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La calle Cós del Bou de Tarragona será peatonal y con terrazas

Los vecinos son contrarios a la medida y acusan al Ayuntamiento de «convertir la Part Alta en un parque temático»

| Actualizado a 17 mayo 2022 07:00
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La Calle Cós del Bou de Tarragona será definitivamente peatonal. Además, los cinco bares y restaurantes que hay en la calle podrán solicitar terraza durante todo el año y de manera permanente. Así lo ha dictado el Ayuntamiento a través de un decreto firmado por la concejala de Domini Públic, Cinta Pastó, quien pretende con ello, dice, regular el espacio público para garantizar la convivencia entre las terrazas y los vecinos.

La decisión no ha sido recibida para todos igual. Los restauradores están satisfechos, ya que se trata de una reivindicación casi histórica. Opinan que dejar libre de coches la calle podría revalorizar el espacio. En cambio, buena parte del vecindario se muestra contrario a la iniciativa. Entre muchos argumentos, dicen que, en caso de emergencia, el paso de las ambulancias se complica si hay terrazas.

El origen de esta historia se remonta a marzo de 2020, cuando el Ayuntamiento decidió que, de manera temporal, autorizaba a algunos bares y restaurantes de la ciudad a poner terraza o a ampliarla, y así combatir las restricciones derivadas de la Covid. Hasta entonces, los establecimientos del Cós del Bou no tenían terraza y por la calle circulaban vehículos, sobre todo, los que iban al parking de la Plaça de la Font. Con la llegada de la pandemia, se cortó el tráfico y la calle quedó llena de mesas y sillas. En abril de este año, la licencia provisional caducaba y los bares de la calle pidieron poder mantener las terrazas, igual que hicieron en otras calles, como Governador González o Fortuny. En estos casos, la petición fue denegada porque, según el Consistorio, estas calles tenían que quedar libres para la logística de las obras de la calle Canyelles.

El Ayuntamiento regulará el espacio de terraza que tendrá cada establecimiento

Según la concejala de Domini Públic, Cinta Pastó, «hemos visto que la presencia de terrazas en la calle Cós del Bou no ha incidido de manera negativa a la movilidad de la zona y, en cambio, ha ayudado a la dinamización comercial y hostelera de la calle». Este es el principal argumento de la decisión. Pastó añade que «por primera vez, se regulará el espacio y se permitirá la existencia de terrazas a lo largo de todo el año». La intención es reducir el número de mesas «para que los peatones y vecinos puedan sentarse en los bancos, sin sentirse invadidos por las terrazas».

La única circulación que se va a permitir será de seis a once de la mañana, para los camiones de carga y descarga. También se mantendrá el acceso al único gual de la calle. Las terrazas no se podrán montar hasta las once de la mañana, de la misma manera que el resto que hay en el núcleo histórico.

Según ha podido saber el Diari, los cinco establecimientos de la calle solicitarán el permiso de terraza –algunos ya lo han hecho–. Los interesados deberán pagar las tasas correspondientes y seguirán unos criterios estéticos que establecerá el Ayuntamiento.

«Creemos que la iniciativa dinamizará el tejido comercial de la calle y, además, dotará la zona de más seguridad para los peatones», explica Pastó, quien añade que «el horario de las terrazas garantizará el descanso de los vecinos».

Las dos caras de la moneda

La nueva medida enfrenta a restauradores y vecinos. Por un lado, los empresarios celebran la iniciativa. Aseguran que eliminar los coches «dará más categoría y prestigio» a la calle y visibilizará el Circ Romà. «En cualquier ciudad, esta calle sería de las más mimadas. Junta la plaza más importante de Tarragona con uno de los monumentos más destacados», explica Olga Vinuesa, propietaria del restaurante de sushi que hay en la calle. «Hasta que no sacamos las terrazas, los turistas no pasaban por aquí», añade.

La mayor parte de los vecinos, por el contrario, opina que la Part Alta se está convirtiendo en «una especie de parque temático», y que «el Ayuntamiento no para de ocupar el espacio público, a cambio de ingresos».

Silvia Ferreres, una vecina de la calle, asegura que «todos hemos tenido mucha paciencia durante este tiempo y entendemos que los bares deben ganarse la vida. ¿Pero y qué pasará si alguien requiere una ambulancia? No podrán acceder. Hay que tener en cuenta que aquí vive gente mayor», dice Ferreres. Otras de las quejas es que la medida se ha tomado sin tener en cuenta la opinión de los vecinos.

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