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La crisis de la salud mental dispara la demanda para estudiar Psicología en la URV

La caída del tabú de la dolencia psicológica, en parte por la pandemia, casi duplica en cuatro años las solicitudes para formarse en Tarragona. Crecen las plazas y también la nota de corte

| Actualizado a 31 octubre 2022 07:00
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Nunca los estudios de Psicología habían gozado de tan buena salud en la Universitat Rovira i Virgili. Entran a ellos solo la mitad de los que lo solicitan y la nota de corte va creciendo cada año. La prueba más reciente son los datos de este curso 2022-23. La calificación para acceder se sitúa en 9,7 puntos. En el ejercicio 2018-2019 era de 7,6. En ese año hubo 160 solicitudes con ese grado como primera preferencia. Ahora el dato prácticamente se ha duplicado, al elevarse hasta las 296. Es un 85% más.

Lo mismo sucede con las plazas asignadas a cada curso que arranca: de 82 a 125. «Solemos recibir el doble de solicitudes, así que llenamos la mitad», explica Jordi Tous, decano de la Facultat de Ciències de l’Educació i Psicologia de la URV. El resultado es que el volumen de estudiantes que se adentran en esta materia en Tarragona va creciendo a cada año: de las 456 matrículas en 2019-20 a las 495 de este curso, un 8% más. «Los datos de entrada son espectaculares. Que suba la nota de corte ya te indica qué está sucediendo con la demanda», indica Jordi Tous.

Apoyo emocional y bienestar

En perspectiva, el decano da algunas de las claves sobre el porqué del auge: «Hemos pasado de la psicología como una ciencia social a estar dentro de la salud. Cada vez hay más individualismo, más problemáticas, la necesidad de apoyo emocional, hay una mayor reivindicación del bienestar personal. Eso entronca con unas carreras que tienen una expectativa de salida vocacional».

Luis Heredia, profesor en la URV y en la UOC, lleva años detectando un aumento de las solicitudes: «Las plazas de psicología en las universidades se llenan rápido y hay mucha demanda. Es una de las carreras más solicitadas».

La calificación para entrar ha subido en la Rovira i Virgili de 7,6 a 9,7 en cuatro años

Una de las causas principales es la caída clara del tabú de la salud mental. Nunca como hasta ahora se había hablado tanto de trastornos y enfermedades psicológicas, de patología mental, sufrimiento, ansiedad; y hasta de suicidios. Confesar que se va al psicólogo ha dejado de estar mal visto. «En los jóvenes ha habido un trabajo de concienciación y de educación en la salud mental, en el bienestar, en la capacidad de poder mejorar la calidad de vida, en aprender a gestionar mejor las relaciones familiares. También se ve eso en gente mayor que acude, y que fueron criados con otra mentalidad», indica Heredia.

En la ecuación es clave el factor de los dos años y medio de Covid. «La pandemia ha supuesto un impulso definitivo. Los confinamientos generaron un incremento de la atención terapéutica. También vemos conductas autolíticas en edades muy tempranas, que antes no habíamos percibido. Y muchas personas con trastornos de ansiedad, muy desubicadas. Tanto es así que el psicólogo privado parece a veces un médico de primaria, en el sentido de que tiene las agendas llenas y es complicado encontrar hueco», dice Heredia.

El tercer grado más solicitado

Psicología es el tercer grado más solicitado en la Rovira i Virgili, solo por detrás de Medicina y Enfermería. El estudio ‘Ocupabilitat i formació universitària en Psicologia’, elaborado por AQU Catalunya, la agencia que evalúa la calidad del sistema universitario, radiografía estos estudios.

«Hay un desajuste: muchos se enfocan en la psicología clínica y hay salidas desaprovechadas», explica Jordi Tous, decano de la Facultat de Ciències de l’Educació i Psicologia de la URV

Algunas conclusiones: la demanda supera «sustancialmente» la oferta, ocho de cada diez matriculados son mujeres y, lo más preocupante, hay una «sobreoferta de titulados difícil de ser absorbida por el mercado laboral».

A pesar del incremento de las necesidades mentales, encontrar trabajo en la psicología clínica tras estudiar no se antoja sencillo, aunque muchos jóvenes sueñan con el rol icónico del psicólogo atendiendo en consulta. El estudio señala una «falta de encaje entre la formación universitaria en psicología y la práctica profesional».

«Hay una reivindicación del bienestar y de la mejora de la calidad de vida», diagnostica Luis Heredia, profesor en la URV y la UOC

El decano Jordi Tous apunta a esa misma idea: «Encontramos una gran parte de estudiantes que se encaminan todos hacia una misa rama, que es la psicología clínica. Hay otras múltiples salidas ligadas a los recursos humanos, a la práctica jurídica, al ámbito forense, a la psicología del deporte, a la mediación o a ámbitos emergentes de psicología social o de intervención comunitaria».

«Una idea muy sesgada»

Tous alude a un «desajuste» que se percibe con claridad: «Por un lado estamos satisfechos de que sean unos estudios demandados pero por otro le querríamos dar una continuidad en el mercado de trabajo. Muchos alumnos ya vienen con una idea muy sesgada, de un tipo de trabajo, y ya no ven otras expectativas. No estamos orientando bien el perfil».

