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Una casa improvisada en los porches de la Plaça dels Carros

La Guàrdia Urbana se personó en el lugar el jueves y les avisó de que debían marcharse antes de empezar la semana

Carla Pomerol

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Miguel asegura que vigila que nadie robe nada.

Miguel asegura que vigila que nadie robe nada.

Un comedor y un dormitorio improvisados en la Plaça dels Carros. Este es el escenario que se puede ver en uno de los laterales de la plaza, debajo de los porches. Desde hace aproximadamente un año, algunos indigentes se han afincado en este punto de la ciudad. Hay colchones, mantas, mesitas de noche, sillas, sofás y butacas. En alguna ocasión, también una televisión. No tienen dónde ir y deciden resguardarse en ese rincón. Pero los vecinos empiezan a estar preocupados por la situación. «Por un lado, crean inseguridad, porque algunos de ellos increpan a los niños de la plaza. Por otro lado, estamos preocupados. Nos gustaría que los servicios sociales hicieran algo por ellos», asegura Lucía Vargas, una vecina del Barri del Port. 

Indigents Plaça dels Carros
Normalmente, en el lugar viven tres personas.

Esta es la historia de Maria y Santos, que viven en los porches de la Plaça dels Carros. Por su lado, Miguel, que también pasa la mayor parte del día y de la noche en el lugar, asegura que «yo no vivo aquí. Pero les hago compañía y por la noche vigilo que no les roben nada. Hago guardia». Maria y Santos, de unos 60 años, viven en la calle y duermen sobre un colchón que se han encontrado en un contenedor. El colchón está soportado por cajas de cartón y de porexpan. Al lado de cada cama hay carritos y mochilas llenas de las pertenencias de los sintecho. 

Los indigentes piden un lugar donde poder dormir. Maria no quiere ir al albergue. «Tengo que subir escaleras y no me encuentro bien», asegura. Cuando hay fiestas, los indigentes aseguran que «nos echan de aquí. Nos hacen ir a dormir a la plaza de la Font, al lado de la calle Rebolledo», asegura Santos. 

Indigents Plaça dels Carros
Los colchones se los encontraron en la calle.

El pasado jueves, la Guàrdia Urbana se personó en los porches y avisó a los inquilinos de que debían irse del lugar. Les dieron un ultimátum. Maria y Santos no saben dónde ir y Miguel, el que vigila por la noche, asegura que abrirá un edificio abandonado. Desde la Associació de Veïns del Barri del Port aseguran que la situación es preocupante, ya que «en los últimos meses se ha incrementado el número de indigentes en la zona», asegura Rosa Puig, presidenta de la entidad.

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