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Una pachanga y kikos para olvidar la política por un rato

Josep Fèlix Ballesteros lideró a sus compañeros de lista del PSC en un partido de baloncesto contra periodistas en el pabellón de El Serrallo

Javier Díaz

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Foto de familia de los dos equipos antes del inicio del encuentro.  FOTO: Pere Ferré

Foto de familia de los dos equipos antes del inicio del encuentro. FOTO: Pere Ferré

Pensaba titular la crónica Ballesteros la sabe meter, la pelota digo, pero la verdad es que estuvo más impreciso en la cancha que una escopeta de feria. El alcalde de Tarragona cerró la campaña en pantalones cortos, jugando una pachanga de baloncesto en el pabellón de El Serrallo que tuvo más de comedia que de deporte. Los integrantes de la lista del PSC para las municipales se enfrentaron a un equipo formado por periodistas locales, y una cosa quedó clara: más de uno y más de dos no habían tocado un balón en su vida. El presidente del Senado, Manuel Cruz, que estaba de tournée en Tarragona para apoyar la candidatura socialista, vio los primeros minutos desde la grada y se debió quedar a cuadros. Pero lo importante ayer no era meterla, sino pasarlo bien. Y cachondeo no faltó.

Lo dicho, Josep Fèlix Ballesteros no está para titular en el CBT. Se ofreció y se atrevió a jugarse algún uno contra uno, maneras tiene, pero ya desde el principio se le veía con más pinta de jugador de tenis que de encestador. Sus cifras fueron de suplentón: uno de seis en lanzamientos de dos. Y eso que sus compañeros jugaban para él y que a algún rival solo le faltó ponerle una alfombra roja y levantarle para que machacara. A la sexta fue la vencida y el alcalde metió una de debajo del aro. La bancada socialista, que tenía montada una buena juerga, se vino arriba: «¡A por ellos!, ¡a por ellos!».
El partido se disputó en una sola canasta, en formato 3x3. Menos tuvimos que correr. El PSC iba uniformado con una camiseta roja y una caricatura de Ballesteros estampada. Cada uno llevaba en la espalda el número que ocupa en la lista. Corporativismo a tope. Manuel López Pasca ejerció de entrenador pizarra en mano y hasta hubo cheerleaders con pompones. Eso sí, a algún despistado se le olvidó que iba a hacer deporte y salió a la cancha con pantalones vaqueros y zapatos. Como quien va a echar la tarde al bar.

En figuración la victoria fue para los políticos, de eso no hay duda, pero el juego lo pusimos los periodistas. Nadie llevó el recuento ni hubo árbitro, pero yo barro para casa. Pongamos que los juntaletras ganamos de tres gracias al triple que cascó mi compañero Juanfran Moreno. No nos dejamos amedrantar por los cánticos socialistas de «este partido lo vamos a ganar». Vale, quizá ganaron ellos, pero jugaban con ventaja: tenían a Berni Álvarez en sus filas, un tipo que es capaz de meter 30 puntos sin moverse. Ni sudó. Menuda muñeca tiene el entrenador del CBT. Es un gustazo compartir pista con un exjugador de la ACB. Y ojo con Sandra Ramos, la gran revelación del encuentro. Clavó un par de tiros de nivel. MVP.

Faltón del alcalde

Por cierto, a Ballesteros le vino bien que no hubiera árbitro: se libró de una antideportiva clarísima al agarrar descaradamente a Octavi Saumell cuando encaraba el aro. Fue la única falta de un choque en el que hubo muy buen rollo, quizá porque se habló de todo menos de política. La única proclama que se escuchó fue «este domingo vamos a ganar», en otro subidón de euforia del PSC tras una canasta.
La pachanga acabó como acaban casi todas las pachangas, junto a una barra de bar (en el mismo pabellón) y con un revuelto de kikos y panchitos. Y digo casi porque en vez de cerveza, solo hubo refrescos, zumo y agua. 

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