Para Tous, «si salen al mercado 2.000 profesionales al año en Catalunya eso es mucha gente si van todos a una especialidad». El informe añade que los graduados, aunque están satisfechos con las enseñanzas recibidas en la facultad, «tienden a ocupar lugares de trabajo de menos calidad».

«Hay una sobreoferta de titulados difícil de ser absorbida por el mercado laboral», indica el estudio ‘Ocupabilitat i formació universitària en Psicologia’

«Hay muchos psicólogos que valoran muy bien la carrera pero que no acaban de entrar al mercado, no ejercen», indica Tous. O, dicho de otro modo, la aspiración vocacional de querer ayudar a los demás a través del diván topa con una alta competencia: «Si hay más titulados, los precios se acaban bajando y eso hace que se ganen peor la vida. Hay otros ámbitos por explorar que permitirían al graduado tener más estabilidad y mejores condiciones».

«Pocas plazas en la pública»

Jordi Tous reconoce que «hay otras salidas desaprovechadas» como alternativa a esa proliferación de profesionales que recogen el guante de la emergencia mental para sacar adelante su proyecto: «En el sistema público realmente hay pocas plazas, aunque se están potenciando en primaria, pero muchas veces tienes que acabar de autónomo. Y no es fácil. O eres muy bueno, o llevas muchos años o haces algo muy específico. Si no, es complicado salir adelante. Por eso hacemos charlas y conferencias para explicar que hay otras salidas profesionales».

El estudio de AQU Catalunya incide en esa brecha en función de la inserción: «Las personas que trabajan en el ámbito clínico son las que tienen un salario medio más bajo (1.336 euros), unos 500 menos, que las que lo hacen en el organizativo (1.852)». A su vez, la estabilidad en los contratos es menos común entre los psicólogos recién salidos de las aulas (43,1%) que en el global del sistema universitario catalán (56,3%).

De graduarse a montar un centro con 20 trabajadores

Miriam Recio acabó la carrera en la URV en 2012. «En ese momento no veía hacia dónde podía tirar y en 2015 decidí montar el centro. Entonces aún había mucho tabú y me costó arrancar». La situación empezó a cambiar antes de la pandemia: «Comenzábamos a notar más demanda y a crecer. Vimos que se empezó a dar más visibilidad. El hecho de que gente relevante dijera que iba al psicólogo fue importante y ayudó mucho. Incluso es algo que empieza a estar de moda».

$!La psicóloga Miriam Recio, en el centro Psidoedúcate, que dirige en Vila-seca. Se graduó en 2012 y arrancó en 2015. Foto: Fabián Acidres

Recio fue dando forma como directora al centro Psicoedúcate en Vila-seca, que cuenta con alrededor de 20 profesionales, que incluye psicoterapia de pareja, para niños o la nutrición. De ella se encarga Ananda García, psiconutricionista, también formada en la URV. Ella acabó en 2015. «Nos gusta el concepto de ayudar a las personas, es algo vocacional», cuentan. En la academia, además, realizan formación para psicólogos. El de ellas es un ejemplo de éxito en el que dos personas jóvenes, casi recién graduadas, ponen en marcha un proyecto en mitad de la crisis de la salud mental: «En la carrera nos habían dicho que había poca salida de esto. Creo que teníamos el concepto del psicólogo como algo muy frío. Ahora no es así. No tienes que estar mal para venir. Hay gente que acude simplemente a hacer prevención, se sienten tristes o enfadados por algo y vienen a ver puntos de vista».

La mitad de carreras con una demanda más alta son sanitarias

Cinco de las diez carreras más solicitadas en la Rovira i Virgili son sanitarias. De hecho, cuatro copan esas primeras posiciones. Son Medicina (732 solicitudes en primera preferencia para este curso recién comenzado), Enfermería en Tarragona (365), Psicología (296) y Enfermería en Tortosa (207). En la sexta plaza, por detrás de Derecho, figura Fisioterapia (143). La pandemia ha revitalizado la predisposición de los jóvenes para estudiar este tipo de materias pero también otras vinculadas a las ciencias. Medicina, el doble grado en Bioquímica y Biología Molecular y en Biotecnología o el de Ingeniería Matemática y Física son los estudios con unas notas de corte más altas, por encima de 12.

El vínculo de la salud con el ‘big data’ es un nicho en auge con halagüeñas perspectivas laborales, igual que cualquier contenido ligado a la digitalización. «La Covid-19 ha acelerado el interés por la salud digital, en cuanto a la transformación en el mundo sanitario en lo que atañe a la organización», indica Carme Carrion, directora del máster universitario de Salud Digital (E-health) de la UOC.

Datos y sanidad

Raquel Planas, enfermera y graduada en este máster, coincide en detectar este interés creciente: «Los profesionales cada vez perciben más las tecnologías como una herramienta esencial para el desarrollo de su trabajo. Ven todas las posibilidades que brindan y se traduce en una mejora de la atención al paciente y de la calidad asistencial».

Toda esta línea va más allá del concepto de telemedicina. «Tratamos datos y tenemos más información, y eso nos permite tomar decisiones más informadas y personalizadas», indica Carme Carrion, que agrega: «Tenemos una herramienta que une a trabajadores y pacientes y permite que el seguimiento de la enfermedad no se haga solo en unos momentos dados, sino que sea constante, aunque el profesional no esté físicamente».

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