«Estamos desbordados y preocupados»

Entrevista a Mercè Rocamora y Emilia Giráldez Trabajadoras sociales en el IMSS Tarragona. Las dos trabajadoras sociales de primera línea hablan de un servicio que cada vez necesitan más tarraconenses aunque para muchos sea todavía un tabú

| Actualizado a 12 febrero 2022 06:50
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En la última encuesta sobre el impacto de la Covid-19 en la ciudad realizada por el Institut Municipal de Serveis Socials (IMSST) del Ayuntamiento de Tarragona y la URV, el 23% de los encuestados dijo que necesitaría pedir ayuda a servicios sociales en los próximos meses. No obstante, sólo el 4% dijo que, llegado el caso, lo haría. Hablamos con Mercè Rocamora Montañés, coordinadora de servicios sociales de la Zona Centro (que abarca el centro de la ciudad además de la Part Alta y la Part Baixa), y con Emilia Giráldez Alvaro, del equipo de tratamiento del mismo centro. Ambas son trabajadoras sociales. La primera, con 17 años de experiencia, y la segunda, con 23.

¿Por qué hay tanto estigma? ¿Por qué la gente no cuenta que ha venido aquí como cuando va al médico?

Mercè Rocamora: Está aceptado que tengas un problema de salud y vayas al médico, pero no que podamos explicar nuestras dificultades de relación o económicas. Siempre está aquella frase de: «Lo que pasa en casa se queda en casa». Es como un tema tabú, creemos que es parte de nuestra cultura. También es verdad que el IMSST se creó en 1986 y éramos asistentes sociales, trabajábamos con el asistencialismo, con las donaciones. Pero el modelo ha cambiado al trabajo social, que lo que busca es el empoderamiento, la autonomía de las personas.

Hay un miedo, seguramente alimentado por las películas, de que servicios sociales te quite la tutela de tu hijo si eres una familia con dificultades.

Emilia Giráldez: Es la típica pregunta que te hacen: ‘¿Me quitaréis los niños si me quedo sin dinero y no pago el alquiler?’. Realmente se les explica que nuestra intervención no es esta. Nuestro trabajo es acompañar y dar apoyo, no sacar a los niños de las familias. Si no hay una situación de riesgo para ellos o de maltrato y abuso no es nuestra intervención. Esto se les explica y se hace un plan de trabajo.

Aclarado esto: ¿Cómo se llega a Servicios Sociales?

MR: En el IMSST somos la puerta de entrada al sistema público de servicios sociales de Catalunya. Somos un sistema del estado del bienestar, como la salud o la educación. Estamos en todos los barrios de la cuidad. Las personas llegan por una llamada telefónica o por correo, pero la red también te puede derivar. Desde un colegio puede ser que un tutor vea una necesidad; igual que una entidad como Cáritas o Cruz Roja, los servicios de salud...

¿Qué requisitos hay que cumplir de entrada?

MR: Toda persona que vive en Tarragona tiene acceso a información y acompañamiento en servicios sociales. Informamos sobre la cartera de servicios que hay y después, dependiendo de la gestión, sí que hay unos requisitos, como el empadronamiento, documentación...

Entidades como Cáritas denuncian que personas sin techo no tienen acceso a ayudas porque no las empadronan. ¿Cómo se gestiona?

Hay una ley que nos dice que todo el mundo tiene derecho al empadronamiento y aquí cuando viene una persona intentamos que se empadrone en el sitio donde está o, si no tiene sitio, tenemos un procedimiento que nos facilita el empadronamiento.

Hay la sensación de que en servicios sociales solo se tramitan ayudas económicas. ¿Qué más se hace?

MR: Atendemos a personas con problemas de salud, de salud mental, drogadicciones, mayores, personas en situación irregular, en proceso de desahucio, familias monoparentales con problemas de autonomía... Y nos ocupamos de problemas relacionales. Desde hace unos años atendemos a familias con niños y adolescentes con conflictos cronificados con los padres.

¿Las familias vienen cuando ya no pueden más?

EG: Hay un poco de todo, pero las familias llegan con una complejidad importante. Algunas llevan mucho tiempo sosteniendo la situación y cuando no pueden más vienen. Por ejemplo, vienen porque se han quedado sin trabajo, lo que supone que no hay ingresos y no pueden pagar el alquiler o la hipoteca. Puede ser que hayan perdido la vivienda y que haya problemas de salud... Es intentar trabajar con esa persona y ver cuáles son los recursos para atender sus necesidades. A veces el recurso son ellos mismos.

¿El hecho de que las administraciones trabajen de manera telemática y las personas no puedan acceder ha agravado las necesidades de atención?

