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Vecinos de Sant Salvador tapian las viviendas ocupadas

Los propietarios de los inmuebles de la zona de Interblocs han tapiado en una semana hasta cinco viviendas

Carla Pomerol

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Los vecinos tapiaron este jueves otro piso en uno de los bloques. Aseguran que lo seguirán haciendo hasta acabar con «esta lacra». FOTO: Pere Ferré

Los vecinos tapiaron este jueves otro piso en uno de los bloques. Aseguran que lo seguirán haciendo hasta acabar con «esta lacra». FOTO: Pere Ferré

Es la última opción que les queda. Los propietarios de los pisos de la zona de Interblocs de Sant Salvador han tomado la decisión de tapiar las viviendas ocupadas. En una semana, se han tapiado hasta cinco. En algunos casos han sido los propios vecinos los que se han ido al Leroy Merlin, han comprado ladrillos y han tapiado la puerta. 20 euros costaba su tranquilidad, explicaban. También ha habido comunidades vecinales de la misma zona que han contratado los servicios de un albañil. El objetivo es el mismo: ponérselo difícil a los okupas. 

Y es que desde hace un par de meses, se ha detectado un aumento notable del número de ocupaciones ilegales en la zona de Interblocs de Sant Salvador. Y la situación preocupa a los vecinos, que ya no saben cómo hacerlo para impedir la proliferación. Según fuentes policiales, se han contabilizado diez ocupaciones en los últimos quince días. Los problemas de convivencia con los propietarios no cesan y las comunidades de vecinos saben que deben organizarse entre ellos para continuar con la lucha. 

Se trata de la zona más antigua de Sant Salvador, donde se construyeron las primeras viviendas del barrio hace más de 40 años. Fueron compradas, en mayor parte, por inmigrantes llegados del resto del Estado español que trabajaban en la refinería. Años más tarde, el barrio empezó a expandirse y estos vecinos se trasladaron en casas más grandes en Sant Ramón o Santa Isabel, por ejemplo. 

Poco a poco, estos edificios de la avenida dels Pins fueron quedando vacíos. Cabe tener en cuenta las características de estas viviendas. Cada propietario debe hacerse cargo de una parte del terreno comunitario, ubicado en el entorno del edificio. La zona conocida como Interblocs cuenta con diez bloques. En cada uno pueden haber tres o cuatro escaleras de seis pisos y cuatro viviendas por rellano.

Hay escaleras que han quedado prácticamente vacías, con dos o tres propietarios. El resto de inquilinos son okupas. «Esto implica que son pocos los vecinos que deben hacer frente a los gastos de comunidad», explica el presidente de la Associació de Veïns de Sant Salvador i Sant Ramon, Antonio García.

El aliado: el WhatsApp
Ayer por la tarde, un albañil tapiaba la quinta vivienda del bloque. Lo hacía bajo la mirada atenta de un grupo de vecinos, que relataban el calvario que están viviendo desde hace dos meses. «Por la noche no podemos ni dormir. Estamos constantemente pendientes de si hay algún ruido sospechoso», explicaba Loli Santillana, vecina de la zona de Interblocs, quien añadía que «el objetivo es ponérselo complicado a los okupas. Si tapiamos las puertas, se ven obligados a hacer ruido. Entonces allí estamos los vecinos, para salir, enfrentarnos a ellos y echarlos». 

Son valientes porque, aunque aseguran que les da miedo encararse con los okupas, opinan que «nos da más miedo que entren a los pisos de al lado», decía Santillana. José Pizarro, otro vecino, explica que «la mayoría son peligrosos. Llevan puesta la capucha y, dependiendo de la hora, da mucho respeto encontrárselos por la escalera». 

Los vecinos aseguran que se trata de un grupo organizado por su manera de actuar

Los vecinos se están organizando para impedir más ocupaciones. Han creado un grupo de WhatsApp con los propietarios. «Cuando escuchamos ruido, alertamos al grupo y nos ponemos manos a la obra para disuadirlos», explica Santillana. Sin ir más lejos, la semana pasada, una vecina detectó que su piso se estaba inundando. Caía agua a chorros del techo. Subió al piso de arriba y se percató de que el origen del problema estaba en un piso ocupado. «Llamé a la policía y me dijo que si habían cambiado la cerradura, ya no se podía entrar. Mi piso se estaba convirtiendo en una piscina», explicaba ayer Rosa Lleixà, una vecina. «Al día siguiente, vimos que los okupas dejaron la puerta medio abierta.

Aprovechamos para entrar y cerrar el agua, que salía a chorros del vidé. Fue entonces cuando decidimos tapiar el inmueble para que no volvieran a entrar», recordaba Lleixà. Los vecinos creen que es la mejor manera de impedir el acceso, pero no la solución definitiva, ya que también entran por las ventanas. «Nos hemos organizado a través del WhatsApp, pero no es suficiente. Necesitamos una ley que nos ampare ante esta lacra», explicaba Antonio Gómez, un vecino.

Actúan como una mafia
«Vivimos con miedo. Obsesionados con los ruidos y pendientes en todo momento de lo que ocurre en la escalera», comentaba ayer Santillana. Los vecinos creen que se trata de un grupo organizado, como si de una mafia se tratara. «Son chichos jóvenes, algunos menores de edad y, la mayoría magrebíes», aseguraban los vecinos, quienes añadían que «conocen a la perfección los pasos que deben seguir para que no los puedan hechar». Hay propietarios que llevan 30 o 40 años viviendo allí y, ahora, tienen mucha prisa por vender su piso. Ya no aguantan más.

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