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Palabra de espiado

Jordi Domingo, miembro de la ANC en Reus y militante de Junts, fue atacado por Pegasus en 2019: «Yo era un activista de base, nada más. Te violenta. Es como si entraran en tu casa y te lo revolvieran todo»

| Actualizado a 05 mayo 2022 12:21
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Algo no iba bien en el funcionamiento de su BQ Aquaris. Jordi Domingo notaba anomalías: «Era un móvil relativamente nuevo y se me recalentaba muchísimo, me quemaba en las manos, no iba como tenía que ir y ya estaba pensando en cambiármelo a pesar de que no había pasado mucho tiempo desde que me lo compré». Era el año 2019, y después ató los cabos por aquellas disfunciones en su terminal.

«Soy consciente de que me espían cuando me avisan desde Citizen Lab, con un mensaje de John Scott-Railton, un investigador canadiense que trabaja en la Universidad de Toronto. Me dijo que me sorprendería y que le parecería extraño. Me dijo: ‘No sé quién eres ni a qué te dedicas pero tengo este número porque me lo ha enviado WhatsApp y has sido objeto de un ataque de Pegasus».

Habían detectado una vulnerabilidad y por la plataforma de mensajería había entrado un programario espía: «Me dijo que al día siguiente iba a recibir un mensaje de WhatsApp, que sabría que iba a ser auténtico por unas ciertas características que iba a poder identificar. No me lo creía hasta que llegó esa confirmación».

Y así fue. Era octubre de 2019. La invasión había sido al inicio de aquel año, aunque era complicado concretar mucho más. Las conversaciones con John Scott-Raitlon continuaron. «Volvimos a hablar. Él me decía: ‘No sé a qué te dedicas. Sabemos que no eres un criminal o un terrorista, porque entonces habrían saltado otros filtros pero nos interesa saber qué haces», explica.

Jordi es ingeniero técnico agrícola, con un máster en planificación territorial por la URV y un postgrado en gestión ambiental por la Universitat de Girona. Se define como «un apasionado de la política, de Catalunya y del Camp de Tarragona». «Con la fotografía y la escritura me expreso mejor que con las palabras», reconoce en su blog.

Por entonces –también ahora–, ejercía su activismo «de base, como uno más», según dice, en el contexto más o menos convulso y movilizado del Procés. «Estaba como vocal en la secretaría local de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) en Reus, en 2017 y 2018, pero en 2019 no tenía ningún cargo. Iba a las manifestaciones, como uno más, con un perfil bajo. Entonces estaba en el PDeCAT, ahora estoy en la ANC, en el Consell per la República y en Junts».

Poco a poco, Jordi fue cerciorándose de más detalles de su ataque sufrido. «Sigo teniendo conversaciones porque el investigador intenta explicar el porqué de todo. Me acaban contando que están haciendo una investigación a nivel mundial, que lo ocurrido afecta a 1.400 dispositivos de todo el mundo. Hablo con responsables de WhatsApp para Europa, África y Oriente Medio y también con el encargado en la península ibérica y me lo explican mejor, que he sido posiblemente atacado por un programario espía pero que no me lo pueden asegurar al 100%, no se quieren mojar».

Citizen Lab, la plataforma de investigadores ahora responsable de haber destapado públicamente estos días el llamado Catalangate, sí se mojaban más; hasta le dieron una serie de recomendaciones, como cambiarse de teléfono. El ataque tuvo lugar, según relata Domingo por lo que le consta de las pesquisas, a comienzos de aquel año 2019, supuestamente a través de una llamada perdida de WhatsApp.

Movilización de calle y digital

Su intromisión se conoció al tiempo en que también la habían sufrido el entonces President del Parlament, Roger Torrent, o la líder de la CUP Anna Gabriel, con la particularidad nada baladí de que Domingo era prácticamente un anónimo, a pesar de que trabajaba en el diseño de una futura independencia: «No he hecho nada ilegal y estoy tranquilo. No sé por qué lo hicieron... que no fuera para asustar, para hacerte coger miedo. Estaba trabajando en cómo podría ser una posible república digital. Veníamos del referéndum, del 155 en 2017, de poner en marcha el Consell per la República en 2018, había movilizaciones en la calle... y yo iba, pero como tanta otra gente. Estaba en grupos de trabajo, de reflexión, en términos tecnológicos y digitales. Y luego hacía ese activismo de calle».

