Miguel Poveda: «No tiene sentido parar la cultura y que los metros vayan llenos»

Entrevista. El músico de Badalona lleva hoy su diversidad artística con raíces flamencas al Teatre Auditori Camp de Mart

16 septiembre 2020 19:00 | Actualizado a 18 septiembre 2020 09:22
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Miguel Poveda (Badalona, 1973) entiende el flamenco como una mezcla de lo clásico y lo moderno, donde tiene que haber espacio para la vanguardia, la experimentación y la fusión. Así lo presenta en su último disco, El tiempo pasa volando, en el que va al origen de su pasión por este género y versiona a artistas como Los Chichos, Bambino, El Pescaílla, Lola y Manuel o Manzanita. El cantaor se subirá esta noche (21.30 horas) al escenario del Teatre Auditori Camp de Mart para poner música en directo -tan necesaria- a las fiestas de Santa Tecla.

Se debe sentir un privilegiado por poder actuar en directo en estos tiempos.

Sí, por supuesto, porque lo mal que lo están pasando muchos compañeros te hace darte cuenta de que si puedes desarrollar tu medio de vida y hacer cultura y música en directo eres un privilegiado. No debería ser así, debería ser algo normal, no tiene ningún sentido paralizar el sector de la cultura porque en este sector, a día de hoy, no se han dado contagios.

¿Y por qué esta estigmatización de la cultura?

Por el caos político que nos acontece: la confrontación, que cada uno quiere tener la razón e imponer algo distinto, la improvisación sobre la marcha... No haber un nivel político en líneas generales, aunque seguro que habrá gente buena como en todas partes, provoca que el país esté sumido en un caos y la cultura, que es lo que más nos humaniza, es uno de los sectores que peor están.

¿La cultura ha sido históricamente maltratada?

No es que esté maltratada de siempre, pero poco cuidada sí, y en tiempos como este se acentúa a un nivel máximo.

Usted tiene una decena de conciertos programados, uno de ellos en Malmö (Suecia).

Vamos al día, concierto hecho, concierto que confirmo. El de Suecia me lo acaban de posponer para el año que viene y me acaban de anular otro en Lorca. Ya me han cancelado siete u ocho actuaciones.

¿Cómo vive esta incertidumbre de no saber si puede trabajar?

Fatal, porque afecta también a toda la gente que me acompaña: técnicos de sonido, promotores, músicos... El equipo es como una gran familia que a su vez tiene otra familia verdadera que no puede hacer frente a sus pagos para subsistir porque no le dejan trabajar. Sin embargo, los metros, los centros comerciales, los aviones y los transportes van llenos. No tiene lógica ni sentido alguno.

El concierto de Tarragona de hoy sí se va a llevar a cabo.

Tengo muchas ganas porque cada concierto lo recibo como un regalo. Además, hace mucho tiempo que no voy a cantar a Tarragona y me trae muy buenos recuerdos porque allí rodé con Bigas Luna y Javier Bardem la película La teta y la luna en 1995. Tengo un cariño muy especial a toda la zona de Tarragona.

¿Qué tal fue aquella experiencia como actor?

Para mí fue algo muy nuevo, con lo que no contaba, y muy duro porque tenía que madrugar mucho. Además, tenía un papel protagonista, con lo cual era mucha responsabilidad con 20 años y recién llegado de la mili. Pero me lo pasé muy bien.

Usted ya ha actuado ante un público con mascarillas. ¿Cómo son los conciertos en la nueva normalidad?

Tienen una carga emotiva muy especial porque lo que se genera en el ambiente con la música en directo no te lo cuenta un disco o un vídeo, aunque son herramientas que están cuidadas. El directo crea una atmósfera que no es comparable con nada. Entonces, cuando he vuelto a estar frente al público, aunque sea con mascarillas, lo he vivido con mucha emoción, igual que los asistentes.

Es un bien necesario.

Dese cuenta que lo que estamos escuchando continuamente en televisión son gritos de nuestros políticos que se echan en cara todo, programas de televisión donde la gente está chillando, noticias que nos dicen que cada vez hay más contagios con esa música que nos ponen en los telediarios que nos tiene asustados... A la gente cuando va a un museo, al teatro o a consumir cultura se le llena el alma de una paz y tranquilidad que generan en el ambiente algo muy especial.

Como dice el título de su nuevo disco, ¿el tiempo pasa volando?

Claro, fíjese que estamos hablando de disco nuevo y ya hace un año y medio que lo saqué (ríe). El tiempo pasa volando, pero pasa volando cuando estás bien y haces lo que te gusta, cuando eres feliz, un verano. Ahora, con estas circunstancias, no pasa volando. Yo quisiera que sí lo hiciera para que pudiéramos volver a abrazarnos, pero el tiempo se ha ralentizado. Pero sí es verdad que pasa volando, nos detenemos en muchas cosas y no apreciamos el aquí y el ahora, vivimos muchas veces pensando que tenemos que hacer esto, tenemos que hacer lo otro, y no nos damos cuenta de que el tiempo pasa por encima de nosotros.

¿Qué no le ha dado tiempo a hacer todavía?

Me falta seguir aprendiendo, que es lo maravilloso de esta aventura que es la vida. Espero que el tiempo que me quede por delante me ofrezca alimento para el alma y para crecer espiritualmente. Esa es mi obsesión, seguir aprendiendo y llevarme para el otro mundo lo máximo posible en el alma.

Ya lleva 32 años de carrera.

Han sido unos años muy intensos porque siempre me he movido en la diversidad y la curiosidad. He estado involucrado en tantos proyectos diferentes y he tenido la posibilidad de viajar tanto que es como si hubieran pasado 50.

Para bien ¿no?

Sí, sí.

En el disco versiona a artistas con los que creció.

Quería ir al punto cero, a mi partida musical. Los primeros recuerdos que tengo en mi barrio de Badalona, en Bufalà, son esos, que luego me llevaron al flamenco tradicional. Esos son mis gustos musicales, que nunca he querido ocultar, era un chaval de barrio que escuchaba a artistas como Bambino o Los Chichos y me parecía que eran muy buenos. Con este disco les quiero dar mi gratitud.

Curioso binomio Badalona-flamenco.

Era muy normal, yo no tomé contacto con la cultura catalana hasta que me trasladé a Barcelona con 20 años. Hasta entonces crecí en un barrio de inmigrantes andaluces, extremeños, de Castilla La Mancha y de todos los lugares de España. En el extrarradio se habían formado muchas peñas flamencas en un ambiente muy andaluz.

¿Y en su casa qué escuchaban?

Mi padre venía de Murcia y era de Pink Floyd, Alan Parson, Mike Oldfield o The Police. Y mi madre de María Jiménez, Bambino, Rafael Farina o Manolo Caracol. De ella me viene mi pasión por el flamenco.

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