Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Una joya que pierde su brillo por falta de uso en Tarragona

El Banco de España en Tarragona. El edificio que albergó la entidad en la ciudad desde 1929 hasta el 2003 es un símbolo que no debería ser olvidado en el tiempo

Ian Cabús

Whatsapp
Fotografía de la Rambla 14 de abril, la Cámara de Comercio y el Banco de España en el año 1933. FOTO: Josep Angela/DT

Fotografía de la Rambla 14 de abril, la Cámara de Comercio y el Banco de España en el año 1933. FOTO: Josep Angela/DT

Una joya que está perdiendo su brillo. Así es el edificio del Banco de España, aún sin uso en plena Rambla Nova. Merece la pena conocer un poco de su historia para aprender a valorarlo.

Una vez desaparecido el Banco de Tarragona, debido en parte del dictamen del ministro de Fomento y Hacienda José Echegaray poniendo fin a la emisión privilegiada de los bancos de la provincia, el Banco de España se instaló en la ciudad en 1878, en una casa alquilada a Joaquín Rius como comisionado del Banco en Tarragona (en la calle Smith nº. 6, con fachada lateral a la de La Misericordia).

Después de casi una década en la misma ubicación se firma el contrato de arrendamiento de otra casa, propiedad de Dolores Escofet y Netto, en la calle Apodaca nº. 3, donde la sucursal se traslada una vez que finalizan las obras de adaptación. Para acabar en la rambla de San Juan (Rambla Nova en la actualidad) en 1929.

En esos momentos, la provincia de Tarragona tenía una población de unos 66.000 habitantes, la tercera parte de los cuales residía en la ciudad tarraconense. Las principales fuentes económicas eran el sector textil, gracias a empresas como la Industria Tarraconense, con 53 operarios (44 de los cuales niños) y otras; el sector comercial, gracias a la inauguración de la línea férrea entre Reus-Tarragona en 1856 y la ampliación y potenciación del puerto tarraconense; y las finanzas, debido a la concentración empresarial. 

El proyecto para la Sucursal del Banco de España en Tarragona se presentó en la capital española en junio de 1927, tras la compra de un solar a varios propietarios. El edificio se empezó a construir en febrero del 1928 y se terminó unos 500 días más tarde. En su construcción participaron empresas de la ciudad. Se encargó la calefacción y la madera a Lluís Clandet; la cerrajería artística, a los señores Ruiz, Pargeras y Almenar, y la obra de piedra, al señor Pellicer. Presenta 90 ventanas y ventanales –los más grandes, con rejas– y 3 grandes portadas de hierro. Su estilo neoclásico le da ese aire de severidad que se quería conseguir y su construcción refleja el crecimiento comercial de la ciudad de Tarragona. 

El 24 de septiembre de 1929 se inauguró el edificio con el recibimiento de las autoridades, fue bendecido y al terminar se realizó un banquete en el Hotel Europa (edificio situado en la esquina de la Rambla Nova con la calle Unió construido en el siglo XIX y convirtiéndose en una referencia hasta que fue comprado por Banca Catalana en 1973 y derruido para la construcción de un bloque de viviendas).

Una joya arquitectónica 

El edificio proyectado por los arquitectos José Yárnoz Larrosa junto Juan de Zavala Lafora es de estilo academista - neoclásico.  Los edificios son simétricos, con grandes entradas y escalinatas y espacios más utilitarios, referencias a una síntesis de los estilos historicistas siguiendo los requisitos y planos diseñados, gran profusión de detalles arquitectónicos como las balaustradas, guirnaldas… Y en cuanto a sus materiales, utiliza las innovaciones de la época, como el acero, pero manteniendo ese espíritu clásico en el uso de mármol y las vidrieras. 

Este edificio tiene una superficie cercana a los 3.000 metros cuadrados que cuenta con cuatro plantas: dos plantas en altura con azotea, la planta baja noble y una planta subterránea. La fachada del edificio es completamente simétrica y se observan seis columnas de estilo jónico con piedra ‘llisós’ y el resto de piedra de la Floresta.

En la planta baja, tanto las puertas como ventanales tienen arcos de medio punto. En la parte superior de la fachada se observa un friso con el nombre de la entidad y una cornisa con escudo en el centro de la misma. Con una altura de la fachada de 16,60 m hasta la parte alta de esta más 1,20 m de una barana. 

Cuando alguien accedía al edificio por la gran portada, se encontraba unas escaleras de mármol blanco delante que daban paso al Hall del público. El suelo de éste estaba realizado con mármol beige y negro brillante. En la parte superior hay una claraboya rectangular con una vidriera de colores amarillos que conjuga con los detalles dorados y amarillos de las paredes y la presencia de madera oscura con un toque rojizo con los grandes cristales de las oficinas aportando ese efecto de poder e institucional.

En las zonas no visibles para el público, la arquitectura cambia por una más sobria y con materiales más utilitarios, como es el caso del parquee para el suelo y la falta de detalles relevantes pero, por encima, prevalece el sentido utilitario del espacio.

El edificio se cerró en 2003, dejando una larga incógnita que lo llevó al abandono hasta que en 2010 se confirmó la compra del edificio por el Ayuntamiento de Tarragona y tras múltiples propuestas fallidas de distintas instituciones y conflictos, se espera que en 2023 se convierta en un centro para la divulgación científica después de ser utilizado para actos puntuales.

Temas

Comentarios

Lea También