MR: Nos está preocupando mucho la brecha digital. Muchas personas vienen a servicios sociales a gestionar esos trámites que son de otras administraciones pero que son necesarios para cubrir sus necesidades básicas. En Barcelona han hecho un estudio y han encontrado que en Serveis Socials dedican el 70% de su jornada a trámites. Nosotros pensamos que aquí también es así... Estamos sobresaturados y las personas vienen con sentimiento de impotencia porque es un trámite que podrían solucionar, como cuando ibas a una oficina y te atendía una persona.

EG: Por ejemplo, ahora es muy difícil o imposible pedir una cita previa en la Seguridad Social. Las familias, como lo que tienen más cerca es servicios sociales, vienen aquí a pedir ayuda.

¿Cómo ha cambiado vuestro trabajo con la pandemia?

EG: (Suspiro) Nos fuimos a casa y con lo que teníamos fuimos gestionando todas las demandas. Fue muy complicado, hubo personas que se quedaron en una situación muy precaria. Recuerdo jornadas de las ocho de la mañana hasta la tarde-noche... Creo que se sabe poco de lo que hicimos desde servicios sociales en la pandemia. Los profesionales hicimos un equipo de voluntarios y durante días en pleno confinamiento repartimos tarjetas de emergencia para que las familias pudieran cubrir sus necesidades básicas.

MR: No teníamos una red común ni unos procedimientos unificados y la necesidad nos ha hecho avanzar. Ahora todo el mundo puede trabajar desde todas partes. Hacemos algunas atenciones telefónicas pero la mayoría son presenciales.

En el confinamiento los vecinos se organizaron para ayudarse los unos a los otros. Como sociedad, ¿tendríamos que aprender algo de aquella experiencia?

EG: En aquel momento hubo esta parte positiva, pero la soledad ha existido siempre, lo que pasa es que todos teníamos unas rutinas, íbamos funcionando; y la pandemia hizo aflorar la soledad de toda la gente que no tenía esta red y que no sabía qué hacer si estaba enferma y no podía salir... Ahora hemos vuelto a la rutina y estos problemas de soledad continúan.

MR: Había muchos voluntarios; tantos que superaron las expectativas. Sí que hemos pensado que sería bueno que eso se pudiera liderar de alguna manera... Estamos en una ciudad muy grande y las ciudades no se han hecho pensando en la gente. En Barcelona han creado distritos sociales para que se generen redes de apoyo; reestructurando lo que debimos pensar en un principio. Por ejemplo, necesitamos parques y unos bancos donde sentarnos unos frente a otros y que, si hay una persona mayor, la puedas saludar.

¿Tienen los medios para atender el volumen de trabajo que tienen?

MR: Tenemos un plan estratégico de la Generalitat que marca unas líneas de actuación y las ratios de trabajadores, pero trabajamos con personas y las personas son complejas. Implica entrevistas de media hora, o de tres cuartos, de poder hacer seguimiento... No de cinco minutos. cada uno tiene una media de 120 casos; 120 familias con todo lo que eso implica. Estamos viendo que hay un aumento y estamos desbordados y preocupados. A mí como coordinadora me preocupa. Somos 18 personas.

EG: Tenemos que escuchar a las familias, ver cuáles son sus necesidades, hacer una valoración, proponer un plan de trabajo, coordinarse con la escuela, con el médico, con quien haga falta... Eso requiere tiempo y no damos abasto. Tenemos tantas demandas que estamos desbordados. Estamos constantemente atendiendo urgencias; personas a quienes desahucian en tres días y tienes que correr.

¿Los espacios son idóneos? Un estudio de COATT demostró que el edificio donde estamos no es accesible para personas en silla de ruedas.

MR: Desde que estoy como coordinadora lo estoy luchando. Hay un problema de espacio. Ahora nos consta que se están mirando vías y tenemos a la consellera trabajando... Necesitamos un espacio más grande, accesible.

EG: Las ventanas no cierran bien, no tenemos despachos suficientes... El teletrabajo se ha quedado porque no tenemos espacios para hacer las entrevistas al mismo tiempo...

MR: Y queremos ser visibles para la sociedad. Ya que tenemos este estigma queremos estar en un espacio a pie de calle, donde se nos vea.

¿Algún caso que les haga pensar que vuestro trabajo vale la pena?(Nos explican varios pero nos quedamos con uno)

MR: Recuerdo a una chica joven que vino al servicio de acogida. Tenía dos hijos, se había separado y necesitaba ayuda económica. Recibió ayuda puntual unos meses, el ‘dinem a l’escola’ para los niños. También se le orientó en temas de trabajo y durante seis meses estuvo en un plan de ocupación justo aquí, en servicios sociales, donde quedamos muy contentos con ella. Después de un tiempo fuimos a un teatro a hacer una charla y nos la encontramos. Nos dijo que estaba allí porque estudiaba trabajo social... Seguía luchando y con un hándicap más, que tenía una enfermedad grave.

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