Vídeo. Pedro Sánchez en TGN: 41 minutos, 28 interrupciones

Una intervención muy aplaudida. Gritos de «presidente, presidente» cuando abogó por la convivencia y no por el separatismo

Diari de Tarragona

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Pedro Sánchez haciéndose ayer una selfie en Tarragona. FOTO: fabián acidres

Pedro Sánchez haciéndose ayer una selfie en Tarragona. FOTO: fabián acidres

Un Pedro Sánchez sonriente, con chaqueta y sin corbata –al igual que el resto de oradores–, saludando a todas aquellas personas que se acercaban a él de camino a la tarima preparada en la sala del Palau Firal y haciéndose decenas de fotos. Por segunda vez desde que es presidente del Gobierno –la anterior fue con motivo de los Juegos Mediterráneos–, estuvo ayer en Tarragona para participar en un acto público de los socialistas. Un acontecimiento en el que no faltaron los detalles, como el minibús de Jaume Collboni –candidato a la alcaldía de Barcelona– aparcado delante de la entrada, con cuatro palabras: antifascismo, feminismo, diversidad y orgullo. O la silueta recortada del alcalde de Tarragona en un plafón a la entrada a la sala. «¡Mira, pensaba que nos recibía Ballesteros!», comentaba una mujer, mientras el personal de seguridad hacía abrir bolsos y chaquetas por si alguien tenía una intención diferente de la de escuchar al presidente del ejecutivo español. En el exterior, un amplio dispositivo de los Mossos d’Esquadra y de la Guàrdia Urbana.

A las once y media, hora inicialmente prevista para el acto, el recinto estaba lleno, mientras sonaba por los altavoces música tan diversa como la de Soy un truhán, de Julio Iglesias o Contamíname, con Ana Belén y Víctor Manuel.

Finalmente, una hora más tarde, Sánchez bajaba del vehículo oficial –que le había llevado desde la estación del AVE– y saludaba a Ballesteros, Miquel Iceta,  Meritxell Batet, etc. Y rápidamente la comitiva entraba por la puerta principal del Palau –Xavier Sabaté aprovechó para dar un beso a Batet–.

Y estalló el júbilo de las mil personas congregadas, haciendo ondear banderas del PSC y de Catalunya. Mientras, Sánchez intentaba abrirse paso entre el gentío, que no quería desaprovechar la ocasión para hacerse una foto –algunas incluso desde encima de las sillas– o para estrecharle la mano. 

Un escenario rodeado
Ya encima de un escenario completamente rodeado de simpatizantes y militantes, Sánchez, Iceta, Collboni, Ballesteros y Batet escucharon una ovación que duró más de dos minutos, mientras los dos primeros también aplaudían.  «Hola, molt bon dia. Benvinguts a Tarragona. Feu cara de les grans ocasions», comentaba un eufórico alcalde de Tarragona, mientras la intérprete de signos traducía sus palabras. Tuvo un recuerdo para las 14 mujeres asesinadas este año por sus parejas o excompañeros. Y, como no, no desaprovechó la ocasión para alabar algunos de los logros de Sánchez en este corto mandato: el túnel del Coll de Lilla y la circulación de mercancías por el tercer carril. «No trabajamos por la independencia, sino por el día a día», recalcó un Ballesteros exultante.

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No lo estaba menos Collboni, quien lanzó un «ho guanyarem tot», especialmente «la convivencia a la independencia». Su jefe de filas, Miquel Iceta, saludó a los muchos alcaldes de Catalunya que se desplazaron ayer a Tarragona para recordarles que se preparen, «per la molta feina que se’ns gira». No desaprovechó para lanzar críticas al Govern de la Generalitat y también a la derecha: «España está en peligro cuando gobierna la derecha. No es una opinión, es una realidad», decía en medio de los aplausos de los asistentes. Su intervención duró seis minutos y 31 segundos, casi la mitad de los 15 minutos y 25 segundos de la ministra de Política Territorial y Función Pública, quien recordó la lucha por el feminismo y el ecologismo.

El plato fuerte
Pero el plato fuerte del día era, como no, Pedro Sánchez. Y como no podía ser de otra manera su intervención –que se prolongó durante 41 minutos y 13 segundos– fue la más aplaudida –en 28 ocasiones–. De media, los aplausos le interrumpieron cada minuto y 47 segundos. 

Sánchez comenzó dando las gracias a su amigo Iceta y también a Collboni «por defender el Estatut. Su constancia provocó que el PSC saliera del gobierno municipal de Barcelona». Una de sus contantes durante su intervención fue «convivencia», una convivencia que, según él, está en las urnas, no en el independentismo ni en la derecha. 

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El presidente del Gobierno sólo miró los apuntes para recordarse  del importe que ha supuesto la revalorización de las pensiones. Tras anunciar que tanto los separatistas como la derecha saben que la independencia de Catalunya no se va a producir, los presentes exclamaron a gritos de «presidente, presidente». Al final, más aplausos y sonó por los altavoces Mi querida España, la canción que en su día popularizó Cecilia. 

El presidente del ejecutivo central salió por una puerta lateral, ante la desesperación de alguna fan que quería que bajara la ventana para verlo más de cerca.

Una de las últimas en abandonar el recinto fue la concejal Begoña Floria, que había llegado tablet en mano. Fuera, unas ochenta personas hacían cola para pagar el párking, lo que provocó mucha indignación al haber sólo dos máquinas disponibles.

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