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Josep Maria Cruset: «Si este territorio se creyera sus potencialidades sería imparable»

Según el presidente del Port, se prevé que «pasen cosas muy importantes» en los próximos tiempos en la Zona d’Activitats Logístiques (ZAL), ya que ya hay empresas interesadas

| Actualizado a 20 octubre 2022 07:00
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El 23 de noviembre de 2018 Josep Maria Cruset fue nombrado presidente de la Autoritat Portuària de Tarragona. Con la salida de Junts per Catalunya del Govern, Cruset pone fin a una etapa que de momento no se sabe cuándo finalizará ni quién será su sucesor. Sin embargo, el riudomense ya está preparando el relevo.

El viernes 7 se conocían los resultados de la consulta a la militancia que provocó la salida de Junts per Catalunya del Govern. ¿Cuál ha sido la secuencia de los hechos desde entonces?

Cuando conocí los resultados comuniqué al equipo directivo de la Autoritat Portuària que se iniciaba el calendario para el relevo y, por tanto, desde aquel momento empezamos a ordenarlo todo para que esta transición sea lo más fácil posible. Normalmente las autoridades portuarias al no depender de la Generalitat están en la última fase del relevo de un Govern. Por tanto, ya llevamos algunos días.

¿El mismo viernes ya sabía que se iba?

Seguro, además con la voluntad de hacerlo fácil internamente y hacia fuera.

¿Lo habló con el nuevo conseller de Territori, Juli Fernández?

Sí.

¿Cuándo se produjo esta conversación?

Hablamos personalmente este martes, cuando tuvimos una amable conversación y pude verbalizarle lo que le había dicho la semana pasada, que es la plena disposición a hacer la transición y que me dijera cómo quería hacerla. Aproveché para explicarle los proyectos clave del puerto, porque a pesar de todo el mundo no se para y es importante que la conselleria ya los conozca.

¿Le pidió en algún momento que se quedara?

Es que no formó parte de la conversación. Ni yo se lo planteé ni se vehiculó la conversación para que así fuera. Fue una reunión cordial y muy orientada a la ejecutividad desde el minuto uno, ya que los dos sabíamos qué iba a pasar.

¿Ha sido un error salir del Govern?

Es una decisión política tomada desde las bases del partido y, por tanto, es la mejor decisión que podía adoptarse. Al final los partidos cuando deciden funcionar de forma participativa con sus asociados significa que se deposita en ellos las decisiones en temas estratégicos. Y este era uno de ellos. Salió el ‘sí’ y por tanto es la opción correcta.

¿Se va con la sensación de dejar un trabajo a medias?

No. Estos cuatro años han supuesto el tiempo suficiente para la transformación que en los primeros días detecté que era necesaria, para adaptar el Port de Tarragona a los tiempos actuales. Y se ha podido hacer. Es evidente que cuando la gestión siempre es un continuo hay proyectos que siempre quedarán a medias, pero lo que me había propuesto que es la transformación del puerto se ha hecho. Y no tan solo desde el punto de vista de la infraestructura o de lo que estaba en el papel, que hoy se está ejecutando, sino también en cuanto a actitud. Pensar en grande para ser grandes. Autoimponerse límites es un error y este es otro de los cambios que se ha producido en esta casa.

Hace tiempo que trabajan para este Horitzó 2023 en el que confluirán los proyectos más importantes para el Port de Tarragona. ¿Cuál cree que será el más rompedor?

Hay dos líneas. Una la confluencia de los proyectos de intermodalidad, que es lo que permitirá que la carga general crezca y el puerto mantenga la posición actual. Aquí es donde se producirá este revulsivo más pronto que tarde, porque en estos momentos ya hemos percibido interés de fuera. En el primer medio año que estuve aquí la acción comercial era de puerta fría. Ir a vender libros picando una puerta y esperar a que te los compren. A día de hoy estamos atendiendo muchas peticiones en sentido contrario, gente que quiere invertir en Tarragona y viene a verte. Este es el gran cambio. Y la segunda línea es la implantación que habrá en la ZAL. Allí pasarán cosas muy importantes para el territorio, porque no hay ninguna parte en todo el país que pueda acoger una implantación de grandes dimensiones y que puedan empezar mañana las obras. En la ZAL sí.

Consolidar el puerto en la cuarta posición dentro del ranking estatal.

