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Unos 400 tarraconenses se movilizan en contra de la Budellera

Una cadena humana desde la Plaça de la Font a la Catedral defiende que debe apostarse por la rehabilitación

Núria Riu

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Los vecinos de Tarragona dicen no a la Budellera. Alrededor de 400 personas han participado este mediodía en una cadena humana que ha unido el extremo más alejado del Ayuntamiento de la Plaça de la Font con la Catedral. Organizado por las federaciones de asociaciones de vecinos, el acto ha servido para reivindicar que se dejen de lado los macroproyectos urbanísticos y que se apueste decididamente por la rehabilitación.

“Es muy fácil empezar a cortar árboles y empezar a construir, lo difícil es impulsar un modelo de urbanismo sostenible”, ha dicho la presidenta de la Federació d’Associacions de Veïns de Llevant, Gemma Fusté. El colectivo asegura que tiene el apoyo de unas cuarenta entidades que se han manifestado en contra de “la política del ladrillo”. Y, con este respaldo, han querido denunciar que “es el momento de rehabilitar y cohesionar la ciudad”.

Una pancarta en la que podía leerse “Salvem el Pulmó Verd”, indicaba el inicio de la concentración. A escasos metros, en el otro extremo de la plaza, estaban los pensionistas. De hecho, ambas manifestaciones se cruzaron cuando la cadena humana empezaba a tomar forma. No obstante, antes de que los asistentes se cogieran de las manos han tenido lugar los parlamentos y se ha leído el manifiesto.

“Nos estamos movilizando por muchísimas cosas, pero es muy importante que luchamos por nuestra ciudad y que nos olvidemos de Tarragona”, ha defendido Fusté. Con esta reivindicación en el centro de la ciudad han querido poner de manifiesto que la Budellera, que prevé construir más de 4.000 nuevas viviendas entre la Vall de l’Arrabassada y Boscos, “no es un problema de Llevant, sino que afecta a toda la ciudad”.

En un primer momento los asistentes no llegaban al centenar de personas. “Después nos quejamos pero a la hora de luchar somos pocos. Ahora es el momento de reivindicar”, ha dicho Fusté. No obstante, a medida que ha ido formándose la cadena, ha empezado a llegar nueva gente que se ha sumado a la iniciativa. Entre los asistentes, políticos del consistorio de ERC y la CUP, como Pau Ricomà, Xavier Puig, Mònica Alabart y Laia Estrada.

También se ha sumado a la protesta la Federació d’Associacions de Veïns de Tarragona, que ayer había mandado un comunicado en el que pedían conocer toda la información sobre el proyecto. Su vicepresidente, Miguel Ángel Cruz, ha asegurado que “en ningún momento hemos dicho que queremos desvincularnos. Estamos al lado de las reivindicaciones de los vecinos, pero llevamos dos meses y acabamos de aterrizar”.

Se ha cuestionado el papel del Ayuntamiento en la tramitación del proyecto. Después de que la Comissió d’Urbanisme tumbó la primera versión y de que la segunda se haya suspendido durante un periodo de tres meses, para dar tiempo los propietarios a introducir cambios en el proyecto, los vecinos han denunciado que la administración local mantiene una actitud que “muestra la angustia para aprobar planes urbanísticos antes de que se apruebe la normativa catalana y europea, que les obligue a replanificar este tipo de proyectos”.

 

Inicialmente parecía imposible, pero finalmente los manifestantes fueron suficientes para unirse de la mano y llegar hasta las escaleras de la Catedral en una cadena humana que después ha bajado de nuevo hasta la puerta del Ayuntamiento y ha acabado con la música, como la de la violinista que fue multada por tocar en la calle, y que les ha acompañado durante toda la cadena humana.

Ya tienen previsto un nuevo acto para el día 20 de mayo, cuando está convocada una caminata desde los barrios de Ponent, pasando por la Anella Verda, hasta la Budellera y la Platja Llarga

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