuesto a la joya de la corona: la sala de robótica por las que todos se pelean por pasar. En todas las asignaturas hay conceptos que se trabajan con robots.

Aunque el interés de la escuela por la robótica ya existía, dio un salto cualitativo en el año 2018 cuando el centro se unió al Proyecto Magnet, una alianza entre la Escola Tècnica Superior d’Enginyeria de la URV, que desde entonces se convirtió en ‘socia’ de la escuela, la Fundació Bofill, el Departament d’Educació de la Generalitat y el IMET.

Ya tienen de lo más interiorizado que los alumnos y profesores de la escuela consultan a los de la universidad cuando van a poner en marcha sus ideas o cuando necesitan asesoría técnica para poner un proyecto en marcha.

La imaginación hace el resto. En uno de los pasillos están expuestos los trabajos de un concurso de inventos: hay una especie de mopa, a cuerda, que rueda y limpia el polvo; un dispensador de bebidas que funciona haciendo vacío; o una zapatilla rosa que hace de barco propulsado por el aire. En resumen, aquí la tecnología da buenos brotes.

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