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Una alianza de conveniencia

Análisis. Bienvenido sea que, tras todos estos años de indiferencia y zozobra colectiva, se den unos primeros pasos para levantar la mirada y centrar el foco en el ámbito metropolitano

Núria Riu

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El alcalde Josep Fèlix Ballesteros aseguraba en la entrevista, junto al reusense Carles Pellicer, que el pacto de territorio en materia de infraestructuras llega tras escuchar la petición de «señores políticos: póngase de acuerdo y tomen la iniciativa».

La conversación con Ballesteros y Pellicer me recordó a un episodio que dice mucho de la situación en la que nos encontramos. No recuerdo con exactitud la fecha, la sitúo alrededor de mayo de 2013, cuando una delegación del Ayuntamiento de Tarragona se desplazó al Paseo de la Castellana número 67, sede del Ministerio de Fomento, para hablar con la titular del momento –la actual presidenta del Congreso, Ana Pastor–. El objetivo del encuentro era hablar sobre la provisionalidad del tercer carril y que se incluyeran en el proyecto un conjunto de compensaciones para la ciudad ya que esto suponía rechazar temporalmente la posibilidad de impulsar la fachada marítima. Es el caso de las obras de construcción de una pasarela para llegar a la playa del Miracle, que finalmente asumió el Port de Tarragona, y gracias a ello ya está a punto de ser una realidad.

Volviendo a este lejano episodio en Madrid, horas más tarde también se supo que Pastor no tan solo se había reunido con Ballesteros aquella mañana, sino que la ministra también había recibido en su despacho al alcalde de Reus, Carles Pellicer, y a su teniente de alcalde de aquellos momentos, Alicia Alegret (PP). En este caso, se abordó la conexión de Reus con la alta velocidad, haciendo llegar el tercer carril a la capital del Baix Camp. Siempre me he imaginado el hartón de reír que debió hacerse la ministra con su secretario de Estado, Manuel Niño, viendo semejante espectáculo. 

Dos alcaldes, de dos ciudades a 15 kilómetros de distancia, que se desplazaron a Madrid para hablar de las afectaciones en sus municipios del mismo proyecto, el tercer carril. Tanto se rió Pastor que, tras darles un golpecito a la espalda, se olvidó de Pellicer y Ballesteros, guardó sus reivindicaciones en un cajón y ni tercer carril, ni pasarela urbana ni trenes de altas prestaciones en las estaciones urbanas de Tarragona y Reus. 
El doble ancho de vía, que debía ser una realidad en diciembre de 2015, aún es un PowerPoint –como le gustaba decir a la ministra–. Han pasado casi tres años y siguen habiendo los mismos retos y una amenaza creciente, ya que estamos a punto de convertirnos en el territorio más partido por sus infraestructuras y las peores conexiones de España.

A los alcaldes no les queda más remedio que unirse

Es necesario recordar este episodio tan vergonzoso para darse cuenta de que Tarragona, en los mapas del Paseo de la Castellana, no pinta nada. A Reus tampoco la conocen. Y no debemos olvidar el caso que le han hecho al salouense, Pere Granados, que le han repetido por activa y por pasiva que le construirían una estación nueva en PortAventura y podremos ver como al final tendrán que poner una carpa en el exterior para que se resguarden los viajeros.

Que los alcaldes lo envuelvan como quieran. Esto es una alianza de conveniencia entre cinco ciudades que pueden pagar caro haber ido siempre de forma independiente, y que ahora no les queda más remedio que unirse. No obstante, bienvenido sea que, tras todos estos años de indiferencia y zozobra colectiva, se den unos primeros pasos que muestran la voluntad de levantar la mirada y poner el foco en una visión metropolitana. Las conexiones ferroviarias y la necesidad de mejorar la movilidad en transporte público son tan solo algunos de los grandes retos. Seguro que en los próximos meses aparecerán otras propuestas y contrapropuestas, por lo que será más importante que nunca la política en mayúsculas para sumar complicidades y evadirse del ruido. Falta gente. No puede ser una foto finish, ni un documento inalterable. Seguro que con el tiempo puede ir evolucionando, pero dependerá de la voluntad de estos cinco alcaldes y de su capacidad de hacer política en mayúsculas, que episodios como el de mayo de 2013 queden en el cajón.

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