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Una tarraconense reclama que le dejen subir al autobús con su scooter

Tiene una discapacidad y señala que en Reus sí le permiten ir en el bus urbano. La EMT alega motivos de seguridad y está preparando un reglamento para estos dispositivos

Norián Muñoz

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Maika lleva un año batallando para que se le permita viajar con su scooter para discapacitados. FOTO: N. Muñoz

Maika lleva un año batallando para que se le permita viajar con su scooter para discapacitados. FOTO: N. Muñoz

Maika lleva un año batallando para que la dejen subir con su scooter para personas con discapacidad en los autobuses de la EMT. Tiene Parkinson y necesita el dispositivo para moverse. «No es una moda o que me apetezca», dice. 

En su opinión, «no tiene lógica que en los autobuses Plana (interurbanos) y en los municipales de Reus sí me permitan viajar». Defiende que su scooter, de modelo S19, apenas pesa 27 kilogramos y ocupa más o menos lo mismo que una silla de ruedas eléctrica. En vista de lo que considera es una discriminación, empezó su lucha en diferentes departamentos del Ayuntamiento de Tarragona. Precisamente en febrero el Área de Polítiques d’Igualtat le dio la razón y abrió un expediente en el que requería a la EMT que adoptara las medidas necesarias para garantizar «el acceso universal a los autobuses urbanos».

También presentó diversos escritos ante el Síndic de Greuges. Este pidió información a los servicios municipales, pero no apreció irregularidad en el hecho de que no se le permitiera el acceso debido a que «la regulación no establece una previsión especial para este tipo de dispositivos y, de acuerdo con los informes emitidos hasta el momento, no se puede garantizar la seguridad del usuario ni del resto del pasaje». Maika asegura entonces que lo que quiere es que se haga un nuevo reglamento.

La EMT está trabajando

Consultados al respecto, desde la EMT, su gerente, Néstor Cañete, explica que actualmente los técnicos de la empresa han comenzado a trabajar conjuntamente con los de Serveis a la Persona para elaborar un protocolo que les permita discriminar qué tipo de dispositivos para personas con discapacidad pueden viajar y cuáles no en los autobuses urbanos.

Apunta Cañete que, además de subir al autobús, hay que poder garantizar que los dispositivos se puedan sujetar correctamente y actualmente el sistema sólo está diseñado y probado para sillas de ruedas. Señala que, hasta que la seguridad no esté probada, no podrán subir, algo que se sabrá cuando se elabore el protocolo.

Conflicto creciente

Pero el problema de cómo discriminar qué vehículos pueden equipararse a las sillas de ruedas para subir al autobús no es exclusivo de Tarragona y, a falta de una legislación estatal, cada municipio lo ha resuelto a su manera. De hecho, Barcelona comenzó un proyecto piloto en una línea que arrancó en junio del año pasado y que durará un año. El Síndic de Greuges, por su parte, apunta que ha recibido más quejas de este tipo.

Fuera de Catalunya, en Gijón, por ejemplo, a principios de año, tras la queja de una usuaria con discapacidad que iba en scooter, lo que hicieron fue hacer pruebas con la misma usuaria hasta determinar que su vehículo podía subir con seguridad. Ahora ya puede usar el servicio.

En Benalmádena (Málaga) aprobaron, también a principios de año, un protocolo. Allí la persona usuaria debe llevar un carnet que acredite su grado de discapacidad. Los dispositivos no pueden superar los 1,30 metros de longitud y los 250 kilogramos de peso. En Alicante decidieron que para poder acceder con el scooter se debe contar con una acreditación y el peso del conjunto scooter-persona usuaria debe ser inferior a 300kg. Deben caber, además, en el espacio reservado a las personas con movilidad reducida.

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