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Y tú qué eres, ¿pijo, cani o choni?

Un estudio de la URV evidencia la lectura que los chicos y chicas adolescentes hacen de sus iguales

Gloria Aznar

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Pija o choni son etiquetas que aparecen reiteradamente para clasificar la estética. Foto: URV

Pija o choni son etiquetas que aparecen reiteradamente para clasificar la estética. Foto: URV

Choni, cani o pijo son algunas de las etiquetas que circulan entre los jóvenes. No son nuevas. Sin embargo, estos prejuicios han pasado a las redes sociales, donde se clasifica y se jerarquiza a partir, sobre todo, de la estética y de la división de género. Ellas son chonis o pijas. Ellos, pijos o canis.

Un estudio llevado a cabo por investigadoras del Grupo de Investigación en Comunicación Asterisc de la Universitat Rovira i Virgili (URV), evidencia la lectura que los chicos y chicas adolescentes hacen de sus iguales a partir de cómo se muestran en las redes sociales.

Siete grupos de jóvenes, de entre 16 y 20 años, han participado en este trabajo explicando cómo valoran sus autopresentaciones. Y, en este proceso, las etiquetas de pija y choni aparecen reiteradamente para clasificar y jerarquizar la estética y la conducta sexual de las chicas. La definición que hacen de sus diferencias huye de una explicación socioeconómica y apunta hacia los sesgos de género.

Estereotipos

Sara, Alba y Nerea, estudiantes tarraconenses lo tienen claro: chonis hay más y tienen un estilo más marcado. «Siempre van en chándal, muy pintadas pero en plan exagerado, moño, pendientes muy grandes, joyas, oros, extravagantes. Colores chillones, verde, amarillo fosforito, rosa».

Para ellas lo extravagante es combinar «un aro de dos metros de radio y un chándal, no queda bien», aseveran. Las marcas y el vocabulario también entran.

«Siempre Adidas y palabras como tronco, hermana, gorda o jambo». La otra cara de la moneda son las pijas, que «se arreglan más, con sus zapatitos, su bolsito y aunque no tiene por qué ser ropa de marca, el 80% lo es. Pero puedes ir pija y vestir de Inditex. Y no gritan tanto, no son tan escandalosas. Son más finas».

Y el cani viene a ser una choni pero en masculino. Para estas jóvenes tarraconenses es el que lleva el «pendiencito con la cruz colgadita. El cani supremo es el que lleva los pantalones con dragones, cosas muy extravagantes, el coche a la velocidad que quiere con la música a tope, piercing en las cejas, gorras y mucho tatuaje, incluso en la cara». 

Se trata de unos estereotipos que se refuerzan cuando pasan a los espacios virtuales.

Desprecio grupal

Las investigadoras de la URV consideran que efectivamente las redes sociales refuerzan un doble estándar omnipresente: el doble estándar sexual que hace que las chicas sean criticadas con parámetros sexuales, a diferencia de los chicos; y también el doble estándar que atribuye mal gusto y falta de cultura a las personas que son consideradas empobrecidas o con pocos estudios. 

Este doble-doble estándar genera un desprecio hacia las chicas -las chonis- a las que se les atribuyen autopresentaciones y prácticas en la red de acuerdo con este juicio de clase y género. El estudio muestra que los medios sociales son un espacio clave donde se juzgan las feminidades de clase en un lugar público compartido por los jóvenes.

Las participantes en estos grupos de discusión, preguntadas por sus estrategias de representación en las redes sociales, hablaban de dos únicos perfiles: pija y choni

Para las entrevistadas, pija es una noción neutra, un marcador de identidad estándar utilizado como contrario de la etiqueta verdaderamente despectiva que es la de choni, un estigma reconocido colectivamente. Sin embargo, el perfil de las chonis sí que lo tienen muy definido, delimitado e identificado con símbolos culturales muy específicos como, por ejemplo, pantalones muy ajustados, tangas, piercings, tatuajes, cola de caballo o moños, maquillaje excesivo y posturas provocadoras que son leídas en clave sexual.

Los discursos elaborados en las autopresentaciones reproducen estos estereotipos y no contribuyen a transformarlos. Todos los adolescentes se muestran conscientes de estos prejuicios pero manifiestan dificultad (incluso imposibilidad) para superarlos, lo cual legitima un bagaje cultural machista.

Presión por erotizar

Según las profesoras del Departamento de Estudios de Comunicación Cilia Willem, Iolanda Tortajada y Núria Araüna, también miembros del grupo de investigación Asterisc, estos marcadores de clase sirven para establecer límites entre las chicas en las redes sociales, donde la norma es la autosexualización

Una de las preocupaciones de las chicas que han participado en los grupos de discusión ha sido evitar ser etiquetadas como chonis cuando construyen una imagen atractiva. A lo largo de la investigación, ellas han expresado la presión que sienten por erotizar, ya sea a través del refuerzo positivo del grupo de iguales o por el peso de una cultura mediática que cosifica a las mujeres. Y a la vez, son juzgadas por esta sexualización.

Los resultados del trabajo coinciden con el estereotipo con el que son cargadas las mujeres de clase trabajadora en otros contextos culturales como, por ejemplo, en el Reino Unido, donde la figura de la chav femenina es vista como una exhibición continua de falta de cultura, de estilo y de gusto.

A pesar de que hay un cierto grado de control del estilo y del gusto que proporciona a las chicas guías sobre cómo no perjudicar su reputación sexual y social, los juicios de los demás se escapan de su control. 

Así, para la pija, definir a la choni es establecer la línea que no se debe pasar, aquello que justifica la propia autosexualización, presentada como una exhibición casi artística. A pesar de que pijas y chonis son susceptibles de recibir críticas de carácter sexual, la mayoría de los participantes en la investigación afirmaban que las autopresentaciones de las pijas acababan esquivando la sanción y otorgándoles popularidad y estatus.

No solo los chicos etiquetan a las chicas como chonis sino que, de manera defensiva, también lo hacen las chicas entre ellas. Obviamente, todos reconocen y aplican la dualidad, pero intentan posicionarse fuera.

Así, con el objetivo de librarse del estigma de la choni lo transfieren a otras. Esta carencia de solidaridad de clase entre mujeres, tal como expresan todas las personas que han participado en el trabajo, es un aspecto del postfeminismo muy estudiado. 

A la estigmatización de género y de clase se deben añadir los juicios a las chonis como «imprudentes» por compartir o subir fotos sexualizadas en una sociedad que responsabiliza a las mujeres de las agresiones que sufren.

Después de haber estudiado las desigualdades de género y de clase social entre la población adolescente en las redes sociales desde el año 2008, este equipo de investigación de la URV acaba de poner en marcha un proyecto I+D sobre la dimensión apoderadora de las creaciones audiovisuales en red llevadas a cabo por youtubers.

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