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Una víctima del presunto asesino de TGN: "Avisé que terminaría haciendo daño a alguien"

Los vecinos denuncian más casos

Norián Muñoz

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En este bar de la calle Castellers sucedió otro robo hace quince días, esta vez, afortunadamente, cuando no había nadie. Foto:  pere ferré

En este bar de la calle Castellers sucedió otro robo hace quince días, esta vez, afortunadamente, cuando no había nadie. Foto: pere ferré

Estoy segura de que es él. He pasado unos días muy nerviosa pensando que seguía suelto y cuando vi lo que sucedió he pensado: ‘podía haberme tocado a mí’». Quien así habla es una mujer que regenta un bar a pocas calles de donde el jueves fue asesinada Blanca Tàrrega. Ella fue víctima el domingo pasado de un robo violento en su local y está convencida de que su agresor, cuya foto ha visto en el Diari, es el presunto asesino de la psicóloga.

Los hechos sucedieron el domingo pasado hacia las tres y media de la tarde, cuando ella y su marido se disponían a marcharse a casa. Mientras él estaba en el baño, el ladrón la sorprendió en la cocina del bar pasándole un brazo por el cuello. «Sentía que me ahogaba, hasta que conseguí que me soltara diciéndole que si no no podía darle el dinero. En la otra mano tenía un destornillador de dos palmos. Me dijo que si no le daba la caja me lo clavaba», relata.

El hombre se metió el dinero en los bolsillos y cuando el marido fue en auxilio de la mujer intentó clavarle el destornillador al menos en dos oportunidades. El hombre, que tiene nociones de defensa personal, consiguió que todo quedara en unos rasguños en el abdomen. El ladrón salió huyendo por encima de la barra. «Cuando puse la denuncia ya les dije que, más que el dinero que podía haber en la caja, me preocupaba que era tremendamente violento, que terminaría haciendo daño a alguien». La pareja prefiere no dar sus nombres. «No sabes cuándo va a estar en la calle».

Posteriormente se supo que el presunto homicida tenía diversos antecedentes por robos violentos. La Agència Catalana de Notícies, citando fuentes de la investigación, asegura que habría cometido al menos ocho en los últimos quince días, circunstancia que habría permitido su rápida identificación.

 

‘Se acabó la tranquilidad’

Ayer era un día extraño en los alrededores de la calle Fra Antoni Cardona i Grau. Con más niños de lo habitual para ser viernes (muchos tenían fiesta porque era día de libre disposición en las escuelas), en los locales del barrio todos estaban atentos a la prensa. Muchos conocían a la víctima y daban fe de su buen hacer. «Era una mujer encantadora, me he llevado un disgusto tremendo al saber que era la psicóloga de mi nieto», decía Joaquina, una vecina.

La mujer aseguraba que el asesinato debía hacer a las autoridades replantearse la seguridad en el barrio. Lo hacía a la par que enumeraba las veces que en su escalera habían entrado a robar en los últimos años: al menos cinco, en distintos pisos. «Esto siempre ha sido muy tranquilo, los niños bajan solos a la plaza, pero ahora tenemos miedo», reconoce.

Otra vecina de la propia calle Fra Antoni Cardona i Grau, que vive en el número cinco, al lado de donde sucedieron los hechos, también explica que en su escalera han entrado a robar en un piso hace unos meses, y en dos del edificio de enfrente. «Se acabó la tranquilidad», sentencia.

Era una sensación compartida en otros locales del barrio: la barbería, la carnicería, la farmacia... En esta última la farmacéutica decía resignada que creía que la situación era un poco más tranquila porque hace ya unos dos años que no entran a robar. Eso sí, ya ha perdido la cuenta de las veces que ha pasado por lo mismo. «Han sido 8 ó 10 veces», cuenta, a la par que relata que ha tenido robos de todo tipo: con pasamontañas, con una escopeta recortada, con navaja...

 

Otro hace 15 días

En otro bar de la calle Castellers la puerta de vidrio sigue rota. Entraron a robar el domingo de la semana antepasada. Se llevaron la caja registradora, la caja fuerte y el dinero de la máquina de tabaco. «No tengo seguro; lo perdido, perdido está, pero afortunadamente no estábamos aquí, este es un bar familiar, muchas veces están mis hijos», comenta Maria Dolores, la dueña.

Unos metros más abajo, la dependienta de una cafetería relataba cómo este martes había aparecido el coche de un vecino junto a su negocio con los dos cristales rotos.

Un señor mayor reconocía que en días así es difícil saber cuán grave es el problema de inseguridad en el barrio. Bastaba con preguntar para que comenzaran a aflorar historias, como la de Antonia, una señora mayor a la que han robado en cuatro ocasiones; la última, hace unos dos años, para quitarle una cadena a pocos metros de donde ocurrió el asesinato.

En general, todos los consultados explican que se trata de una zona eminentemente residencial, por lo que no suele haber mucha afluencia de gente más allá de los propios vecinos. La soledad, eso sí, se incrementa por las noches, cuando, aseguran, «la iluminación es muy deficiente».

Desde la asociación de vecinos Monestir de Poblet reconocen que hasta ahora no habían escuchado más que hechos aislados, pero la semana que viene ya tienen concertada un visita con los Mossos d’Esquadra. También harán gestiones para reunirse con el Ayuntamiento.

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