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Volver a las aulas media vida después

Reportaje. Recuperar el hilo de lo que se dejó en la adolescencia, buscar un nuevo destino... Tres alumnos del Centre Municipal de Formació d’Adults cuentan su experiencia

Norián Muñoz

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Joan, exalumno, y Jennifer y Razika, alumnas, en el patio del IMET, donde funciona la escuela. FOTO: Pere Ferré

Joan, exalumno, y Jennifer y Razika, alumnas, en el patio del IMET, donde funciona la escuela. FOTO: Pere Ferré

Jennifer Fernández dejó los estudios a los 16 años, cuando repitió tercero de ESO, «en esa edad en que tanto se hace el tonto». Se puso a trabajar y a los 18 años nació su primer hijo; hoy tiene dos, de 9 y 3 años.  Justamente cuando el pequeño comenzó la escuela ella decidió poner hilo a la aguja a esa necesidad que sentía de «hacer algo por mí misma» y se matriculó en el Centre Municipal d’Educació d’Adults Fòrum para prepararse para la prueba (sacó notas excelentes) que le permitirá hacer un ciclo formativo de grado medio de farmacia y parafarmacia.  

El de Jennifer es uno de los perfiles típicos de los alumnos de esta escuela de adultos municipal que cuenta con unos 600 estudiantes entre los que acuden a la sede central en el Institut Municipal d’Educació IMET (Ramón y Cajal, 70) y las aulas que funcionan en los centros cívicos de Sant Pere i Sant Pau y Sant Salvador.

Explica Montserrat Rovira, directora de la escuela, que si hay una constante en este centro es la adpatación. Si en los inicios la tarea principal era la alfabetización de adultos, hoy es, sobre todo, preparar a los alumnos para reengancharse a los estudios o adquirir conocimientos que necesitan en su vida laboral.

La mayoría de los cursos, muy intensivos, son de un año de duración y preparan para acceder a FP de grado medio o superior, o para hacer la prueba de acceso a la universidad para mayores de 25 años. Tienen además cursos de informática y para sacarse el carnet de conducir. Igualmente hay iniciación al  catalán, castellano e inglés; los primeros son demandados sobre todo por personas que llevan poco tiempo en España, a quienes también preparan para la prueba de nacionalidad.

Un chute de orgullo

Razika Boulagdour es licenciada en biotecnología en Marruecos, pero al venir a España tuvo problemas para convalidar su título. «Me quedé en casa con los niños», rememora. Pero después de 12 años sin estudiar decidió apuntarse a la escuela de adultos. «Sentía que tenía que hacer algo por mi vida. Vine a probar y me enamoré de la escuela. Los profesores me ayudaron mucho». Ha hecho la prueba para entrar en el ciclo de grado superior de química industrial. «Los niños están orgullosos de que su mamá estudie y saque buenas notas y se ponen a estudiar conmigo», relata.

Y es que, tal como reconocen Rovira y José Ángel González, profesor de la escuela, si bien la motivación para muchos alumnos es conseguir prosperar laboralmente, para otros es, sobre todo, una inquietud personal. Es el caso de Joan Vilumara, exalumno, quien reconoce que en la adolescencia no era un buen estudiante, así que se puso a trabajar. En hostelería, logística... Pero con 32 años comenzó a viajar, «vi lo que faltaba en otros países y lo privilegiados que somos». Fue entonces cuando decidió volver a estudiar. Se preparó durante un curso de manera intensísima para presentar la prueba de acceso a la universidad para mayores de 25 años y entró a estudiar Biología en la Autónoma de Barcelona. Posteriormente hizo un máster en  biodiversidad y biología evolutiva. «Me siento realizado», explica.

Eso sí, no oculta que ha habido dificultades; volver a poner a tono el cerebro para aprender después de tantos años cuesta (todos en la mesa asienten), especialmente cuando se tienen otras obligaciones, como Jennifer y Razika, que estudiaban mientras los niños estaban en la escuela. 

«El primer trimestre suele ser el más duro», apunta la directora, pero luego se coge el ritmo. Además, una de las ventajas del alumnado adulto es que están allí por voluntad propia, saben a lo que van y suele haber muy buen ambiente entre los compañeros, «se trabaja muy duro, pero nos lo ponen fácil», asegura.

A la escuela, que actualmente está en proceso de preinscripción, se puede entrar desde los 18 años (desde los 16 en algún curso) en adelante. De hecho, especialmente en los cursos de idiomas, que son por niveles, tienen alumnos de 80 años. Este año aproximadamente la mitad de los alumnos tiene algún tipo de bonificación en las cuotas. Montserrat Fortuny, directora del IMET, de donde depende la escuela, apuntaba que la idea es que la ciudadanía sepa que «no hay edad para los estudios».

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