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«Vivimos en una montaña rusa de sentimientos»

Técnico en emergencias sanitarias. Oscar Lamiel es un héroe que va en ambulancia

CARLA POMEROL

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Oscar Lamiel tiene 40 años y es vecino de Comarruga.FOTO:  CEDIDA

Oscar Lamiel tiene 40 años y es vecino de Comarruga.FOTO: CEDIDA

También hay héroes que van a cuatro ruedas y vestidos de amarillo. Son los técnicos en emergencias sanitarias. Oscar Lamiel, vecino de Comarruga, tiene 40 años y lleva 20 dentro de una ambulancia. Asegura que es su hábitat natural, pero reconoce que esta situación le ha sobrepasado. Lamiel explica que es complicado hacer frente al desgaste emocional de los últimos días y se muestra fascinado por la responsabilidad y los valores del personal sanitario.

El protagonista de hoy decidió que quería ser técnico en emergencias sanitarias después de realizar un curso de primero auxilios de la Cruz Roja. De eso hace ya 20 años. Desde entonces vio clara su vocación. Hace un mes y medio, el coronavirus dio un cambio de 180 grados a su vida. «Al principio íbamos a trabajar con mucha energía, pero a medida que éramos conscientes de lo que nos encontrábamos, la cosa cambiaba. Estamos a primera línea de fuego», relata Lamiel, quien añade que «todo lo que nos hemos preparado, ahora no sirve de nada».

El 90% de los servicios que se llevan a cabo son por Covid-19, y el 10% restantes por posibles positivos. «Vivimos constantemente en tensión. Nos intentamos proteger todo el rato, pero el desgaste emocional es duro», explica esté técnico de ambulancias. Para Lamiel, es muy duro recoger a un enfermo y tener que decirle a su familia que no lo puede acompañar. «Quizás no lo vuelva a ver, y esto produce un cortocircuito mental importante».

Este vecino de Comarruga hace turnos de 24 horas y descansa tres días. Su tarea es imprescindible en esta pandemia. «Intentamos que el paciente no vaya al hospital, a no ser que sea necesario. Porque sabemos que se expone a más riesgos», explica Lamiel. Las conversaciones con los compañeros y los aplausos de las ocho de la tarde son, para el protagonista del día, chutes de energía que le ayudan a tirar adelante. «Hay una mezcla de sentimientos. A veces sientes que estás al borde de la depresión, pero enseguida ves recompensada tu tarea», comenta.

Hay muchos pacientes que son asintomáticos. No tienen fiebre, ni tos, ni nada. Pero una vez llegan al hospital les hacen la prueba y dan positivo. «Por eso, tratamos a todos nuestros servicios como posibles casos de Covid-19», explica Lamiel. Esto significa que los técnicos deben ir todo el turno bien protegidos, y no es agradable. «Sudas, tienes calor, se empañan las gafas, no nos podemos poner las manos en el bolsillo. Estamos todo el rato en alerta máxima», explica.

Los servicios de enfermos traumáticos han bajado considerablemente. No hay actividad, ni de ocio ni laboral. La gente tiene menos accidentes. Sin embargo, son muchos los ciudadanos que llaman por posibles infecciones respiratorias. El miedo se adueña de la población.

Una montaña rusa

«Llegas a casa muy cansado y sientes como si estuvieras en una montaña rusa constante de sentimientos», confiesa Lamiel, quien añade que «ves lo peor de este virus, pero también lo mejor». Se refiere a los valores humanos que han salido a flote a lo largo de este último mes. «El coronavirus ha sacado lo mejor de cada persona. La gente ha quedado confinada por el bien común, los dependientes de los supermercados nos alimentan y los sanitarios lo dan todo para salvar vidas. Esto es muy bonito» asegura Lamiel.

El protagonista del día vive solo. Es el menor de siete hermanos. Se comunica con su familia a través de videollamadas, aunque reconoce que está preocupado por su madre, de 80 años. «Cuando le traigo la medicación o la compra, se la dejo en el jardín. Hablamos desde la distancia», explica. Lamiel asegura que su trabajo le hace ser mucho más consciente de los peligros. «Hay un momento en que te vuelves muy maniático. Cuando llego a casa, me saco la ropa, la pongo a lavar y me ducho enseguida», apunta.

Para Lamiel, lo más duro de esta situación es dejar a un paciente en el hospital, a sabiendas que no saldrá y que su familia no podrá despedirse. Al otro extremo, los chutes de energía positiva: los valores profesionales y la responsabilidad de los sanitarios. «Es increíble vivirlo», explica. Lamiel quiere aprovechar para reivindicar el papel del técnico en emergencias sanitarias. «Que no piensen que somos solo conductores o transportistas. Nuestra tarea es esencial y lo estamos demostrando ahora más que nunca», acaba Lamiel.

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