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Ya mueren más tarraconenses de los que nacen

En 2017 se registró el vuelco demográfico en la provincia: las muertes superaron a los nacimientos, algo histórico que ya pasaba en España pero no en Tarragona. Los expertos hablan de suicidio poblacional

Raúl Cosano

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Los datos del INE son una muestra más del envejecimiento. Por primera vez desde 1999 hay más muertes que nacimientos.  FOTO: Pere Ferré

Los datos del INE son una muestra más del envejecimiento. Por primera vez desde 1999 hay más muertes que nacimientos. FOTO: Pere Ferré

No por anunciado el giro demográfico que sufrió la provincia en 2017 deja de tener menos trascendencia. Los datos publicados ayer por el INE referentes al año pasado indican que Tarragona, por primera vez en décadas, tuvo más defunciones que nacimientos, un cambio de tendencia histórico en la provincia, que hasta ahora se salvaba de ese ocaso demográfico extremo que sí se venía produciendo en el global de España.

En la provincia hubo 6.983 nacimientos por 7.004 defunciones. El saldo es reducido, de 21 personas, pero es negativo por primera vez en casi 20 años –desde 1999– y se vuelve excepcional en tanto que marca un punto de inflexión para una inercia que se irá acentuando, según admiten sociólogos y analistas, conforme a esta realidad innegable: ya se muere más gente de la que nace. 

Estas estadísticas ponen fin, de alguna manera, a los años de crecimiento poblacional, no sólo porque la inmigración se frenó sino porque ahora el crecimiento vegetativo también muestra números rojos.

«No sorprende, porque la dinámica era esta. Lo que ocurre es que a Tarragona la había salvado hasta este momento la inmigración, que ha hecho que fuera creciendo la población», cuenta Àngel Belzunegui, doctor en Sociología y profesor en la URV. Belzunegui desglosa así la evolución: «El saldo migratorio muy positivo comienza a partir del año 1998.

Es cuando empezamos a recibir muchísima inmigración, y eso se mantiene hasta 2010, dos años después de comenzar la crisis», cuenta, y añade: «Había venido mucha gente de fuera en edad reproductiva. Eso hace que aumenten los efectivos por sí mismos pero también porque tienen hijos». A partir de ahí el frenazo migratorio y, directamente, la marcha o el regreso de extranjeros afincados entran en juego.  

Índice muy bajo de fertilidad

Así pues, si Tarragona ganaba habitantes no era porque nacieran muchos, sino porque llegaba una gran cantidad de personas, la mayor parte en busca de un empleo y huyendo de la precariedad y hasta de la pobreza en su país. 

«Lo que ha ocurrido en 2017 era esperado y es simplemente una consecuencia de tener uno de los índices de fertilidad más bajos del mundo», agrega Belzunegui.

Hasta el momento, el saldo vegetativo negativo se producía en numerosos pueblos de la provincia –sobre todo en los más pequeños y los situados en zonas más despobladas del interior–. Sin embargo, es la primera vez que se experimenta a nivel global en la provincia y teniendo en cuenta todo un año. 

España registró en 2017 un total de 391.930 nacimientos, el número más bajo desde el año 1999, mientras que la tasa de natalidad se sitúa en 8,4 nacimientos por cada mil habitantes y es la más reducida de toda la serie histórica, que se remonta a 1975.

Según datos provisionales, el año pasado nacieron en España 391.930 niños, lo que supone un descenso del 4,5% respecto al año anterior (18.653 nacimientos menos) y, desde 2008, año en que nacieron 519.779 niños y que fue el máximo en 30 años, el número de nacimientos se ha reducido un 24,6 %. En Tarragona, el retroceso fue de algo más del 3%, pero del 25% –la cuarta parte– si se compara con diez años atrás. 

Más fallecidos

Además, el número de mujeres entre 15 y 49 años (en edad de ser madres) se ha reducido hasta los 10,57 millones en 2017, de forma que continúa la tendencia a la baja iniciada en 2009 que se debe a que ese rango de edades está formado por generaciones menos numerosas nacidas durante la crisis de natalidad de los 80 y primera mitad de los 90.

Por su parte, durante 2017 fallecieron en España 423.643 personas, un 3,2% más que en el año anterior. En Tarragona, las muertes subieron un 2% con respecto a 2017. Si se retrocede un decenio, hasta 2007, el incremento es del 12%, un indicador más de que la esperanza de vida se alarga de forma notoria, implicando el consustancial envejecimiento de la población. 

Todo esto implica que durante el pasado año España perdió población, en concreto 31.245 personas (la diferencia entre nacimientos de madre residente en España y defunciones de residentes en el país), algo que ocurrió por primera vez en 2015, cuando se registró un saldo negativo de 1.976 personas, pero que previamente nunca había pasado.

Por lo tanto, a Tarragona ese vuelco demográfico augurado desde hace tiempo ha llegado dos años más tarde que en el resto de España. 

Francesc Núñez, sociólogo natural de Tivissa y profesor en la UOC, alerta de la situación: «Tarragona es una provincia más despoblada que otras, sobre todo hacia el sur y en comarcas del interior. Es dramático ver este envejecimiento de la población y la evolución de las pirámides que se ofrece en algunas proyecciones». 

Núñez considera que esta inercia conlleva problemas a nivel de mano de obra de trabajo y, en último término, de economía. «En la inmigración estará la clave, si se hace de forma correcta. Este tipo de sociedades dependen mucho del flujo migratorio», cuenta el sociólogo ebrense. 

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