Marta Serrano: «Si el patrimonio medieval no se visibiliza se acaba perdiendo»

Profesora de Historia del Arte en la URV, reivindica la Tarragona medieval, una ciudad nacida en el siglo XII al amparo del poder eclesiástico, que se circunscribía a lo que es hoy la Part Alta

| Actualizado a 26 marzo 2022 12:51
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Doctora en Historia, Marta Serrano es profesora de Historia del Arte en la Universitat Rovira i Virgili (URV). El poder es el eje vertebrador de su investigación, un argumento sobre el que ha publicado en diversas revistas nacionales e internacionales. Como medievalista, Serrano reivindica la Tarragona medieval, unos vestigios que están muy presentes en la Part Alta de la ciudad, con la Catedral como centro, y que llama a conservarlos y a divulgarlos.

¿Cómo era la vida en la Tarragona medieval?

Era una ciudad bastante desarrollada. Sabemos que tenía una judería y en la Catedral se conservan unas pinturas que lo demuestran. Su población vivía en edificios de una o dos plantas y en la inferior era donde tenían los comercios. También en las faldas de Tarragona había mucho comercio y cultivos. Tenía un pequeño puerto, aunque el de Salou estaba mejor resguardado. Conservamos uno de los primeros hospitales de Catalunya, ubicado frente a la Catedral. Es el primer hospital de Santa Tecla, fundado por los canónigos de la Catedral y por tanto, teníamos una seguridad social, así como también una escuela catedralicia, lo que se traduce en la promoción de la educación.

¿Cómo afectó la peste?

El primer mal año fue 1333 pero la peor oleada se inició en 1348. En Tarragona comportó muchísimas muertes y tenemos la referencia a nivel textual. Por ejemplo, las obras de la Catedral se paralizaron, hasta el punto de que se pidieron ayudas obligadas para intentar acabarla. Cuando hay crisis es la población la que sufre las consecuencias, sobre todo económicamente, ya que repercute en los precios. En este sentido, las autoridades intentaron intervenir. Por ejemplo, el arzobispo Juan de Aragón compró trigo en Valencia para los más necesitados.

¿Qué queda de aquella ciudad medieval?

Toda la Part Alta que nosotros recorremos es medieval y hay que reivindicar su relevancia. De hecho, durante la época romana allí no había urbanismo, porque todo eran espacios de representación. En realidad, es una fosilización de un urbanismo que surgió en la Edad Media, pero del que no somos conscientes. Y esto nos preocupa mucho porque no ser conscientes implica que sea invisible y que no se cuide. Y si no se cuida, se hace irrelevante y al final, se acaba perdiendo.

¿En qué época surgió?

Hubo un tiempo intermedio en el que no había prácticamente nadie. Es decir, existe un vacío poblacional sobre el que todavía estamos trabajando. Tarragona tenía unas murallas kilométricas, por lo que poblarla era muy difícil. Hasta que no hubo un contingente humano y económico suficiente para posibilitar un asentamiento, nadie lo intentó. Esto no se produjo hasta el siglo XII. Lo que se pretendía era restaurar la Catedral, la sede metropolitana y primada, y esto ocurrió en 1129 cuando se instaló una comunidad laica y unos primeros canónigos. Se urbanizaron calles y construyeron viviendas en un espacio diáfano, donde en la época romana estaba la Plaza del Foro Provincial.

La muralla no es solo romana.

No. Lo interesante es que supieron aprovechar la parte del patrimonio romano que se conservaba. Si vamos al Passeig Arqueològic, veremos la Torre d’en Tintorer, que es medieval. Ya en el siglo XIV, Pere el Cerimoniós, que estaba en conflicto contra el reino de Castilla y Francia, ordenó que todas las ciudades se amurallaran. En Tarragona, la población ya invadía lo que había sido la arena del circo, por lo que iniciaron la construcción de una nueva muralla, que es la que arranca en la llamada Torre de les monges, que se observa en ‘les voltes del circ’, y que recorría la Rambla Vella.

¿Qué otros vestigios hay?

El claustro de la Catedral, por ejemplo, que es uno de los más grandes de Europa. La propia Catedral, cuando se concibió era mucho más grande que cualquier otra del tercio norte peninsular. Justamente sobre el Templo publicamos en abril el libro La Catedral de Tarragona. Arquitetura, discursos visuales y liturgia (1150-1350) para ponerla en el lugar que le corresponde.

Ha dicho que la ciudad nació al amparo de los canónigos. El poder era religioso...

Sí, en un inicio tenía un gobierno bicéfalo. Por una parte, el arzobispo y por otra, el de Robert Bordet, un mercenario que ayudó en la conquista y que se convirtió en Princeps tarraconensis. Las luchas constantes entre ambos poderes tendrán una manifestación a nivel del arte y de la arquitectura.

¿Luchas?

Sí. Asesinaron a dos arzobispos, Bordet fue exiliado a Mallorca, y su poder pasó a manos del rey, por lo que las luchas pasaron a ser entre el soberano y los eclesiásticos. Es interesante pasear por la Part Alta porque se pueden explicar muchas cosas.

¿Como qué?

Los propios edificios. Sabemos que el primer ayuntamiento, anterior al del carrer Major, se encontraba a los pies de las escaleras de la Catedral. Y esto no es casual porque precisamente estas escaleras eran un espacio de simbiosis entre los dos poderes, un espacio de reivindicación de funciones y poderes.

¿A qué se refiere?

Por ejemplo, las escaleras de la Catedral fueron un espacio escenográfico relevante, al igual que lo que conocemos como Pla de la Catedral, en realidad marco de ceremonias de poder muy importantes. Tampoco son casuales las imágenes que encontramos esculpidas en su portada.

¿Por qué cuesta tanto vender la Tarragona medieval?

Creo que cada ciudad quiere vender un patrimonio que le es atractivo. Tarragona es romana, Barcelona es gótica o modernista y Girona es judía. Los municipios buscan algo que los identifique y esto ha hecho que lo que se anuncia en Tarragona sea fundamentalmente romano y, por tanto, lo que la gente espera encontrar son restos romanos, que son imponentes. No busca más porque es lo que se le vende. Pero Tarragona esconde otro patrimonio muy extraordinario.

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