Unas 600 personas reviven la primera Navidad de la historia en Tarragona

Recreación histórica. Las leyendas hablan de que Tarragona pudo haber tenido un papel protagonista en el nacimiento y muerte de Jesús de Natzaret 

Núria Riu

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Un momento de la adoración de los pastores al niño Jesús. FOTO: Àngel Ullate

Un momento de la adoración de los pastores al niño Jesús. FOTO: Àngel Ullate

Las paredes del Museu Bíblic Tarraconense emanan historia por los cuatro costados y este escenario inigualable fue el elegido para que durante este fin de semana los tarraconenses pudieran retroceder hasta la primera Navidad de la historia. Este viaje en el tiempo se hacía en el marco del espectáculo Anno Domini, organizado por la Associació Cultural Sant Fructuós y el Museu Bíblic, en colaboración con el Patronat Municipal de Turisme de Tarragona y la asociación Projecte Phoenix.

En los tres días desde que se estrenó el evento se hicieron doce pases con todas las entradas agotadas, lo que representa un total de 600 personas que disfrutaron de un espectáculo que nos recordaba nuevamente que la arqueología y el rigor histórico son los mejores aliados a la hora de conocer nuestro pasado.

Anno Domini representó un pesebre viviente, alejado de los esquemas tradicionales, para presentarse como una reconstrucción histórica. A través de este, los espectadores pudieron retroceder hasta la Judea del siglo I después de Cristo para conocer cómo fue el nacimiento de Jesús de Natzaret y cómo pudo haber sido aquella ciudad que todos hemos conocido a través de los evangelios.

Los cerca de cincuenta minutos que duró la representación sirvieron para desmontar algunas falsas informaciones que todos creemos. Y una de estas es que Jesús no nació en el año cero, sino entre el 7 y el 4 aC, o que los Reyes Magos no eran Reyes que llevaban corona sino sabios, con una especie de sombrero en forma de barretina.

El espectáculo también permitió conocer algunas leyendas que vinculan Tarragona con el nacimiento y muerte de Jesucristo. Lo explicaba la arqueóloga Imma Teixell, quien afirmó que durante su estancia nuestra ciudad, el emperador Augusto dictó en el año 26 aC el edicto que obligaba a empadronarse para conocer el censo del Imperio. Esta resolución, que se tomó desde la Torre del Pretori, obligó a José y María a desplazarse hasta Belén, ciudad de origen de la madre, y allí nació el Mesías. 

Esta misma torre años más tarde volvería a tener una importancia trascendental, ya que allí fue encerrado Poncio Pilato tras ser desterrado al conocerse que había traicionado a su amigo. «En las paredes aún puede verse el rastro de las manos, que se desgarraban por la culpabilidad», afirmaba Teixell.

Tras una introducción en el salón de actos del Museu Bíblic, la segunda parte se desarrollaba en el jardín. Allí, el público pudo conocer nuevos detalles sobre el origen de esta primera Navidad. Los conocemos a partir de los evangelios, que si leemos detenidamente explican que en aquellos momentos eran muy habituales las viviendas con una planta baja excavada en la roca, un salón principal y una terraza. Esto explicaría que Jesús no nació en un establo, sino en los bajos de una hospedería en los que la sagrada familia se encontró con un ambiente más propicio para dar a luz.

Las descripciones del Antiguo Testamento también han permitido conocer cómo era la indumentaria de la sociedad israelí e incluso cómo era la ciudad de Belén, aspectos que el público pudo apreciar a través de la representación.

Alrededor de unas cincuenta personas dieron vida a un espectáculo que se estrenaba este año por primera vez en Tarragona y que quiere llevar un paso más adelante las anteriores experiencias de 2014 y 2016. Primero, mediante una exposición y, posteriormente, con un pesebre viviente con el que la Associació Cultural Sant Fructuós daba una nueva muestra de su actividad a favor de la divulgación de la historia de la cristiandad. Y es que, como muy bien recordaba Teixell, la vocación de la entidad ha sido «descubrir que tenemos un pesebre desde la vertiente histórica y de la lectura de los evangelios, porque toda la documentación jamás tiene que ser rechazada, sino que es importante separar lo simbólico y quedarnos con las pequeñas cosas que ayudan a restituir la historia». 

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