Vigilantes del bosque de Tarragona

Joan Huguet es uno de los vigías que desde su torre, a más de 700 metros de altitud, divisa buena parte del Camp 
de Tarragona. Con sus prismáticos, está atento a cualquier columna de humo por si se trata de un incendio forestal

Àngel Juanpere

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Con sus prismáticos otea buena parte del Camp de Tarragona. Foto: Àngel Juanpere

Con sus prismáticos otea buena parte del Camp de Tarragona. Foto: Àngel Juanpere

«Control central, aquí India 516, comunico inici de servei». Con estas palabras, Joan Huguet comienza cada día su jornada de trabajo a 717 metros de altitud, en una torre de vigilancia situada en Puig d’en Cama –en el término de La Selva del Camp–, desde donde observa buena parte del Baix Camp, el Alt Camp, el Tarragonès y parte del Priorat y del Baix Penedès. Este agricultor de Vilaplana lleva 29 campañas de incendios forestales, 27 de ellas mirando el horizonte en busca de una columna de humo que indique el inicio de un incendio forestal.

Joan Huguet es toda una institución en este mundo de los incendios forestales. La conversación con él no para de ser interrumpida. Está trabajando y suelta poco los prismáticos. «Allá, detrás de Joan XXIII, se ve humo. Aquella columna es de la fábrica Brasilia».

Desde su privilegiado puesto de vigilancia no sólo sabe los municipios para poder ubicar el posible incendio sino también carreteras, fábricas, edificios emblemáticos, etc. Conoce todos los puntos de referencia y la mayoría los ha sobrevolado en helicóptero. Esto le permite afinar mucho más a la hora de alertar de un fuego. Y no solo esto. Su larga experiencia hace que cuando llama a control central para avisar de un incendio, en muy pocos casos se trata de una falsa alarma. Puede distinguir si es humo o polvo de un tractor, «éste se disipa rápidamente en el cielo; el humo, no».

Algunas veces, la centralita de bomberos recibe llamadas de ciudadanos porque ven humo. Entonces llaman a Joan para que lo verifique. Y muchas ocasiones ve que es una falsa alarma, lo que evita que se movilicen recursos innecesariamente. Se trata de quemas controladas, polvo de las canteras, tractores labrando, xuclador de avellanas, etc. «Los que estamos en las torres ahorramos muchas salidas innecesarias de los bomberos».

Con 27 años, Joan Huguet comenzó a trabajar en la antigua Icona: «El alcalde de Vilaplana sabía que buscaban gente y nos lo dijo. Y tres nos apuntamos». Y fue uno de los elegidos. Formaba parte de una brigada aerotransportada –en helicóptero– que se desplazaba al fuego, parecido a las actuales BRIF del Ministerio Ambiente. «Me gustaba mucho volar para apagar fuegos». Estuvo dos años, durante los cuales se tuvo que enfrentar a importantes incendios forestales, como uno en La Torre de l’Espanyol y también otro en la zona de La Selva del Camp.

Cuando se jubiló el vigía que estaba en la torre de La Mussara –en el exterior de las antenas de comunicación–, Joan no dudó en optar al puesto. Allí estuvo tres años, hasta que fue destinado a la actual torre de Puig d’en Cama. Cada verano, antes del inicio de la temporada, dan un curso a todos los vigías en el parque de bomberos de Reus. Porque no todos son tan veteranos como él.

Un acceso difícil

Llegar a su puesto de trabajo supone una odisea. Tras circular por un camino más o menos decente se llega a un punto donde comienza el peligroso rally. Se tiene que hacer en vehículo todoterreno y, aun así, tomar todas las precauciones. Hay pendientes, grandes socavones producto del agua de lluvia, etc. Incluso a pie tienes que ir con mucho cuidado.

Pero no es una cuestión de dificultad a la hora de acceder. Si hay una emergencia, es la única vía de escape. «En caso de caída de rayos, de niebla o aguaceros, las normas dicen que tenemos que salir de la zona y ponernos fuera de la tormenta. Y cuando ésta pase, volver a nuestro puesto de trabajo». Con su anterior todo terreno, en ocasiones el vehículo bajaba el camino de lado debido a la fuerte corriente de agua.

Para este trabajo a uno no le tiene que importar estar solo diez horas diarias –de 10.30 a 20.20– en la cima de una montaña. «Cuando llegué aquí en 1993, en los tres meses de la campaña de verano veías un máximo de diez personas. Ahora, la gente hace más senderismo y es extraño el día en que no suba nadie, caminando o en bicicleta». Muchos sólo le saludan. Otros le preguntan si es voluntario de alguna ADF.

Este veterano de los incendios asegura, que «para mí no es aburrido, me gusta. Soy payés y ya estoy acostumbrado a estar solo». Se lleva su radio para escuchar noticias, un diario, una revista, un libro –ahora está leyendo El Quijote–». Algunas veces sube a su perro para que le haga compañía. Asegura que no tiene ninguna rutina: «Desayuno y como tarde porque el día se hace largo».

A pesar del pequeño habitáculo que tiene, de apenas cuatro metros cuadrados –más una terraza de metro y medio–, dispone de los aparatos básicos para llevar a cabo su trabajo: estación meteorológica, termohigrómetro –para pasar la temperatura y la humedad cada hora a control central de bomberos– , brújula, anemómetro, prismáticos, pluviómetro, emisora de bomberos y el mapa cartográfico de la Xarxa de Guaites.

Su campo de visión desde la cima de Puig d’en Cama es inmejorable. Comienza en Miami Platja, sigue hacia Colldejou, Coll de la Teixeta, Alforja, La Mussara, sierras de Miramar, Montagut y El Montmell, Bonastre y Tarragona. «Conocer el territorio es imprescindible en nuestro trabajo». Este año ha alertado de muchos incendios forestales y de vegetación. Cada día divisa decenas de columnas de humo. Algunas, la primera vez, ya las descarta. Si tiene dudas hace un seguimiento hasta ver que no pasa nada o, en caso contrario, llama a control central. En algunos casos, ante posibles dudas o para afinar, llama a alguna otra torre para cuadricular mejor el incendio.

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