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Uno de cada doce alumnos de la ESO repitió curso el año pasado

Entre los alumnos que sí aprueban la Educación Secundaria Obligatoria el 27% tiene al menos una asignatura suspendida
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Los chicos obtienen peores resultados que las chicas y las diferencias se acrecientan con los cursos.  Foto: DT

Los chicos obtienen peores resultados que las chicas y las diferencias se acrecientan con los cursos. Foto: DT

En el curso anterior al que acabamos de despedir (el 2013-2014), 3.049 alumnos que cursaban estudios obligatorios en la provincia de Tarragona estaban repitiendo. La mayoría de ellos, 2.689, estaban en la ESO y 360 en primaria. Así se desprende de los datos publicados recientemente por el Ministerio de Educación Cultura y Deporte y el Departament d’Ensenyament.

En proporción con el resto de sus compañeros los repetidores en primaria representaban el 1,6%, mientras que en la ESO llegaban al 8,3% (1 de cada 12).

Se trata de una cifra que, al menos en Tarragona, ha tenido pocas variaciones en una década. Si se comparan estos datos con los de hace diez años (el curso 2003-2004) se ve que los repetidores en primaria eran 1,7% y los de ESO el 7,4%. Este último dato sería un poco más alto teniendo en cuenta que las cifras del ministerio en aquel curso no contabilizan los que repetían 1º de la ESO.

 

Mejor que la media española

Con todo, las estadísticas locales son más bajas que en conjunto de España, donde hay un 2,4% de alumnos que repiten en primaria y un 11,6% en secundaria.

En lo que se refiere al género, los chicos tienen las de perder y la situación va empeorando a medida que pasan los cursos. Durante la primaria en la demarcación hay un 42% de alumnas que repiten frente a un 58% de alumnos, mientras que, al llegar a la ESO, ellas representan el 39% y ellos el 61%.

Otra diferencia notoria tiene que ver con la proporción de alumnos que repiten en los centros privados y en los públicos. Aunque en primaria la proporción es parecida, en secundaria repiten el 9,7% de los que estudian en institutos públicos y un 3,6% en los privados.

Pero entre los que promocionan también hay datos que llaman la atención. Ese mismo curso el 27,3% de los que aprobaban un curso de la ESO ‘arrastraba’ al menos una asignatura suspendida.

 

‘Cada caso es único’

Josep Maria Cornadó, doctor en educación y responsable académico de la Facultad de Educación y Psicología de la URV, considera que la evolución de las cifras de repetidores en los últimos años no es significativa y no permite sacar conclusiones. «cada caso es único y tiene que analizarse por separado, pero la repetición es siempre algo excepcional, la última medida», explica.

Recuerda que, durante la educación infantil, se puede repetir curso una vez con el acuerdo de los padres; en primaria se puede repetir en una vez en cada ciclo teniendo en cuenta la opinión de los padres, pero sin que sea necesario que estén de acuerdo y en la Educación Secundaria Obligatoria, los alumnos pueden repetir, como máximo, dos de los cuatro cursos.

Explica Cornadó que se trata de una decisión difícil que nunca toma el profesor solo, sino el conjunto de docentes que trabajan con el niño o adolescentes. Se trata, además, de una decisión difícil porque, reconoce «hay un componente muy importante de incertidumbre». Pone el ejemplo de cuando se visita al médico y le ofrecen un tratamiento, el único a mano, pero no se está seguro de que con ello se va a mejorar.

Pero no es lo mismo repetir curso en primaria que en la ESO. Comenta que especialmente cuando los niños son más pequeños, la repetición puede ser un recurso para permitir que el alumno madure lo suficiente para que pueda hacer lo que se supone debe ser capaz a su edad.

Pone el ejemplo de las sumas y restas: el sistema educativo calcula que hacia los siete años la mayoría de los niños puede ser capaz de aprender a hacer estas operaciones. No obstante, en una clase real, lo que sucede es que hay matriculados todos los niños que ese año cumplen siete años, desde los que nacieron el 1 de enero a los que lo hicieron el 31 de diciembre. Es probable que los más pequeños tengan más dificultad, y no sólo ellos sino los que, simplemente tienen un desarrollo un poco más lento «no todos crecemos a la misma velocidad», asegura.

En estos casos, si lo que se espera es que el niño madure, « que la naturaleza haga su trabajo», repetir puede resultar un buen recurso.

Un caso muy distinto es el que ocurre cuando los malos resultados tienen que ver con un problema de actitud del estudiante y de las circunstancias familiares y sociales que le rodean. Si no cambian la actitud y esas circunstancias «rara vez repetir mejora las cosas». Por el contrario puede llegar a convertirse en un problema personal y social, especialmente en la adolescencia, época en que el grupo de amigos es muy importante.

Para que repetir curso funcione como una oportunidad y no sea visto como un castigo, es fundamental, cree el especialista, el apoyo del centro y de la familia.

Las circunstancias que rodean al alumno son claves. Un estudio de la OCDE encontró el año pasado que un 53% de los alumnos españoles en situación económica desfavorable habían pasado dos veces por el mismo nivel.

 

14% del gasto educativo

En lo que se refiere a la comparación con otros países, justamente la semana pasada el área federal de Educación de IU afirmaba que en España se abusa de la repetición y que la práctica supone el 14 % del gasto educativo. Apuntaban que en un ranking de la OCDE sobre repeticiones, España ocupa los primeros puestos, sólo por detrás de Portugal y Bélgica, en una lista de 34 países de todo el mundo.

Ponían el ejemplo de países donde la repetición de curso no está permitida, como Japón, Corea y los países escandinavos, precisamente los que ocupan los primeros puestos en las evaluaciones internacionales sobre resultados educativos.

Cornadó considera que no s pueden hacer estas comparaciones, teniendo en cuenta la disciplina, cultura del esfuerzo y la cantidad de horas de estudio que realizan, por ejemplo, los estudiantes japoneses y coreanos. Recuerda, además, que en los países escandinavos hay un psicólogo, un pedagogo y un trabajador social, de plantilla, en cada escuela.

En su opinión, mejorar la situación pasa por bajar la ratio de alumnos por profesor, mejorar la formación de los docentes y que los centros cuenten con psicólogos y pedagogos dedicados más horas a atender a los alumnos que lo necesitan.

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