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‘Y después de diez años soportando obras... ahora nos suben el alquiler’

Los inquilinos de los locales comerciales del entorno del Mercat no pueden asumir el alto precio de los alquileres

Carla Pomerol

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‘Y después de diez años soportando obras... ahora nos suben el alquiler’

‘Y después de diez años soportando obras... ahora nos suben el alquiler’

Ahora el edificio del Mercat Central ya está reformado y la actividad es frenética. Todo parece indicar que la carpa provisional sólo será un recuerdo lejano y borroso en pocos día. Pero la polémica y el malestar continúa en la zona. Y es que la mayoría de los propietarios de los locales del entorno del Mercat han subido el precio del alquiler a los inquilinos después de la apertura del nuevo edificio. Esta medida ha provocado que muchos de los inquilinos se planteen la opción de bajar persiana e irse de allí. «No podemos hacer frente a estas cantidades de dinero. Es abocarnos, aún más, a la ruina», explica uno de los inquilinos.
Está claro que se abre una nueva etapa para la zona del entorno del Mercat, que se convertirá, en breve, en el centro comercial de la ciudad, después de la apertura del nuevo edificio y de la urbanización de la Plaça Corsini. Pero los inquilinos aseguran que, de momento, no se han notado mejoras y las ventas son las mismas o, en ocasiones, menores que durante las obras del Mercat. Es por eso que algunos de ellos se ven obligados a cerrar los negocios después de diez amargos y desagradables años, en qué lo único que escuchaban era el ruido de las máquinas.


Así lo cuenta David Arjona, hijo del inquilino del Bar Super, situado en la calle Reding. La familia ŕrealquiló el local, un bar, en el año 2000. Cuando llegaron las obras del mercado, le bajaron el precio del alquiler, cosa que Arjona y su padre agradecieron mucho, ya que «me pasaba el día solo detrás del mostrador, desde que abría hasta que cerraba. Esto me ha afectado mucho», asegura el joven. Pero la esperanza y la ilusión le hacían tirar hacia delante, pensando siempre en la apertura del Mercat. «Dijeron que las obras durarían dos años y por culpa de esta mala previsión nos hemos arruinado. Si la reforma hubiera durado lo que dijeron, habríamos aguantado», explica Arjona. Pero lo que no se esperaban es que, ahora, que parece que todo se ponga en su sitio, llegue el final de la historia de su negocio. 


La familia pagaba unos 880 euros mensuales de alquiler, pero el propietario les pide ahora 2.600 más IVA. «No lo podemos pagar, es un suicidio aceptar este trato. Pero me sabe mal bajar la persiana e irme, porque hemos aguantado mucho», explica Arjona, quien añade que «ahora es cuando deberían ayudarnos y darnos un año, como mínimo, de margen para recuperar todo lo perdido». Tal como está previsto, el próximo 20 de mayo, el Bar Super dejará de servir cafés, bajo la mirada triste de los comercios vecinos.


Según el secretario general de la Cambra de la Propietat Urbana, Manuel Sosa, la zona del Mercat se convertirá en el principal foco comercial y, por lo tanto, «los locales se revalorizan desde ya». El fenómeno es muy parecido al que ocurrió en las inmediaciones de El Corte Inglés cuando se instaló la superficie comercial. «En esa zona no había ningún atractivo, pero, de repente, muchos negocios pequeños se instalaron para vivir de El Corte Inglés y los propietarios aprovecharon para subir el precio del alquiler», asegura Sosa. 


Abdel Benlahcen, el inquilino de Frutería Nadia, situada en la calle Reding, también ha sido víctima de la subida de precios. «Me han subido un 30% el alquiler», explica Benlahcen, quien añade que «la mayoría de propietarios, llevan años, presentando contratos de un año. De esta manera, pueden cambiar de opinión cuando quieran». El gerente de la Frutería Nadia asegura que han pasado tres años «muy malos» y que «ahora, los propietarios no son capaces de esperarse unos meses hasta recuperar la inversión perdida. Me parece muy injusto. Pero no queda otra que resignarse y aceptar, porque los propietarios saben que si nosotros nos vamos, aceptará la oferta otra empresa». Benlahcen añade que este fenómeno se refleja en la zona. «No hay una continuidad de establecimientos, cierran y abren los negocios».


A  por las franquicias
Algunos de los inquilinos opinan que la intención de los propietarios es echarlos y alquilar el local a otras empresas, como por ejemplo franquicias y marcas conocidas de ropa. «Actualmente, se trata de una zona de primera categoría y los propietarios aprovecharán para sacar el máximo rendimiento», explica Manuel Sosa, secretario general de la Cambra de la Propietat Urbana. En la calle Lleida, un negocio de ropa de mujer también se ha visto obligado a cerrar sus puertas. Ahora, abrirá una churrería. Los comerciantes de la zona prevén que éste no sea el único local que cambiará de inquilinos.


Sergi Nasarre, catedrático de Derecho Civil de la URV, asegura que «el alquiler de los locales comerciales se rigen por la libertad contractual, a diferencia de los de la vivienda que cuentan con algunas protecciones mínimas, ya que se trata de un derecho humano». Por su lado, Manuel Sosa asegura que «los alquileres deben ser posibilistas: el inquilino debe pagar pero también ganar. Si continuamos así, eliminaremos el comercio de proximidad. Todo serán franquicias».
Anna Álvarez, propietaria de la tienda de decoración El Desván, ubicada en la calle Reding, explica que «nosotros pactamos que, cuando el Mercat estuviera listo, el precio del alquiler subiría. El problema es que, es cierto que pasea más gente por la zona, pero al final del día, la caja es la misma que antes de acabar el edificio». Álvarez añade que «llevo veinte años aquí y mi intención es aguantar el máximo tiempo aquí. Pero es cierto que nos hubiera gustado que los propietarios tuvieran un poco de paciencia». Los comerciantes de la zona llevan más de diez años esperando que lleguen mejores tiempos. Ahora, también esperan a que la los obreros acaben, de una vez por todas, con la carpa provisional y así poder urbanizar la Plaça Corsini. No podrán pagar el alquiler, pero les sobra ilusión y esperanza para continuar adelante. Algunos se resisten a irse aunque les cueste casi la vida.

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