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Una fiesta para encontrar a la nuera perfecta

Tarraco a Taula permite viajar al pasado con platos inspirados en las mejores recetas de celebraciones 

Agnès Llorens

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La tercera edición del

La tercera edición del "Convivum" se celebró en el Seminari de Tarragona. Foto: Alfredo González

Publius Aelius Philomenus es un hombre afortunado dentro del entramado de la sociedad de la antigua Tarraco. A su cómoda posición como edil, hay que sumarle la del buen estatus en el que, ya de entrada, le sitúa su linaje familiar, ligado al entorno del emperador Adriano.

Muchos quisieran estar en la posición social que ocupa, que se completa con un fructífero matrimonio con Claudia Aelia –su prima– que, además, cuenta con la  descendencia asegurada en la figura de su hijo varón, Caius Secundus, quien se encuentra ya en edad de merecer, según las crónicas de la época. 

Hay, pues, que procurarle pareja. Por este motivo, el dominus de la casa invita a personas de su selecto entorno a una cena formal en la que se presentarán miembros importantes de la sociedad de Tarraco para presentar posibles candidatas al título de nuera, tan importante para perpetuar su familia.

En este encuentro se dan cita eruditos y ricos comerciantes, amigos personales de Publius y Claudia, posibles candidatas a ingresar en la familia con sus parientes y también otros personajes a los que nadie ha invitado, como borrachos o prostitutas que corren por los pasillos, mientras los miembros de la alta sociedad degustan los mejores manjares que les ofrecen tan pudiente familia y sus sirvientes. 

Este es el contexto en el que se se desarrolló la tercera edición del Convivium, la fiesta de inauguración de las propuestas de este año de Tarraco a Taula, la propuesta gastronómica de Tarraco Viva, que se celebró en el Seminari de Tarragona y que, en esta edición, contó con la colaboración inestimable de los restaurantes Llagut, Cócvla, La Xarxa, Àpats Quattros i Ares i la pastisseria Velvet MGL, la panadería Jordi Andreu Generació, la cerveza Rosita y las bodegas 9+, Frisach, Carlania y Orto Vins.

Pocos días antes de la inauguración oficial de la edición de 2018 del festival Tarraco Viva, que se celebrará del 13 al 27 de mayo, unos cuantos invitados pudieron disfrutar de este ágape, que contó con la inestimable colaboración del grupo de reconstrucción Thaleia, que sazonaron con la dosis justa de humor y rigor histórico este entremés del festival, en una noche de luna llena que fue un auténtico festejo para el paladar de los asistentes. 

De hecho, la situación en la que nos ubicaron en la cita del Seminari tiene, como no podía ser de otra manera, una base histórica, ya que el banquete o convivium era una ocasión especial para reunirse y celebrar festividades y acontecimientos públicos o privados. Solía comenzar después de los baños.

Primero se hacía la cena y después se celebraba la comissatio, tiempo en el que se disfrutaba de la tertulia y la diversión mientras se bebía toda clase de vinos selectos. 

«De hecho, en muchas ocasiones primero se comía y, posteriormente, se daba cuenta de las bebidas», explicaba el catedrático de Arqueologia de la Universitat Rovira i Virgili (URV) al principio del acto, cuando desveló algunos detalles a tener en cuenta por lo que respeta a las normas de educación en la mesa en la antigua Tarraco.

A saber, lo correcto era que, en actos como el convivium, los  invitados se acomodaran en los triclinios del comedor y los esclavos  se encargaran de mantener la higiene de sus señores, limpiándoles con un pañuelo entre comida y comida, lo que ha derivado en el uso de la servilleta. En este caso, todos comimos sentados, pero con una digestión de primera y muchas ganas de más. 

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