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Un robot consigue disminuir la presencia de cucarachas en TGN

Los avisos de presencia de plagas en la ciudad han ido a la baja en los últimos tres años. Buena parte del mérito se lo lleva un robot que pinta las alcantarillas con pintura insecticida

Norián Muñoz

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Este es el robot que se introduce en las cañerías. En la parte delantera tiene el cabezal que dispara pintura y, tapada con un plástico, la cámara.  FOTO: Pere Ferré

Este es el robot que se introduce en las cañerías. En la parte delantera tiene el cabezal que dispara pintura y, tapada con un plástico, la cámara. FOTO: Pere Ferré

El tráfico está cortado y, justo en medio de la calzada, un grupo de operarios enfundados en monos blancos, con guantes y máscaras, manipulan lo que resulta ser un robot. La escena, aunque cueste imaginarlo, en realidad corresponde a la última innovación para controlar la presencia de la cucarachas.

La imagen tiene lugar en la calle Baró de les quatre torres y corresponde a una de las 40.000 acciones que realiza la empresa Ematsa para controlar las plagas, especialmente cucarachas y ratas, en el alcantarillado público de la ciudad. Estos días la actividad es insesante puesto que julio es el mes por excelencia de más plagas de todo el año.

Justo el mes pasado la Associació d’Empreses de Control de Plagues de Catalunya, ADEPAP alertaba de que las lluvias de la primavera y el calor posterior hacían presagiar un verano de gran proliferación de cucarachas.

No obstante, las llamadas de ciudadanos alertando de la presencia de plagas ha ido a la baja en los últimos tres años en Tarragona. Si entre junio y septiembre del año 2016 se registraron 462 llamadas, el año pasado en el mismo período fueron 360. En lo que va de este verano hubo 87 llamadas en junio (134 el mismo mes el año pasado) y hasta el 25 de julio, el mes tradicionalmente más complicado, hubo 90 llamadas (127 el año pasado).

Explica Daniel Milan, director-gerente de Ematsa, que por fin se está viendo el resultado del trabajo que se ha comenzado a centrar en la prevención y no sólo en aplicar correctivos cuando los vecinos ven los insectos.

De todas maneras aclara que los avisos de los vecinos cuando ven cucarachas o ratas en la calle son muy importantes y no son vistos sólo como una queja «es información valiosa para nosotros», explica. Justo por ello tienen en marcha un teléfono que atiende las 24 horas de lunes a domingo (Tlf. 900 203 329).

Una vez que se recibe el aviso se envía un equipo a hacer una verificación y, si se confirma la presencia de plagas es en el alcantarillado, se pasa a la acción. Si no fuera el caso, se pasa información a los servicios municipales que correspondan. Todos los detalles de los avisos y los trabajos que se están haciendo se cruzan y quedan a la vista en un enorme mapa en tiempo real en el centro de control de la empresa. 

El robot que ‘escupe’ pintura

El primer paso suele ser una primera limpieza del alcantarillado de la zona afectada. Posteriormente se procede a pintar el interior de pozos, imbornales y cañerías con una pintura insecticida.

Se trata de una pintura con un recubrimiento biopolímero que lleva en suspensión microcápsulas insecticidas, acaricidas e inhibidoras del crecimiento.

Esta tecnología permite que los animales se impregnen del insecticida cuando se rompen las microcápsulas al contacto con la superficie pintada. Además las microesferas siguen activas de 3 a 6 meses con lo que el insecticida sigue actuando de manera residual explica Jose Molina Responsable de la Divisió d’Enginyeria Projectes i Innovació i Unitat d’Aigua i Clavegueram.

Y aquí viene una de las grandes novedades del sistema, cómo se aplica la pintura. En los colectores más grandes (la minoría) los operadores, con equipo especial de respiración autónoma, bajan a pintar la zona.

No obstante en los colectores más estrechos que son la mayoría en la ciudad, el trabajo lo hace el robot que vemos en acción.Los movimientos del aparato se controlan con dos mandos, como si se tratara de un coche teledirigido, y sus movimientos se van siguiendo a través de una cámara que tiene integrada. 

El robot tiene acoplado en un extremo un dispersor que va haciendo círculos de pintura en las paredes del colector, un sitio hasta donde hace dos años no se podía llegar. «Finalmente podemos llegar a todos los puntos del alcantarillado», explica Molina.

En otros casos, según las peculiaridades de la zona, lo que se hace es introducir una pistola, que también tiene un dispersor, para aplicar la pintura.

Milan señala que el sistema tiene otra ventaja y es que permite cumplir con la exigente normativa medioambiental europea puesto que recuerda que las aguas residuales, después de pasar por las depuradoras, vuelven otra vez a ríos y mares.

En verano hay entre 7 y 8 personas dedicadas casi en exclusiva al control de plagas. El sitio donde trabajan cada día se puede seguir en la web de Ematsa.

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