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Vuelven los centros de día un año después: «Estamos felices. Recuperamos nuestra vida»

Es otro paso hacia la normalidad: los ancianos que han pasado en casa la pandemia regresan a la rutina de las residencias. Juegos cognitivos, fisioterapia y gimnasia les mantienen en forma

Raúl Cosano

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Estreno del centro de día de Barà Bahia, en Roda, ayer, un año después. FOTO: Pere Ferré

Estreno del centro de día de Barà Bahia, en Roda, ayer, un año después. FOTO: Pere Ferré

«Ha comenzado el día muy bien, tenía muchas ganas de volver y estoy feliz», explicaba ayer Núria, de 85 años, usuaria del centro de día de la residencia Barà Bahia, en Roda de Berà, que abrió sus puertas más de un año después. «En casa todo era más aburrido. Aquí hacemos más cosas. Me gusta mucho venir, es entretenido», relata ella, enfrascada en juegos y ejercicios que son vitales para mantenerse activa. Algunos centros de día han regresado a la actividad para beneficio de esos mayores que acuden a ellos a diario aunque vuelvan a sus casas a dormir.

El perfil de esta tercera edad ha sido particular: han pasado la pandemia lejos de los focos de contagio que han sido, en algún momento, las residencias, pero han afrontado una reclusión en casa difícil de sobrellevar física, mental y emocionalmente. «Es un día importante para nosotros. Reinauguramos el servicio después de más de un año y estamos todos muy contentos y satisfechos», resume Anna Carreras, coordinadora de la residencia en Roda.

«Tenía muchas ganas de volver porque no paramos de hacer actividades. Me gusta mucho venir»
Núria. Usuaria de centro de día

Con los geriátricos definitivamente resguardadas del coronavirus, el regreso de los centros de día es otra bocanada de aire fresco. «Es un paso más para superar la pandemia y llegar a la plena normalidad, que se parece a la que había antes. Las familias estaban esperando mucho estas reapertura, tan importantes para ellas. Supone recuperar los servicios asistenciales o las sesiones de fisioterapia. En los domicilios ha faltado todo eso», apunta Carreras. Juegos de todo tipo, atenciones psicólógicas, estimulación cognitiva, sesiones de peluquería y estética e incluso fiestas forman parte de estas jornadas en las que los usuarios de los centros de día también se pueden juntar y convivir con los usuarios del geriátrico.

Juegos y ejercicios para ejercitar la mente, ayer en Barà Bahia. FOTO: Pere Ferré

Talleres de cocina, pasatiempos, paseos o cualquier actividad para mantener en forma la mente son habituales en la programación. Los beneficios son evidentes. «A nivel emocional es muy importante recuperar todo esto. Para ellos supone volver a su vida cotidiana, que se había quedado cortada. Se despejan, salen del domicilio, recobran las relaciones sociales», cuenta Anna Carreras.

Teresa Ferré, concejal de Cultura, Acció Social i Gent Gran en Roda de Berà, incide igualmente en la aportación clave de estos espacios: «Es lo que queríamos todos, porque supone ir en dirección a la normalidad. Es volver a recuperar la actividad de salir y para muchos supone un reencuentro, la forma ver a esas personas con las que compartían todo. Estamos orgullosos de poder volver». Ferré recalca que «en estos centros tienen acceso a otro tipo de actividades, el fisio, el gimnasio, el contacto con otros abuelos… Es una vida que habían perdido».

«A nivel emocional es muy importante volver. Los mayores pueden recuperar su vida cotidiana»
Anna Carreras. Coordinadora de Barà Bahia

En Roda, hay cinco plazas públicas en ese centro al que acuden personas de entre 75 y 90 años. «Somos el primer centro de día integrado en la residencia que abre en Tarragona. Animamos a todos los centros a que hagan lo mismo y den ese paso, para dar cobertura a los mayores», indica José García, director de la residencia. Esta vuelta ha sido posible gracias a la difusión de la vacuna. «Hemos vacunado al 100% de los residentes y también a los usuarios del centro de día, así que por eso hemos podido recuperar toda la actividad», explica José García.

«Mucho más tranquilos»

L’Onada también ha vacunado al personal y residentes de todos sus centros, para generar una inmunidad de rebaño que, tras tres meses de vacunación, convierte a los geriátricos en los espacios más seguros y fiables. En otros centros de día que funcionaban autónomamente y no estaban ligados a una residencia, sí se había mantenido la actividad o parte de ella. Es el caso de L’Onada de Mont-roig del Camp. «Volvimos después del primer confinamiento y hemos funcionado con normalidad. Ahora estamos ya todos vacunados pero seguimos trabajando con las mismas medidas de seguridad. Los usuarios siguen llevando mascarilla, cuidamos mucho la higiene y la ventilación. Eso sí, la tranquilidad es mucho mayor. Las vacunas han funcionado muy bien», explica la directora del centro, Míriam Díaz.

Una actividad en el centro de día de L’Onada Mont-roig del Camp. Foto: L'Onada

Ella reivindica la importancia crucial de estos centros de día: «Cuando volvimos nos encontramos con usuarios que habían sufrido un bajón importante, a nivel de estado de ánimo. Aquí no paran de hacer cosas, a nivel de estimulación. Llegan, desayunan, hacen gimnasio, talleres de memoria, atención, salida al jardín... Todo eso conforma una rutina que les beneficia mucho y que es imposible de hacer en casa por mucho que la familia lo intente».

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