No tan solo estamos hablando de consolidar sino de jugar a una categoría diferente. Estoy convencido de que en los próximos meses empezarán a visualizarse cosas. Operadores potentes nos están haciendo propuestas que estamos estudiando bajo contratos de confidencialidad que hace cuatro años eran impensables. Y es un cambio en la mentalidad, la actitud de créerselo y que cuando se lo miran ven la potencia de los muelles de carga general, terminal de La Boella, terminal de Guadalajara y la ZAL. Y todo esto no está en el papel sino haciéndose. Es una combinación que ningún otro puerto del sistema estatal tiene.

¿Ha colocado las primeras piedras del puerto seco de Guadalajara y la ZAL y se ha construido un nuevo muelle, qué cinta le hubiera gustado cortar?

A uno le viene de gusto cerrar el ciclo de los proyectos, como ha pasado con el Moll de Balears, pero es que en 2018 la ZAL era un campo yermo. Administrativamente la tramitación que se había hecho se había suspendido toda. Guadalajara era un registro de la propiedad de 150.000 metros cuadrados. La Boella eran 45.000 metros cuadrados que hacía algún tren de vehículos y poca cosa más. El objetivo asumido es que todo esto ya no está en el campo del debate sino que es una realidad.

Y en medio ha habido una pandemia, una crisis de suministros y energética, sin olvidar la guerra, las borrascas y tormentas. ¿Qué ha sido lo más difícil?

Visto en perspectiva seguramente la covid. Cada día era una sorpresa, los datos eran peores y, por tanto, era muy difícil abstraerse del ruido para tener muy claro cómo tenía que funcionar este nodo para que no dejara de trabajar. Seguramente fue lo que nos tensionó más, pero también creo que nos hizo muy fuertes como organización.

Ha redescubierto el territorio bajo otra mirada, como es la del presidente del puerto. ¿Qué ha visto?

Tenemos un territorio que si se creyera sus potencialidades sería imparable. Cuando alguien que cruza medio mundo y viene al puerto y le explicamos la potencia formativa, que hay una masa poblacional suficiente y el tejido empresarial, económico y cultural... Quiero pensar que en estos últimos años se ha empezado a descubrir que al pensar en local nos empequeñece y que al hacerlo en conjunto nos hace más grandes y fuertes. De aquí sale la otra reivindicación que es que queremos ser respetados por el resto del país y para serlo debes estar convencido de que tienes capacidad, porque es la manera que empiecen a considerarte.

¿Es cuestión de creérselo?

Sí y de mirada en global. Es un poco el papel que ha ejercido el Port estos años, el de comercializar un territorio. Cuando nos viene alguien del sector de la automoción y plantea cualquier cosa para el puerto, después tu empiezas a explicarle lo que hay relacionado con la automoción en Valls, Reus, el Baix Penedès, la formación en ingenierías o lo que representa la producción de productos químicos en el Camp de Tarragona. No hay otro territorio como el nuestro. Lo tenemos todo.

¿Faltan liderazgos?

Al final los liderazgos nos dejan de ser la imagen de nuestra sociedad. Debemos creérnoslo como territorio, no los alcaldes o los diputados, sino todos.

En la primera entrevista ya hablamos del no túnel del Coll de Lilla y el no Corredor del Mediterrani. Cuatro años después estos proyectos están encarrilados, pero no acabados. ¿Hasta que punto hipoteca la actividad económica de una infraestructura como esta?

A día de hoy ya no, porque el calendario temporal en el que estarán acabados estos proyectos ya forma parte del radar que se toman decisiones a futuro. Ya no es un lastre ni representa una pérdida de competitividad, porque ya están aquí desde el punto de vista del calendario. En el pasado yo escuché que se perdieron operaciones de Volkswagen en Tarragona porque el Corredor del Mediterrani no estaba operativo, pero tampoco las he vivido en primera persona. Es evidente que es lo que nos permitirá el apalancamiento del crecimiento, porque el futuro pasa por el ferrocarril y de aquí la importancia de ordenar bien este tema en el territorio y que el Port de Tarragona con este presidente se pusiera al lado de la plataforma Mercaderies per l’Interior. O lo hacemos así o esto no tiene futuro, porque si las mercancías pasan por la costa en seis o siete años tendremos el sistema ferroviario colapsado y nosotros no podremos crecer.

¿Qué le recomendaría a su sucesor o sucesora?

No me atrevo a dar otro consejo más allá que los presidentes llegamos a esta organización solos y nos vamos solos. El personal de esta casa es el verdadero motor de la organización, por tanto, le recomendaría aprovechar el potencial humano.

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