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La centenaria procesión pone el punto final a las tan esperadas fiestas de Sant Roc

El abanderado fue Joan Maria Adserà, director de la Xarxa Santa Tecla, acompañado por dos de los ‘pilaners’ más míticos de la ciudad: Jordi Sentís de la Colla Jove, y Mar Pascual, de los Castellers de Sant Pere i Sant Pau

| Actualizado a 17 agosto 2022 12:48
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Núria Pijoan, de seis años, vivía ayer una experiencia inolvidable. La pequeña encarnaba el mítico personaje Magí de les Timbales en la procesión de las fiestas de Sant Roc del Cós del Bou que, ayer, tras cuatro intensas jornadas festivas, llegaban a su fin. «Antes de la pandemia salió su hermano haciendo de Magí de les Timbales. Este año nos llamaron y nos lo propusieron. Esta vez era el turno de la pequeña de la casa», explicaba la madre de Núria.

El Seguici Popular de Sant Roc lleva más de cien años llenando las calles de la Part Alta. Es una de las fiestas de barrio más antiguas de la ciudad. Además, funcionan como pistoletazo de salida para las próximas seis semanas festivas en Tarragona, con Santa Tecla como colofón final. Ayer, pese a la amenaza de lluvia, pudo celebrarse una procesión como las de antes de la pandemia. Eso sí, cinco minutos antes de llegar a la iglesia de Sant Francesc –parroquia del barrio y donde se celebra el oficio el día de Sant Roc–, los elementos del Seguici acabaron mojándose.

El cielo se destapó y la vuelta al barrio del Cós del Bou empezaba con el ritmo de la Xaranga Tocabemolls. Como es tradicional, el primero en desfilar era el cañón, asustando a todo aquel que se acercaba. El cañón en cuestión llegó a Tarragona en 1910 y, en sus tiempos complementaba los fuegos artificiales. Lo cedió una empresa pirotécnica al barrio al cuando bajó definitivamente la persiana. Joan Carles Petit, un vecino del barrio, es el encargado de conducirlo.

También participaron en la procesión los Gegants Vells de la Ciutat. Estos elementos habían estado arrinconados en un almacén, hasta que en 1904 el barrio del Cós del Bou los pidió y se añadieron al Seguici.

Les seguía el Nano Caleto, un cabezón que encarna un vecino del barrio que, durante muchos años, llevaba el cañón. En 1994, la comisión de fiestas decidió reproducir este personaje tan significativo.

Paqui Cantos, otra vecina, llevaba con orgullo a hombros su Mare de Déu. «Es una costumbre que llevo haciendo toda mi vida. Después de dos años, tenía muchas ganas de que llegara este momento», decía Cantos, mientras miraba de reojo a su hija y a su nieta, vestidas tras ella de pubilles.

Otra de las curiosidades del día fueron los abanderados, quienes llevaban con orgullo la bandera de Sant Roc. Este año, el barrio quiso homenajear al colectivo sanitario y, como no podía ser de otra manera, invitaron como pregonero y abanderado a Joan Maria Adserà, director del Xarxa Santa Tecla, hospital de referencia para el Cós del Bou. Adserà escogió como cordonistes a dos de los míticos pilaners de la ciudad. Jordi Sentís de la Colla Jove, por un lado, y Mar Pascual, de los Castellers de Sant Pere i Sant Pau, por el otro. Ambos actúan año tras año en las fiestas de Sant Roc.

Una de las tradiciones que todavía se conservan en el barrio del Cós del Bou son las pubilles. En esta ocasión, la escogida fue Marina Molina. Su madre ya hizo de pubilla en 1980 y, ahora, 42 años después, lo hace su hija. Molina escogió a dos amigas suyas, Laura Fernández y Beth González, para que le hicieron de damas. «Nos lo hemos pasado muy bien y ha sido muy emocionante», decía Molina. Su función ha sido representar las fiestas y acudir a todos los actos, vestidas, como se conoce popularmente, de catalanetes.

Las fiestas de Sant Roc terminan un año más demostrando que son las terceras fiestas más importantes de la ciudad. Tarragona entera las siente suyas.

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