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No es un barrio, es un pueblo que mira al mar

‘El Foraster’ de TV3 passó 48 horas en el Serrallo para conocer de cerca a sus vecinos más míticos

| Actualizado a 27 septiembre 2022 21:11
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Catalunya entera descubrió el pasado lunes que el Serrallo no es un barrio de Tarragona, sino un pequeño pueblo dentro la ciudad. Por la personalidad de sus vecinos, por su manera de hablar y de expresarse y, por supuesto, por su forma de ganarse la vida. Cuatro calles y un puerto que enamoraron a todo el país, gracias a la emisión del programa de TV3, El Foraster. El presentador Quim Masferrer pasó 48 horas en el Serrallo con el objetivo de conocer de cerca a sus habitantes. Sin ninguna duda, el reparto de protagonistas –es decir, los vecinos escogidos–, fue un acierto total. Gente querida por el barrio –pueblo, a partir de este momento en el artículo–, de todas las edades y clases sociales. Además, el programa también permitió –incluso a los tarraconenses– descubrir algunas de las maniobras monumentales que se hacen en el Port. Y es que el Serrallo sin el Port no se entendería. Entramos en materia.

Masferrer ya demostró, tan solo empezar el programa, que lo había entendido todo: «Bona nit república independent del Serrallo!». El primer personaje que salía en pantalla era Pablo Pedro, o Pablito Pescarranas, un trabajador de la Autoritat Portuària que se encarga del mantenimiento del pueblo. Lo cierto es que no es muy conocido en el Serrallo, pero sí en el mundo del fútbol tarraconense, por ser presidente del CD La Floresta. Pablito decía, delante la cámara, que Tarragona estaba descuidada y sucia, mientras que el Serrallo era «un oasis». Y hubo más: aseguró que Pep Guardiola le copió la fórmula del tiki-taka. Desde el lunes, todo el Serrallo le conoce.

También aprendimos el dialecto serrallenc gracias a una de las remeras del Club de Rem, Anna, conocida como la Xata. «Anar a calar –ligar– o tirar els palangres –lanzar piropos–», explicaba la Xata.

Masferrer también conoció a Fermí, quien tiene el arte de pescar atunes desde el bar, gracias a un móvil. O a la Patxitxa, una mítica vecina del Serrallo de toda la vida, que ha sido una pionera en la lucha por la igualdad de los hombres y las mujeres. Patxitxa, además, relató el gran secreto: sus pechos fueron el molde de los de la Víbria. Tarragona boquiabierta.

Las cámaras se desplazaron unos metros, hasta las instalaciones del Port, para acceder a una embarcación mercante con matrícula de las Islas Marshall, acompañado por el práctico Marc.

La pesca sigue siendo el oficio que da vida a la mayoría de serrallencs. El Foraster quiso vivir de cerca la partida y la llegada de las embarcaciones del cerco, los que pescan de noche, boquerones y sardinas. Conocimos el amor que hay entre Josep Miquel y su padre, quien le acompaña todavía al pantalán hasta la hora de partir. A Òscar, patrón del Avi Juanito, que nos mostró el rostro de alegría al ver que la jornada había ido mejor de lo esperado, o al espartano Juan Antonio, a quien se le rompió la red y no sirvió de nada todo el esfuerzo.

Masferrer también habló con Rosa, secretaria de la Confraria. Aunque más que secretaria es la madre de todos ellos. Trata a los pescadores como si fueran sus hijos y sufre por ellos, al ver como cada vez son menos las embarcaciones que sobreviven al abismo que las administraciones someten al sector.

Pero quien nos hizo emocionar de verdad fue Josep Papió, conocido como L’Hospitalero. Explicó que sale a la mar desde los nueve años. No sabe vivir sin ella. A sus 89 años, cada día sale a pasear con un pequeña embarcación. No me equivocaría si asegurase que Papió representa la esencia de este pueblo de mar.

La cruda realidad por la que atraviesa el sector pesquero, clave en el programa
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