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Un joven en Tarragona cobra 7.000 euros menos que un veterano

La otra gran brecha salarial tiene que ver con la edad. La juventud sigue vapuleada por el mercado laboral y los desequilibrios son evidentes. La recuperación económica no llega a este colectivo
 

Raúl Cosano

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La recuperación laboral y económica no está llegando a los más jóvenes. Foto: Lluís Milián

La recuperación laboral y económica no está llegando a los más jóvenes. Foto: Lluís Milián

La salida de la crisis ha dejado tras de sí a un colectivo especialmente vulnerable: los jóvenes, que siguen padeciendo los estragos del desempleo, y que además sufren el lastre de los salarios bajos, la temporalidad y el trabajo parcial. He aquí la otra gran brecha del mercado laboral, la que va más allá del género (este jueves se celebra el Día por la Igualdad Salarial) y se ceba con la edad. Un joven de entre 26 y 35 años cobra en Tarragona, de media, unos 7.000 euros menos al año que una persona de entre 46 y 55 años. Si el joven gana 15.697 euros brutos, el adulto percibe 23.217, según los últimos datos de la provincia ofrecidos por la Agencia Tributaria. La diferencia es aún más amplia si se atiende a los que tienen de 56 a 65 y que cobran 24.696 euros brutos al año. 

Ni la recuperación económica ni la laboral están llegando a los jóvenes. «Es una mezcla de causas. Las empresas han tenido que reducir gastos fundamentalmente salariales. Mandas a la gente al paro, y eso significa confiar en los presupuestos generales. Por otra parte, se maquinizan procesos, se sustituyen empleados de baja cualificación y mucha antigüedad por trabajadores de alta cualificación», comenta el economista de la Cepta Rafael Muñoz, que recalca: «Se ha pasado de la producción como eje a la productividad. En ese paso se maquiniza. Se contrata a personas con altos conocimientos. En algunos sectores habrá un desempleo estructural del 20% y no bajará de ahí».

La corta duración de los contratos, los elevados índices de temporalidad, las reducciones de jornadas no deseadas o el exceso de horas extras, casi siempre de realización obligatoria, forman parte de esta radiografía creciente de la precariedad. Al otro lado, aquellas personas que han conseguido mantener su empleo a pesar de la recesión y que han mantenido pluses y antigüedad gozan de un status salarial elevado. 

«Hay mucha oferta y muy formada. No va a haber actividad de mano de obra barata y si la hay las empresas van a ir a buscar a la persona cualificada. Habrá más precariedad y sueldos más bajos. Aquel empleo de antes no va a volver. Es un cambio de paradigma»», zanja Rafael Muñoz.

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