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«¿Y si me quedo sin batería en el móvil, cómo entro?

La pilona de la calle Armanyà se puso ayer en funcionamiento para regular el entorno del Pau Delclòs. La medida no gusta a los vecinos

Carla Pomerol

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Para salir de la calle, dirección calle Unió, la pilona detecta la presión de las ruedas del vehículo y baja de manera automática. FOTO: fabián acidres

Para salir de la calle, dirección calle Unió, la pilona detecta la presión de las ruedas del vehículo y baja de manera automática. FOTO: fabián acidres

La pilona de la calle Armanyà, que tiene como objetivo regular el tráfico del entorno de la Escola Pau Delclòs, entró ayer en funcionamiento. Se trata de una histórica reivindicación por parte de la comunidad educativa del centro escolar, que reclamaba la medida para garantizar la seguridad de los más pequeños al salir de clase. Pero no siempre llueve a gusto de todos. Y es que, tanto vecinos como restauradores de la zona, no se mostraron muy de acuerdo con su puesta en marcha. Era el caso de Maria, una vecina que guarda el coche en la calle Méndez Núñez, y que se vio sorprendida ayer por la pilona.

En la calle Armanyà, le esperaba un operario de la empresa que ha instalado la pilona. Era el encargado de informar del funcionamiento a todos los vecinos que querían entrar o salir de los tres parkings afectados por la medida. Maria no tenía ni idea de lo que estaba pasando. «¿De verdad que no hay soluciones más fáciles?», se preguntaba.

La mayoría de vecinos que guardan el coche en esa zona recibieron un correo electrónico ayer por la mañana de parte de las administraciones de las fincas, en que se informaba de cómo bajar la pilona. Los vecinos deben hacer una llamada perdida a un número de teléfono, previo registro. Al tercer tono de llamada, la pilona baja y el vehículo puede acceder a la calle Armanyà. El operario, quien explicaba el nuevo sistema a todos los vecinos que querían entrar, también estará durante el día de hoy para resolver cualquier duda. 

Para los padres de la Escola Pau Delclòs ayer finalizaba una larga reivindicación. Pero Maria no lo veía de la misma manera. «Si es por la seguridad de los niños, en las Teresianes o Carmelites también pasan coches, y nadie dice nada ni ponen pilonas», aseguraba esta vecina, quien añadía que «está claro que somos la calle más condenada de todas. Sea como sea, siempre tenemos problemas de movilidad. Cuando hay correfoc, calle cortada; cuando hay alguna Marató, calle cortada. Solo faltaba esto ahora».

Además, Maria valoraba que el sistema de acceso es un tanto «engorroso», y añadía que «sería más sencillo que hubiera un lector de matrículas, porque ya me explicarán cómo haremos la llamada perdida si nos quedamos sin batería en el móvil». Otra vecina, María Isabel González, tampoco sabía nada. «¿Pero tenemos que pagar algo para poder entrar y salir de la calle?», se preguntaba, desconcertada, González. El sistema para salir es más sencillo. La pilona detecta la presión de las ruedas y baja de manera automática. No obstante, González estaba preocupada, ya que está haciendo obras en su casa y repetía que «la nueva medida me perjudicará». 

Ceñirse a los horarios escolares

La pilona bajará, cada día, a las 9.30 horas, cuando los alumnos ya estén en clase, para que los camiones y proveedores de restaurantes y bares puedan llevar a cabo la carga y descarga de género. A partir de las 11.30 horas, subirá de nuevo para dar por finalizada la operación. De hecho, este ya era el horario marcado hasta ahora para hacer estas maniobras. Pero no se cumplía, lo que implicaba que los niños convivían, al salir de clase, con los camiones.

Los restauradores tampoco ven con buenos ojos la iniciativa. «Me parece una medida abusiva, porque debería ceñirse al horario escolar. El objetivo tendría que ser hacer más fácil la vida de todos, para fomentar la convivencia», aseguraba Lluis Estradé, propietario de la Cafeteria Cisne, de la calle Méndez Núñez. En esta misma línea se mostraba Simone Galassi, de la Pizzeria Da Mario, en la misma calle. «Es innecesario que la pilona esté activa durante los fines de semana y durante el verano», aseguraba Galassi, quien añadía que «hay proveedores que nos dicen que no pueden llegar antes. No sé como lo haremos».

Por su parte, el concejal de Mobilitat del Ayuntamiento de Tarragona, Josep Acero, quien ayer estuvo in situ para también resolver dudas, aseguraba que el horario de carga y descarga de los sábados se ampliará, «seremos más flexibles», decía Acero. Otra de las cosas que se deberá tener en cuenta con la puesta en marcha de la pilona es la programación del Teatre Metropol, ya que es muy habitual encontrar vehículos que cargan y descargan atrezzo, por la entrada de la calle Armanyà.

Quienes ayer estaban satisfechos eran los padres de la Escola Pau Delclòs. Sònia Rus, madre del centro, explicaba que «por fin ya no tenemos que estar con mil ojos, vigilando que no atropellen a nuestros hijos al salir de clase». Por su parte, Roger Vidal, presidente de la UMPA Pau Delclòs, aseguraba ayer que «estamos contentos, pero creemos que la medida ha llegado un poco tarde», y añadió que «hasta que no decidimos trasladar la problemática a las redes sociales, nadie nos hizo caso. Teniendo en cuenta la inversión mínima que era, esperábamos más rapidez. Por suerte no hemos tenido que lamentar ningún accidente».

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