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Vecinos de la Part Alta de Tarragona piden prohibir fiestas en Cal Pobre

La entrada a las actuaciones son gratuitas, pero cobran por las consumiciones. Siguen las quejas de los vecinos por el alto volumen de los altavoces, por lo que estos piden sanciones

Àngel Juanpere

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Vermut electrónico realizado el año pasado en los jardines de la antigua Casa Bertran, conocida como Cal Pobre.  FOTO: Javier Díaz/DT

Vermut electrónico realizado el año pasado en los jardines de la antigua Casa Bertran, conocida como Cal Pobre. FOTO: Javier Díaz/DT

El Ayuntamiento de Tarragona podría prohibir las fiestas que se realizan en el edificio de Cal Pobre, en la Part Alta, debido a las molestias que siguen ocasionando a los vecinos de las viviendas cercanas.

Asimismo, desde la Guàrdia Urbana se ha detectado que, si bien no hacen pagar entrada, sí que cobran por las consumiciones, lo que supone competencia desleal ya que los responsables carecen de cualquier permiso o licencia municipal. Por ello, desde el cuerpo policial se solicita la apertura de un expediente sancionador. 

Los problemas de convivencia entre el colectivo de okupas que hay en este edificio –situado en la calle Descalços, 6, de Tarragona– y los vecinos se remontan a hace años. Sin embargo, el detonante sería una fiesta organizada el pasado sábado 16 de junio.

Según rezaba el cartel, se trataba de una Tarracofinest con rap, rgb, trap, dancehall y classics, todo bajo el título de ‘Vermouth Cal Poble 3.0. Aire libre&Barbacoa’. Actuaban, entre otros, Djset, DJ Strombo y Komando Sound. La fiesta duró siete horas –desde las doce del mediodía a las siete de la tarde–, con entrada gratuita y bebidas «a precios populares».

Tras recibirse las quejas vecinales, una patrulla de la Guàrdia Urbana acudió al lugar. Comprobó que las quejas eran ciertas porque desde las calles de alrededor se escuchaba la música. Las ventanas del edificio estaban abiertas, al igual que la puerta de entrada.

Los agentes accedieron al interior y vieron a un número indeterminado de personas consumiendo bebidas alcohólicas y también sustancias estupefacientes –uno de los asistentes, con cocaína–. Unos responsables hablaron con la patrulla y accedieron a bajar la música.

Una de las personas que se quejaba por el auto volumen de la música incluso presentó días después una queja formal al Ayuntamiento. Recordaba que en la ciudad existe una moratoria entre las dos y las cuatro de la tarde, franja en la cual no se puede hacer ruido con amplificadores de megafonía exterior. Asimismo, pedía que de la misma forma que se multa a un saxofonista que toca su instrumento en la calle, se haga lo mismo con los responsables de esta actividad que carece de permiso.

Uno de los vecinos asegura que muchas veces, como los altavoces están en el patio, todo el volumen de la música no es perceptible desde las calles cercanas, pero sí desde los pisos que dan a dicho patio.

En la cuerda floja

En su día, el antiguo propietario de Cal Pobre –un palacete conocido como Casa Bertran– llegó a un acuerdo con los actuales gestores de este espacio. Sin embargo, los problemas económicos del dueño hizo que la inmobiliaria Solvia se hiciera con la propiedad del edificio. Y aquí comenzó una nueva batalla.

Ante todas estas circunstancias, desde la Guàrdia Urbana se ha solicitado al Departament de Disciplina Urbanística la apertura de un expediente sancionador a los responsables del Centre Social Autogestionat Cal Pobre. Por su parte, se insta también al Departament d’Establiments la prohibición de organizar fiestas alternativas con elementos y estructura parecida a las fiestas que se celebran en locales de pública concurrencia, con venta de bebidas alcohólicas y reproducción de música por el público asistente.

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