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Un palomar en Tarragona con 'trampa'

El ayuntamiento prueba una nueva arma para controlar la plaga: un palomar en la Tabacalera en el que anidan y ponen huevos que nunca llegan a nacer porque son ´pinchados´ por un operario
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Vista interior del palomar. Tiene capacidad para cincuenta parejas, actualmente han anidado unas veinte.  Fotos: Pere Ferré

Vista interior del palomar. Tiene capacidad para cincuenta parejas, actualmente han anidado unas veinte. Fotos: Pere Ferré

Parece contradictorio, pero la última arma para luchar contra la plaga de palomas que afecta a la ciudad es, justamente, un palomar donde tienen comida y un lugar ‘confortable’ donde anidar. Eso sí, la historia tiene ‘trampa’, ya que de los huevos que ponen las aves aquí nunca nacen palomas. El motivo es que un operario se encarga de que no sean viables haciéndoles un agujero imperceptible. Las aves, ajenas a esto, siguen encubándolos y así se rompe el ciclo de reproducción.

Es el capítulo más reciente de una guerra a la que, a tenor del estado de algunas calles de la ciudad, todavía le quedan muchas batallas. Antes se probó con halcones, con jaulas-trampa que todavía funcionan y hasta se habló de ‘engañar’ a los animales con huevos de plástico; una idea que al final se descartó.

Más listas de lo que se sabe

El palomar se instaló a principios de año en la avenida Vidal i Barraquer, al lado de la Tabacalera, y ha servido para demostrar algo que ya se sabía, que ‘engañar’ a las palomas no es sencillo. Han tenido que pasar semanas hasta que se han atrevido a entrar y a anidar. Actualmente hay unas 20 parejas, aunque tiene capacidad para 50. La intención es que confundan el lugar con cualquier edificio abandonado.

Las palomas construyen los nidos con el material que ellas mismas llevan y cuando están fuera del palomar un operario se encarga de agujerear los huevos. Las palomas tardan días en darse cuenta de que han estado incubando en vano. Cuando lo notan, abandonan los huevos y algunas hasta los lanzan fuera del nido.

Los detalles los explica José Ramón Estrada, encargado de Sedesa, empresa contratada por el Ayuntamiento para el control de la población de palomas. Lleva más de 30 años en esta lucha y está convencido de que son más inteligentes de lo que se piensa. De hecho, cuenta, medio en broma medio en serio, que «cree que me conocen, porque siempre me cagan».

Con el palomar lo que se busca es romper el ciclo de reproducción de las aves. Se espera que cuando esté a pleno rendimiento dejen de nacer unos 600 animales al año. El año que viene se instalará otro más en una zona todavía por determinar.

JoanSanahujes, concejal de Neteja Pública, explica que este año se han puesto en marcha nuevas iniciativas para luchar contra la plaga que la ciudadanía deberá comenzar a notar de manera progresiva. Además asegura que han bajado las denuncias de los vecinos a este respecto. El presupuesto municipal, no obstante, se mantiene igual que el año pasado, en 74.847,58 euros.

Capturas masivas

Además del palomar, siguen funcionando 35 jaulas (5 más que el año pasado), que se encuentran instaladas en terrazas de la ciudad y que realizan el volumen más importante de las capturas.

El año pasado se capturaron 12.317 ejemplares, sin contar con las capturas del Port, que tiene su propia empresa. En 2015 se espera llegar a 15.000 entre capturas y animales que dejan de nacer.

Paralelamente, este año también se ha puesto en marcha un sistema de capturas masivas. Para ello se dedican a cebarlas durante semanas para conseguir que se acostumbren a ir a comer a un sitio específico y a la presencia de los operarios. Una vez están acostumbradas, se ‘dispara’ una red con la cual se pueden capturar entre 150 y 200 a la vez. Hasta ahora los puntos donde se han estado capturando con este sistema son la playa del Miracle, un puente en el camino del Nàstic y un párking y en la calle San Miquel.

Igual que con las palomas que se capturan en las jaulas, todas pasan por la revisión de un veterinario (alrededor de un 90% suelen estar enfermas). Eventualmente se encuentran algunas anilladas que son entregadas a la Guardia Civil. Las aves se sacrifican con gas y son incineradas posteriormente en un lugar especialmente habilitado en el cementerio para mascotas L’ultima llar, de Riudoms.

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