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La noche de Tarragona vive en una espiral de violencia

La crónica. Manifestantes y fuerzas de la autoridad protagonizan esta noche de viernes un nuevo enfrentamiento, probablemente el más violento desde el inicio de los altercados esta semana

Iñaki Delaurens

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Imagen correspondiente al inicio de los altercados al lado de la Imperial. FOTO: Fabián Acidres

Imagen correspondiente al inicio de los altercados al lado de la Imperial. FOTO: Fabián Acidres

Nunca antes la expresión de «como la noche y el día» había tenido tanto significado. La ejemplar manifestación de la tarde, con una multitudinaria y pacífica concentración por las calles de Tarragona hasta la Plaça de la Font, no tuvo nada que ver con la violencia que se desató en la ciudad tras la puesta del sol. Por desgracia, nada nuevo esta semana. Y es que desde la publicación de la sentencia del procés este lunes pasado, la violencia ha ido creciendo hasta límites sin precedentes. 

Por cuarta noche consecutiva, Tarragona fue escenario de violentos choques entre jóvenes manifestantes y policías. La violencia impuso su ley una noche más, y lo hizo subiendo un peldaño en el nivel de contundencia. 

En cuatro noches seguidas de violencia las cosas cambian. Sin ir más lejos, los periodistas y fotógrafos pasan alguno de ellos de no llevar ni chaleco a llevar uno reflectante y casco. Pues no se vio casi ningún profesional de la información anoche con la cabeza desprotegida. Es lo que ocurre cuando nos acostumbramos a la violencia.  

Una manifestación en la plaza Imperial Tarraco concluyó con el lanzamiento de petardos y bengalas contra el edificio de la Subdelegación del Gobierno y el cordón policial que lo custodiaba. Las cargas de los agentes antidisturbios de la Policía Nacional no se hicieron esperar. 

Ocurrió de manera calculada, cerca de las nueve de la noche varios furgones entraron de golpe por la avenida Andorra y empezaron a cargar contra la masa. Los manifestantes se dispersaron al momento en todas direcciones, quedando un amplio grupo de unos 200 o 300 a los pies de la Rambla Nova, siguiente escenario de la contienda.

Cabe decir que los jóvenes formaron barricadas con contenedores de basura por las principales arterias de la ciudad, pero lo de la Rambla Nova fue de película. De terror por supuesto. Los contenedores, algunos de ellos en llamas pretendían ralentizar el avance de los mossos. En el interior de algunos containers se produjeron explosiones, todo apunta que de gas. Los manifestantes respondían con lanzamientos de piedras y botellas al avance y presencia de los mossos. Éstos, con disparos de proyectiles de foam. 

La Font del Centenari fue testigo de los instantes más tensos. Pues con la fuente como frontera, los jóvenes seguían lanzando objetos dirección a las fuerzas de la autoridad, que se establecieron allí. No tardaron los manifestantes en destrozar mobiliario urbano como los bancos, para sentarse, de la Rambla. Los incluyeron a las vallas y containers para fortalecer sus barricadas. También arrancaron baldosas que partían en trozos para tirar a los mossos.

Imagen de una detención a la altura de la Font del Centenari. FOTO: alba mariné

Por otra parte, en segundo término los bomberos iban apagando los contenedores incendiados a medida que las autoridades ganaban terreno Rambla arriba. Cabe destacar su trabajo a lo largo de toda la noche. 

A los mossos se les giró en contra una carta importante. La de los infiltrados. Agentes de paisano que se infiltran entre los manifestantes para detectar los que más tarde van a detener. O al menos intentarlo. Tras una detención justo en la Font del Centenari, un pequeño grupo de infiltrados regresó con sus compañeros. Cuando llegaron a la altura de los furgones hicieron un recuento y al darse cuenta que faltaba uno, todo los mossos subieron a los vehículos y aceleraron Rambla arriba como alma que lleva el diablo en busca de su compañero. El caos se apoderó de la situación. 

Los manifestantes concentrados en la Rambla se dispersaron por las calles más cercanas. Han sido momentos de tensión y de correr mucho. Los mossos acometían contra los contenedores sin miramientos. Al poco tiempo se dividieron por la ciudad y arremetieron contra los jóvenes y manifestantes que encontraban por el camino, deteniendo a todo el que podían.

La estación de tren se convirtió en punto de encuentro para los detenidos. Allí apoyados en la fachada tenían al varios arrestados. A lo largo de toda la noche fueron diez, nueve por parte de mossos y uno por parte de la policía nacional. Las noticias que nos llegaban a los periodistas en pleno seguimiento de la guerrilla callejera era que Tarragona era la ciudad con más detenidos, más que incluso Barcelona. 

Una noche más Tarragona se convirtió en escenario de carreras continuas, lanzamiento de piedras a mossos y policías nacionales, quienes también respondieron de manera violenta. En definitiva otra noche triste, tensa, con detenidos y llena de violencia. Ya van cuatro en nuestra ciudad esta semana y lo peor es que no sabemos cuántas más nos esperan. 

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