Y Catalino despertó a los vecinos

Vall de l’Arrabassada.  Los rebuznos del burro de madrugada hicieron asomar a más de uno. Los Mossos lo recogieron 

Àngel Juanpere

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Catalino, atado a un palo, a la espera de ser recogido por la Guàrdia Urbana.  FOTO: DT

Catalino, atado a un palo, a la espera de ser recogido por la Guàrdia Urbana. FOTO: DT

¿Qué es lo que se oye en la calle?, se preguntó Xavi, un vecino de la Vall de l’Arrabassada, a las cinco de la madrugada del pasado martes. Al asomarse por la ventana vio a unos mossos d’esquadra que intentaban capturar a un burro que transitaba a sus anchas por dicho barrio. Incluso uno de los agentes le daba pan –se supone que era de su propio bocadillo– para que el animal se acercara. Al final le pudieron poner una cuerda. Y después de estar dos horas con Catalino –así se llama el equino, según se supo después–, se hizo cargo la Guàrdia Urbana, que se lo entregó a su dueño. No es la primera vez que este ejemplar protagoniza historias en el barrio.

A las cinco menos cuarto de la madrugada, los Mossos recibieron el aviso de que un asno estaba caminando rápido por la calle Joan Fuster. Y lo hacía en dirección a la playa, con el consiguiente peligro de provocar algún accidente. Una patrulla de Trànsit se dirigió al lugar. «Duermo con las ventanas abiertas y escuché ruido. Cuando me asomé a la ventana vi a un mosso que le daba pan mientras el otro intentaba ponerle la cuerda», recuerda Xavi. Al final lo lograron en la calle Josep V. Foix, en la zona de acceso a la estación de ITV. Consiguieron atar al animal con una sirga y lo ataron a un palo. Y a esperar, porque ni la Guàrdia Urbana ni los agentes rurales acudían al lugar. «Los dos mossos se pasaron un montón de rato en el lugar: uno cogiendo la cuerda y el otro, mirando».

Finalmente, después de dos horas contemplando al equino, cuando faltaban diez minutos para las ocho de la mañana llegó la patrulla de la Unitat de Medi Ambient de la Guàrdia Urbana para hacerse cargo del burro al tratarse de un animal doméstico, que es competencia municipal. 

Al cabo de media hora se logró contactar con los laceros municipales. A las nueve, una patrulla reconoció a Catalino de otras intervenciones y cuyo dueño vive cerca del cementerio. Sobre las nueve y media de la mañana se presentó en el lugar y se llevó al burro. 

El propietario es un vecino de Tarragona que se pasea desde hace años con su mascota por la ciudad y ha sido motivo de diversas intervenciones de la Guàrdia Urbana. En una ocasión quiso desfilar con Catalino en plena rúa de Carnaval, lo que fue impedido por una patrulla de la Guàrdia Urbana, que lo llegó a multar. Dicen las malas lenguas que el hombre se sentía tan perseguido por dicho cuerpo policial y que puso Catalino a su mascota en recuerdo de uno de los policías. 

Y el año pasado, también en la Vall de l’Arrabassada, el burro fue visto atado a un árbol –en la esquina de las calles Josep Pla y Llorenç de Villalonga– mientras su dueño iba a hacer encargos. La presencia del animal no pasó desapercibida entre los vecinos, que lo fotografiaban y colgaban las imágenes en las redes sociales. Y es que el animal ha participado incluso en manifestaciones de índole laboral, eso sí, siempre acompañado por su dueño.

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