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Lourdes Beneria: «Sin el trabajo de cuidados la economía se hunde»

A sus 85, la doctora en Economía se alegra de que por fin se hable del valor del trabajo no remunerado de las mujeres

| Actualizado a 26 noviembre 2022 12:09
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Cuesta unos minutos entrar en materia con Lourdes Beneria (85 años) porque antes pregunta con curiosidad por la ciudad, su urbanismo, la renta de sus habitantes... La entrevistadora, su familia. Es una muestra de su carácter observador. Y es que Beneria, catedrática emérita de la Universitat Cornell, quien ayer fuera investida como doctora honoris causa por la URV, ha dedicado su investigación a uno de esos temas invisibles: el valor del trabajo no remunerado de los cuidados (de la casa, los hijos, de los dependientes...) ese que habitualmente hacen las mujeres.

¿Por qué estudió economía?

No sabía bien en qué me metía. Fui de la primera promoción de economía de la Universitat de Barcelona, empecé en 1954. No me decidía entre ciencias y letras y vi un anuncio en la prensa.

¿Había muchas mujeres?

Éramos tres chicas de un grupo de sesenta y pico.

Supongo que su larga vida académica le ha dado para ver cómo cambiaba el papel de las mujeres en la universidad.

Ahora hay más mujeres que hombres en la universidad y su papel ha cambiado muchísimo. Ahora tienen responsabilidad, están en todas las especialidades...

Se ha dedicado a estudiar la economía de los cuidados. ¿Cree que por fin se están visibilizando?

Comenzamos a hablar del término de los cuidados en los noventa, cuando Nancy Folbre, una economista amiga, publicó el libro ‘La economía de los cuidados’ y todo el mundo se preguntaba qué era eso. Tuvo un influencia extraordinaria... Llegó en un momento en el que el tema comenzaba a estar presente. En los años 80 yo había hablado de que el trabajo doméstico no estaba incluido en las estadísticas laborales. Fue algo que constaté cuando llegué a la OIT, en Ginebra: mucho del trabajo que hacían las mujeres en todas partes del mundo no contaba.

De todas formas esa cuantificación no es tan exhaustiva como la del trabajo remunerado.

Es cierto, hay estimaciones de horas trabajadas... Pero solo llevamos décadas haciéndolo.

Pareciera que la forma como se reparte el trabajo de cuidados es algo que solo atañe a las parejas, a las familias. ¿Qué se puede hacer para que salga de la esfera íntima?

Es algo que ya está pasando. Estamos hablando de los cuidados como si fuera responsabilidad de los hombres también. Ahora ya ves imágenes por la calle, aunque no sean abundantes, de hombres que están comprando, que llevan a los niños... Ves anuncios en televisión. Pero necesitamos presupuestos públicos también.

¿La Covid supuso un salto en este tema?

Es que fue terrible. Los niños no podían ir a la escuela y ¿quién se cuidaba de ellos? Las pobres mujeres estaban cansadísimas y colapsadas. En mayo del 2020 las Naciones Unidas llamó la atención y dio a conocer unos datos que demostraban que en todo el mundo la preocupación era la misma. Además en muchos países en desarrollo la situación era peor porque las mujeres trabajan en el sector informal y perdieron su trabajo sus ingresos.

Pero no es que las cosas cambiaran mucho.

Creo que al menos ha sido un paso adelante para ver las cosas Nos hemos dado cuenta de lo importantes que son los cuidados para que funcione la economía. Recuerdo un artículo del New York Times que se preguntaba por qué no habíamos visto el trabajo de casa como un trabajo. Es que los economistas no se habían ocupado. Hay un economista hombre, citado, que decía que ‘hemos pensado que el trabajo lo hacían las mujeres por amor a los hijos, a la familia’. La pandemia nos sirvió para darnos cuenta de que sin el trabajo de cuidados la economía se hunde.

Del confinamiento también nos quedó el teletrabajo, que parecía la panacea para la conciliación.

Sí, y terminaron siendo las mujeres una vez más las que se quedaron en casa. Se volvió a demostrar lo mismo.

¿Qué piensa de los insultos sobre la ministra Irene Montero?

Que no debería ser. Hay un machismo detrás que es muy fuerte. Llevamos muchos años acumulados de machismo y aunque nos parezca que nos lo hemos quitado de encima de repente vuelve a aparecer así, como una chispa.

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