‘Vivir conectados’ al intestino

Alimentación. Los expertos recalcan la necesidad de mantener un buen equilibrio entre hábitos saludables y emociones

Sílvia Fornós

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FOTO: GETTY IMAGES

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¿Qué pasa cuando el intestino no funciona bien?, ¿Qué relación existe entre el cerebro y el aparato digestivo?, ¿Las emociones afectan a nuestro intestino? son algunas de las cuestiones que surgen cuando se habla de salud digestiva que, según el doctor Guillermo Mena Sánchez, especialista en Nutrición y Metabolismo, «es el cuidado de todos los órganos implicados en el proceso de digestión, y en especial del estómago y los dos intestinos».

Sobre la relación entre el cerebro y el aparato digestivo, el experto explica que «están directamente relacionados debido a que el aparato tiene una red neuronal similar a la cerebral, por lo que las emociones afectan a nuestro intestino. De ahí que muchos llamemos el intestino ‘el segundo cerebro’. No obstante, este apodo no nos gusta, no es un segundo cerebro, pero sí que ‘viven conectados’».

El doctor Guillermo Mena Sánchez es especialista en Nutrición y Metabolismo. FOTO: CEDIDA

Digestiones pesadas, malabsorciones, muchos eructos, vómitos o dolores en la barriga e hinchazón son algunas de las señales que nos deben alertar de que nuestra salud digestiva no es la adecuada. Es entonces cuando, según Guillermo Mena Sánchez, «se debe pedir ayuda sanitaria, para descubrir que es lo que está pasando y poner solución». Él mismo indica que «tanto desde el punto de vista médico nutricional, como de la psicología, se debe tratar al paciente de forma integradora, vemos que lo ideal es mantener un buen equilibrio y hábitos saludables en la alimentación, para que las emociones también se mantengan en equilibrio, ya que tienen relación directa».

Microbiota intestinal

Otro de los aspectos a tener en cuenta cuando hablamos de salud digestiva es la microbiota intestinal o también llamada flora intestinal, y que el especialista en Nutrición define como «el conjunto de los microorganismos (todas las bacterias, virus…) presentes en un entorno definido». Pero no existe una única microbiota, sino que esta varía según su entorno. «A la microbiota situada en el tracto intestinal, por ejemplo, se la denominará microbiota intestinal. Es también muy importante destacar que tenemos una microbiota diferente en la boca, igual de importante para la prevención de problemas intestinales e indicadora de salud gastrointestinal», apunta Guillermo Mena Sánchez. A la pregunta de a qué edad debemos empezarnos a preocupar por la salud digestiva, el doctor responde que «la microbiota intestinal está siendo ampliamente estudiada, ya que nos predispone a tener un mayor o menor riesgo de padecer enfermedades crónicas, como la obesidad o la diabetes. Por lo tanto, el cuidado de nuestra digestión debe ser tanto en el neonato, el niño, la mujer embarazada o el anciano».

Hábitos

El ejercicio también tiene efectos positivos en la salud digestiva. Sobre ello, el especialista en Nutrición y Metabolismo asegura que «es clave para estimular el movimiento peristáltico del intestino, este movimiento es el mismo que hace un gusano». Además, recuerda que «el intestino es un órgano que de forma invisible se entrena y existen diferentes estrategias nutricionales para facilitar la absorción de los nutrientes a nivel intestinal».

El especialista apunta que otro de los aspectos a tener en cuenta es la microbiota intestinal

En cuanto a hábitos, los españoles comemos y cenamos demasiado tarde, y esto puede repercutir en nuestra digestión y en la forma en la que procesamos los alimentos. Por ello, además de no acostarnos directamente después de comer, «la mejor recomendación que podemos dar es la de, más o menos, siempre comer y cenar a la misma hora para que el cuerpo cree un hábito», explica el especialista, quien indica que una cena y una comida pueden ser igual de saludables si se realiza a las 13 h o a las 15 h o en el caso de la cena a las 20.30 h o a las 22.30 horas. «Lo importante es valorar el tipo de alimento que estamos tomando, como lo mezclamos, el tiempo que dedicamos a masticar los alimentos y el tiempo total que tardamos en comer o cenar. La digestión empieza en la boca, el engullir los alimentos y no masticarlos puede complicarnos mucho la digestión y a la larga traernos problemas como inflamaciones en la pared gástrica o intestinal o bien la ganancia de peso en forma de grasa. La comida y la cena deben ser un momento de tranquilidad y en el caso de que no sea así, eso hay que solucionarlo».

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