Los Mossos investigan a la dueña de la vivienda okupada por allanamiento en El Catllar

La Policía Autonómica abre diligencias a los que entraron en casa de Janet Pepper y que se quedaron para custodiarla. La propietaria dice que nadie se ha puesto en contacto con ella

| Actualizado a 04 enero 2022 06:25
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El delito de allanamiento de morada se regula en el artículo 202.1 del Código Penal y establece que «el particular que, sin habitar en ella, entrare en morada ajena o se mantuviere en la misma contra la voluntad de su morador, será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años».

Este delito sería el que presuntamente habrían cometido Janet Pepper y los vecinos que el domingo entraron en la vivienda que esta mujer de 75 años tenía en proceso de venta en la urbanización Mas Blanc de El Catllar.

Los Mossos d’Esquadra informaron ayer que abrieron diligencias para identificar a los manifestantes que accedieron a la propiedad de Janet, que está okupada desde el día de Sant Esteve. La decisión de la Policía Autonómica viene argumentada ante el riesgo de que la gente se tome la justicia por su mano, tal y como ocurría en la mañana del domingo en la morada de Pepper cuando los vecinos entraron en la propiedad, cortaron un candado y quitaron una puerta sin cerradura para «recuperar» esta casa okupada.

La vivienda, incomprensiblemente, sigue siendo «propiedad» de los okupas, puesto que ellos no han recibido la comunicación del juzgado en el que se les cita para un juicio por ser autores de un presunto delito de usurpación de vivienda (ocupar on vocación de permanencia un inmueble ajeno sin consentimiento de su legítimo propietario). Y sin esta citación, el acceso a la vivienda se puede entender como un allanamiento.

Janet Pepper no entiende nada. Y menos tras conocer que los Mossos han abierto una investigación por un supuesto delito de allanamiento de morada. «Yo entré a mi casa con mi llave», se defiende. Y explica que en la puerta interior sí que se la encontraron con la cerradura totalmente rota. «Si quisieran algo de mí, ya me hubieran dicho algo. Los Mossos llevan todo el día en la casa donde encontraron la marihuana. No me han venido a buscar por el momento», explicaba ayer.

Paralelamente, los Mossos han abierto otra investigación de la otra casa okupada, en la calle Tarragona. El centenar de plantas de marihuana y los objetos presuntamente robados refuerzan la teoría de que los vecinos de esta morada serían los autores de los robos denunciados por los vecinos de las urbanizaciones de El Catllar.

Alarma y noches en vela

Janet Pepper pasó un día y medio en el interior de la vivienda de la calle de la Mercè para protegerla de otra okupación. «Los Mossos me recomendaron que no saliera en 72 horas. De esta manera, los okupas no podrían volver a entrar», explicó.

«En dos días he dormido veinte minutos. Yo ya no tengo edad para estas cosas», decía con la emoción y el cansacio acumulado de los últimos días. A la vez, se sentía agradecida a los 300 vecinos que le ayudaron a recuperar su casa el domingo. «No me han dejado sola en ningún momento. Han hecho guardia y turnos durante todo el día y también durante la noche. Siempre les estaré agradecida por el apoyo que me han mostrado a lo largo de esta semana de pesadilla», explicó Janet Pepper, quien confesó que pasaron la jornada conversando y comiendo tortilla.

Una de las primeras cosas que ayer hizo la propietaria fue la reparación de la cerradura de una puerta y la instalación de una alarma para evitar futuras okupaciones. Ella ya remarcó el domingo que está en contra de tomarse la justicia por su cuenta, pero a su vez se siente abatida por la «impunidad» y «lentitud» de una Justicia que permite disfrutar de su vivienda a unas personas que entraron en ella sin permiso y por la fuerza.

El Diari pudo saber que a principios de la semana que viene los representantes de las 27 asociaciones de vecinos de las urbanizaciones de El Catllar se reunirán con responsables de los Mossos d’Esquadra y con el alcalde de la localidad, Joan Morlà, para abordar las okupaciones y la inseguridad que existe en estas áreas urbanas de la localidad.

La propietaria confía en que la venta de la propiedad llegue a buen puerto. En noviembre firmó el contrato de arras con el comprador y ella se mudó en un piso de Altafulla, ya que por su edad, 75 años, el extenso terreno que tiene esta propiedad de la calle de la Mercè «es demasiado para mi», argumentó.

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