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Vecinos de L’Oliva se oponen a la habilitación de un parking de autocaravanas

El proyecto tiene luz verde por parte de la Comissió d’Urbanisme de la Generalitat y ahora el Ayuntamiento aprobará la concesión de la licencia administrativa para el uso provisional

NÚRIA RIU

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Francesc Inglada y Llorenç Peremanuel muestran los terrenos en los que se quiere construir la nueva área para las autocaravanas.  FOTO: PERE FERRÉ

Francesc Inglada y Llorenç Peremanuel muestran los terrenos en los que se quiere construir la nueva área para las autocaravanas. FOTO: PERE FERRÉ

L’Associació de Veïns de L’Oliva se opone a la habilitación de un espacio destinado al parking de autocaravanas en la zona. Temen que este entorno acabe convirtiéndose en un punto de botellones y lamentan que el Ayuntamiento dé luz verde a este proyecto, que salió a exposición pública el 22 de junio del año pasado cuando «estábamos en periodo estival y encerrados en casa, por culpa de la pandemia, por lo que no pudimos decir nada», lamentan.

No fue hasta unos meses más tarde cuando comprobaron que el proyecto seguía adelante y que esta iniciativa, de la que hace más de cinco años que se viene hablando, está a punto de ser una realidad. Sin embargo, los vecinos quieren expresar su malestar con la administración local, ya que afirman que no han podido consultar la información, y están dispuestos a tomar las acciones necesarias para frenarlo. «Creemos que no es el espacio más conveniente y que pueden encontrarse alternativas mucho mejores en la ciudad», asegura Francesc Inglada.

Desde la Associació de Veïns se recuerda que en el año 2011 hubo un compromiso, por parte de la administración local, para reconocer los restos del antiguo fortín y solicitar la declaración como Bé Cultural d’Interès Nacional. En este sentido, el Ayuntamiento redactó un proyecto que hizo llegar a la Generalitat y que en parte se basaba a partir de un estudio que habían hecho los vecinos en 2003. El informe, de 82 páginas, recoge una amplia descripción de la importancia histórica de este emplazamiento. También se incluye un amplio reportaje fotográfico, con planimetría del siglo XIX y una propuesta de delimitación, que se hizo a partir del trabajo previo de los vecinos. En ésta, se incluía el espacio en el que a día de hoy está previsto habilitar el aparcamiento. Asimismo, se señala que «el interés para la recuperación del pasado por parte de la sociedad civil, en especial de la Associació de Veïns de l’Oliva de Tarragona ha comportado la concienciación social en defensa de su fortín».

La redacción de este estudio por parte de los vecinos surgió a raíz de un proyecto que afectaba la zona y que fue el motivo por el cual se creó la asociación. Este se remonta en el año 2002, cuando surgió una iniciativa que preveía la construcción de un gran edificio geriátrico en la plaza. «El Ayuntamiento autorizó el proyecto, lo que hizo que los vecinos nos movilizáramos y dijéramos que no podíamos aceptarlo». Este comportaba cambiar el POUM y, en este caso, encontraron el respaldo de la Generalitat, que no lo consideró pertinente. «Siempre nos hemos caracterizado para defender los temas culturales y patrimoniales de L’Oliva y ahora también», añade Inglada.

Zona con interés patrimonial

Los vecinos aseguran que el proyecto del aparcamiento de autocaravanas supone una «agresión paisajística» y «medioambiental» del entorno. Asimismo, consideran que este es un «espacio casi sagrado, de culto a los muertos que hubo tanto en el fortín como los fusilados en el camino y las víctimas que hay en la fosa del cementerio». En este sentido, en el año 2011 se llevaron a cabo algunas iniciativas, como la colocación de un monumento en recuerdo de los fusilados y la dignificación de la fosa común del camposanto.

Con todo, esta entidad vecinal asegura que solicitará una reunión con la nueva consellera de Cultura, para exponer estos motivos y la «amenaza» que supone para el entorno el nuevo equipamiento. Este comprende los terrenos entre la carretera del Pont d’Armentera y los depósitos de Ematsa, entre el semáforo del Culubret y el vial de acceso a L’Oliva. En total son unos 5.000 metros cuadrados, que quieren acondicionarse como aparcamiento «con su control de acceso y su tarificación por tiempo de estacionamiento», según explicó hace unas semanas el responsable de Tarraco Camper Park a este rotativo.

Aproximadamente el espacio tendrá una capacidad para unas 36 plazas que tendrán a su disposición una zona para el cambio de aguas. La cifra supone una importante reducción respecto al proyecto inicial, que preveía una capacidad para unos 85 vehículos.

El objetivo de los promotores no es que los propietarios puedan dejar los vehículos durante todo el año, sino que la filosofía es la de las «zonas azules», en un entorno en el que tan solo tendría que terraplenarse el suelo en algunos puntos e instalar el acceso con las barreras.

De hecho, el proyecto pasó por la Comissió d’Urbanisme de Tarragona del pasado 4 de junio, que después de debatirlo en reiteradas ocasiones, finalmente obtuvo luz verde por parte de la Generalitat. Este nuevo paso se producía después de que la administración catalana aprobó el pasado día 10 el nuevo Pla Director Urbanístic (PDU) dels Càmpings, el cual regula la implantación de las nuevas zonas de autocaravanas. Con todo, la administración local asegura que el siguiente paso será la aprobación de la licencia para uso provisional de estos terrenos.

Cambios en el proyecto

El concejal de Territori del Ayuntamiento de Tarragona, Xavier Puig, argumenta que «no es una iniciativa del Consistorio, sino de un particular que tiene sus derechos y deberes». El tercer teniente de alcalde recuerda que «en varias ocasiones» la administración local ha hecho informes desfavorables para intentar reducir el impacto del proyecto. «Pusimos mucho énfasis en que esto no era un camping y que había una serie de servicios que no podían ponerse», indica. También la Generalitat hizo un conjunto de enmiendas que el promotor del proyecto incorporó en esta larga fase de tramitación. Estas iban en la línea de minimizar el impacto paisajístico de las instalaciones y preservar el valor histórico. «Cuando se cumplen todos los requisitos, esta persona también tiene sus derechos. Y, en todo caso, quien da la autorización es la Comissió d’Urbanisme. A partir de ahí, nosotros no podemos no dar la licencia», afirma Puig.

El edil republicano defiende que «es bueno» para la ciudad que disponga de una instalación de estas características, que permita regular el estacionamiento de las autocaravanas. «Si no lo tenemos se generan problemas y perdemos visibilidad dentro del mapa europeo», concluye.

Pese a ello, los vecinos no entienden como una propuesta de estas características puede seguir adelante en unos terrenos que están calificados como no urbanizables. «Los propietarios de las viviendas a duras penas podemos pintar una fachada y aquí quieren dejar que puedan acampar las caravanas», afirma Inglada.

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