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Un quiosco, tres generaciones

Medio siglo. El quiosco de la Plaza Imperial Tarraco acaba de cumplir 50 años en las manos entusiastas de mismo clan familiar
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Julio Dueñas (centro) y su hijo Javier (derecha), junto a uno de los trabajadores del quisoco. FOTO: Lluís Milián

Julio Dueñas (centro) y su hijo Javier (derecha), junto a uno de los trabajadores del quisoco. FOTO: Lluís Milián

«Cuando hace cincuenta años mis padres empezaron con el negocio, aquí había solo La Salle y el quiosco», relata con una sonrisa nostálgica Julio Dueñas. Aquí, en la Plaza Imperial Tarraco, en diciembre de 1967 arrancaba este comercio al que los tarraconenses muestran un cariño especial. Y con toda razón, teniendo en cuenta que, además de un punto de venta, es también centro de información sobre las curiosidades y los lugares de interés turístico, algo con lo que está de acuerdo el representante de la tercera generación del comercio, Javier Dueñas, de 34 años, licenciado en Arquitectura Técnica. Él heredó el quiosco de su madre en el 2014 y ahora trabaja junto con otros dos compañeros.       

En los años sesenta los padres de Julio Dueñas, originarios de Madrid, decidieron pedir al Ayuntamiento de Tarragona el permiso para lanzar la venta de revistas y periódicos. Por aquel entonces, recuerda, «el quiosco quedaba en las afueras de la ciudad», donde solo había campos. 

Con apenas quince años este hombre, ahora jubilado, comprendía la importancia de aportar su grano de arena ayudando a sus padres. Al finalizar su formación profesional y al casarse, hace más de veinte años dejó el quiosco en manos de su mujer Ángeles, proveniente de Almería, quien sentía un gran interés y cariño por esta faceta. «Me gustaba el trato con la gente», confiesa, aunque «el trabajo ha sido duro en todos estos años»

Los únicos días de descanso que se permitía coger eran: el 26 de diciembre, el primero de enero y el Viernes Santo. «Se hacen muchas horas de pie, desde las 5:45 hasta las 20:30h», en invierno «con chaqueta y aire caliente puesto», pero la recompensa viene por parte de las gentes a quienes no consideran simplemente como clientes, sino como «amigos y compañeros de vivencias de los problemas cotidianos».

La familia nunca se ha planteado cambiar de empleo. Tienen mucha confianza en su hijo Javier, quien reconoce el placer de encontrar alguna foto del primer quisco. La verdad es que al haber fallecido su abuelo, y que su abuela pronto cumplirá 96 años, no ha tenido la oportunidad de conseguir imágenes antiguas.

De la memoria familiar aparecen los recuerdos de los dos quioscos que antes se hallaban aquí: el primero duró quince años, y el segundo se lo trajeron en barco desde Mallorca. El que está actualmente en la Plaza Imperial Tarraco está fabricado en Asturias, y es «un modelo moderno después del prefabricado y hecho de chapas», el que había anteriormente. «Se llama Tarraco porque nos lo hicieron especialmente para nosotros», expone Julio, cuyo hijo se muestra orgulloso de pertenecer a unos «pioneros en la difusión de la prensa», como él dice. 

Abundan las anécdotas. «Otro día, un hombre que iba a una boda me pidió que le hiciera el nudo de la corbata». Aparte de estas ocurrencias, confirman ser «el punto de información» en la ciudad, ya que los transeúntes a menudo se paran para preguntarles sobre la zona. Resulta que la cabina de información que existía sobraba, ya que las preguntas siempre se las dirigían al quiosco.

A pesar de que cada vez es más difícil sobrevivir de la venta de periódicos, opinan que esto es una forma noble de cultivar la pasión hacia la lectura, porque si «en internet te lees el título, aquí tienes el trato humano y la proximidad a las personas». 

A la pregunta de qué tipo de textos se buscan, contestan que entre los de más interés se encuentran las revistas semanales y los diarios de actualidad. En la temporada alta de turismo, los extranjeros disfrutan de periódicos en lenguas originales: francés, italiano, inglés, alemán, holandés, ruso e incluso búlgaro. Han tenido como clientes a varios artistas famosos, pero lo que más les llena son las conversaciones amistosas con los compradores de toda la vida. El hecho de que los niños de antes, ahora ya mayores, vengan a comprar llevando de la mano a sus nietos para que elijan revistas de cómics le hace sentir mucho orgullo a este clan de quiosqueros tarraconenses.

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