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Un plan para chicos que no estudian ni trabajan logra que el 35% consiga empleo

371 jóvenes pasaron por el Centre de Noves Oportunitats. Además de los que hallaron trabajo, el 32,6% terminó con éxito una formación

Norian Muñoz

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Una de las actividades finales del grupo en el Parc del Francolí. También se trabajó el uso del tiempo libre. FOTO: cedida

Una de las actividades finales del grupo en el Parc del Francolí. También se trabajó el uso del tiempo libre. FOTO: cedida

Jonathan tiene 20 años, dejó los estudios en 1º de Bachillerato, hizo un curso de hostelería, otro de inglés... Pero no encontró trabajo y cuando quiso darse cuenta ya formaba parte de esa estadística de un 23,2% de jóvenes españoles que no estudian ni trabajan según datos de la OCDE. 

Jonathan es uno de los 371 jóvenes de 14 poblaciones del Camp de Tarragona que participaron en el programa que desarrolló, desde enero hasta diciembre del año pasado, el Centre de Noves Oportunitats, CNO, Start de Tarragona, uno de los ocho que trabajaron en toda Catalunya.

Ahora cuenta que ha tenido varias entrevistas de trabajo y dice, sin ocultar su orgullo, que tiene un currículum «mucho más guapo». Durante el programa obtuvo un certificado profesional de nivel 2, también en hostelería, y sigue formándose. Pero, sobre todo, cuenta que ha encontrado un camino: «Cuando llegué no sabía por dónde ir, estaba solo... Aquí sabías que ibas a contar con alguien que te ayudara si las cosas no iban bien». Además, relata que está muy agradecido de los compañeros que se encontró en el programa porque estaba un poco aislado socialmente.

Tener a alguien al lado

En esta iniciativa, gratuita para los participantes, que llevaron a cabo las fundaciones Intermedia y Formació i Treball con la financiación de la Generalitat y la Unión Europea, se entrevistó a 695 jóvenes. De ellos hubo 503 inscritos que pasaron por una primera orientación. Finalmente 371 entraron en el programa. Se trataba, en todos los casos, de jóvenes de 16 a 24 años en situación de vulnerabilidad. De hecho, el 78% había abandonado prematuramente los estudios y un 60% hacía más de tres meses que se encontraba fuera del circuito educativo y laboral.

Explica Azahara González, directora del centro, que aunque el objetivo final era que los jóvenes consiguieran trabajo o se reengancharan a los estudios, se hacía mucho hincapié en que descubrieran lo que realmente querían hacer y cuál era el camino para conseguirlo. «Después de las visitas a las empresas muchos venían viendo por ellos mismos que tenían que formarse para poder hacer lo que les gustaba. Se trataba de empoderarlos».

Todos tenían un tutor que les asesoraba y les acompañaba a lo largo del proceso

En el programa desarrollaron ocho itinerarios formativos profesionales en base a los intereses de los jóvenes: comercio y marketing, agrario, industria alimentaria, logística comercial, servicios socioculturales y a la comunidad, transporte y mantenimiento de vehículos, hostelería y turismo e imagen profesional. 

En conjunto llevaron a cabo 12 formaciones a medida y tres certificados de profesionalidad, entre otros. Además, facilitaron el acceso a los jóvenes que requerían formarse en otros centros o entidades, y 117 recibieron acompañamiento y formación para sacarse el carnet de conducir. 

En total, un 32,6% terminó con éxito una formación, aunque Maria Punsoda, coordinadora pedagógica, señala que la cifra será más alta, porque aquí no se cuenta a los 70 que decidieron volver a cursar la ESO o han comenzado a estudiar un ciclo de FP.

En todos los casos, una de las claves era el seguimiento personal, puesto que cada participante tenía un tutor que les asesoraba personalmente: «Eso fue clave sabiendo que muchos venían de historias de fracaso».

Ocho de cada diez  habían abandonado prematuramente los estudios

Además de la educación formal, se hizo mucho énfasis en la salud, el uso del tiempo libre, las relaciones interpersonales (surgieron grandes amistades), aprender a moverse en el territorio y la participación en la comunidad. De hecho, 225 jóvenes participaron en acciones para conocer entidades de voluntariado y participación ciudadana en 15 asociaciones del Camp de Tarragona. 

Punsoda recuerda lo impresionados que llegaron, por ejemplo, de visitas a centros de personas con discapacidad severa. «Era tener delante a alguien que era más vulnerable que ellos y ver cómo esas personas hacían todo para superarse», relata. 

Por fin, empleo

El otro gran hito del programa fue que 152 jóvenes, el 35%, consiguieran un empleo a lo largo del itinerario. También se detectó que otros 38, el 10%, comenzó a trabajar en la economía informal, «un factor más de vulnerabilidad de estos jóvenes».

Acabado el programa se está a la espera de que se abra una nueva convocatoria. Azahara González comenta que, aunque queda mucho por hacer, el equipo quedó contento. Todavía los chicos les llaman o se pasan para contarles cómo les están yendo las cosas aunque ya caminan solos.

«Queda mucho camino, pero quitamos etiquetas y conseguimos que estos jóvenes, que venían con una mochila muy negativa, se llevaran una más positiva, conociéndose mejor, descubriendo sus posibilidades y siendo realistas», resume.

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