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Yo tampoco estoy bien... Y lo cuento

Una campaña de Obertament llama a romper las barreras que nos impiden buscar ayuda. Dos tarraconenses cuentan su experiencia

Norian Muñoz

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Francesc en uno de sus paseos en bicicleta. Pedir ayuda fue clave en su recuperación.

Francesc en uno de sus paseos en bicicleta. Pedir ayuda fue clave en su recuperación.

De tanto usarla, la pregunta: ¿cómo estás?, se ha convertido más en un saludo que en una manera de interesarse por el otro. El que responde, por su parte, muchas veces prefiere pasar de puntillas por la conversación con un: ‘bien’.

Desde hace unos días la asociación Obertament ha dado la vuelta a la tortilla con su campaña «Yo tampoco estoy bien», una invitación a romper con las barreras que impiden a las personas que tienen malestar psicológico o emocional pedir a ayuda. De hecho, entre el 35% y el 75% (según el estudio que se mire) de quienes tienen un problema de salud mental no se atreven a pedir ayuda, lo que retrasa su tratamiento y recuperación. 

Se prevé, además, que la crisis de la Covid-19 tenga un impacto negativo en la salud mental de la población en general. Según un estudio de la Agència de Salut Pública del Departament de Salut y ESADE, tras el confinamiento se triplicó el porcentaje de personas que referían síntomas de depresión o malestar emocional. 

En primera persona

¿Y por qué cuesta tanto pedir ayuda? Francesc Martínez, tarraconense, ingeniero electrónico, de 35 años, nos ofrece su testimonio. Aunque tal vez la mejor parte de la conversación es que cuando le preguntamos «¿cómo estás?» responde sonriente: «Estoy bien, se comienza a ver la luz después de todo».

Siendo un adolescente comenzó a tener muchos miedos, a angustiarse y a obsesionarse en exceso. En algún momento consultó con un especialista a quien no se atrevió o no supo explicarle bien lo que le pasaba, así que lo suyo fue calificado como algo «natural de la adolescencia».

Ya en la mayoría de edad logró, por fin, conseguir la ayuda que necesitaba, una terapeuta que pudo ayudarle a entender y trabajar con su carácter obsesivo compulsivo. Y a estar bien.

Cuenta que durante el confinamiento sintió miedo e inquietud, como todo el mundo, pero gracias a lo que había trabajado «conseguí gestionarlo muy bien». Tuvo, además, alguna sesión con su psicoterapeuta. Le ayudó mucho el deporte y ha vuelto a coger la bici después de 15 años.

Cuando le preguntamos por qué cuesta tanto pedir ayuda, cree que es porque «no sabemos mucho de salud mental y da miedo. Tenemos imágenes estereotipadas de las películas donde es todo muy exagerado».

Para él, poder hablar de lo que le pasaba fue el inicio de una recuperación, por eso cree que para el que escucha es importante ser receptivo. A quienes tienen alguien delante que intuyen que no está bien les anima a escuchar: «Dejar que la persona hable, entenderla en lugar de darle consejos, decirle: ‘estoy contigo si necesitas que te abrace o te acompañe a algún lugar’».
Recuerda, además, que en la web de la campaña www.jotampocesticbe.cat hay un test de autoevaluación y herramientas sobre cómo iniciar una conversación de salud mental.

Acortar el camino

Carina, también tarraconense, de 35 años, ha seguido un camino parecido al de Francesc. De adolescente pidió ayuda porque notaba que su vida «no era una vida ordinaria, tenía muchos altibajos», pero no consiguió explicar con detalle lo que le pasaba «por vergüenza, por culpa, o porque pensaba que no era importante».

Cuenta que su caso fue como aquello de la rana hervida. Comenzó con episodios leves pero a medida que pasaban los años eran más graves y más profundos. Se iba acostumbrando a ese malestar, «hasta que peté».

El diagnóstico,un trastorno bipolar tipo uno, no llegó hasta los 30 años. Poder sincerarse ha sido la base en el camino de su recuperación. Hablando con ella es fácil creerle cuando dice que está bien. «Con mi familia estamos más unidos que nunca, y con mi pareja tenemos un gran trabajo de comprensión mutua para construir un proyecto de vida saludable y bonito... Tuve la suerte que tanto mi familia como mi pareja tuvieron un trabajo muy activo para formarse e informarse y el cambio ha sido brutal».

Gracias al trabajo previo con una psicóloga experta en su trastorno ha podido mantenerse estable durante la pandemia. «Estoy orgullosa y agradecida», remata.

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