Siempre, además, bajo el paraguas soberanista de la Assemblea Nacional Catalana. «Nunca, por ejemplo, fui a una manifestación de Tsunami Democràtic y no estuve en el aeropuerto de El Prat (en referencia al bloqueo de la infraestructura tras la sentencia del Procés)». El golpe emocional fue duro, difícil de asimilar. «Te sientes violentado, han invadido tu privacidad, da igual lo que estuvieras haciendo. Que te digan que has sido espiado por un programa que solo se vende a los gobiernos te sienta muy mal. Si acceden a tu teléfono es como si te invadieran la vida, como si entraran en tu casa, te lo revolvieran todo, sin saber qué te cogen, quién lo hace, por qué y durante cuánto tiempo lo tendrán. Si queréis algo, pedídmelo... Que te puedan mirar las conversaciones, los correos... Se está infringiendo un derecho fundamental».

No quedó ahí la indignación y el desencanto de Jordi, que no emprendió entonces ningún tipo de acción («debería haber sido algo conjunto», dice) y llegó a sentirse desamparado. «Nadie me llamó ni me preguntó. No soy ningún cargo público pero sí un ciudadano como el político y también a mí me han vulnerado mis derechos. Parece que mis derechos sean diferentes porque no soy un político», explica, muy crítico con la situación actual: «Siento una pena muy grande, me parece muy mal todo el espectáculo que se está produciendo, no son capaces de ir a una, a nivel político. ¿Piensan los políticos que son más importantes que nosotros, los ciudadanos?». Jordi critica que «solo una persona de la ejecutiva nacional de Junts intentó hacer algo al respecto pero eso se quedó ahí», reconoce él, que añade: «En la ANC sí se preocuparon por mí y ahora lo han vuelto a hacer».

«Querían asustar»

Una de las preguntas clave que contesta Jordi es por qué. «El objetivo era intimidar al movimiento independentista y dar miedo, asustar a las personas para anular al movimiento independentista». Es algo que, en su caso, sí sucedió, al menos en parte. «Ahora todo se ha normalizado, pero en aquel momento rompí vínculos. Ahora estoy dentro de un partido político y aunque reniegue de ellos, creo que son necesarios. Pero en su momento mi activismo cambia por miedo. Si me espiaron, pueden saber dónde vivo. ¿Cómo puedo estar seguro de que nadie me sigue? ¿Y si se montan una película conmigo? Pues te asustas y bajas marchas», explica Jordi, que desde entonces se ha cambiado de móvil tres veces –nunca he tenido un iPhone– y se ha acostumbrado a tener menos aplicaciones, aunque en verdad no sirva de mucho: «Hasta por la linterna podrían hacerlo».

Algo no iba bien en el funcionamiento de su BQ Aquaris. Jordi Domingo notaba anomalías: «Era un móvil relativamente nuevo y se me recalentaba muchísimo, me quemaba en las manos, no iba como tenía que ir y ya estaba pensando en cambiármelo a pesar de que no había pasado mucho tiempo desde que me lo compré». Era el año 2019, y después ató los cabos por aquellas disfunciones en su terminal.

«Soy consciente de que me espían cuando me avisan desde Citizen Lab, con un mensaje de John Scott-Railton, un investigador canadiense que trabaja en la Universidad de Toronto. Me dijo que me sorprendería y que le parecería extraño. Me dijo: ‘No sé quién eres ni a qué te dedicas pero tengo este número porque me lo ha enviado WhatsApp y has sido objeto de un ataque de Pegasus».

Habían detectado una vulnerabilidad y por la plataforma de mensajería había entrado un programario espía: «Me dijo que al día siguiente iba a recibir un mensaje de WhatsApp, que sabría que iba a ser auténtico por unas ciertas características que iba a poder identificar. No me lo creía hasta que llegó esa confirmación».

Y así fue. Era octubre de 2019. La invasión había sido al inicio de aquel año, aunque era complicado concretar mucho más. Las conversaciones con John Scott-Raitlon continuaron. «Volvimos a hablar. Él me decía: ‘No sé a qué te dedicas. Sabemos que no eres un criminal o un terrorista, porque entonces habrían saltado otros filtros pero nos interesa saber qué haces», explica.

Jordi es ingeniero técnico agrícola, con un máster en planificación territorial por la URV y un postgrado en gestión ambiental por la Universitat de Girona. Se define como «un apasionado de la política, de Catalunya y del Camp de Tarragona». «Con la fotografía y la escritura me expreso mejor que con las palabras», reconoce en su blog.

Por entonces –también ahora–, ejercía su activismo «de base, como uno más», según dice, en el contexto más o menos convulso y movilizado del Procés. «Estaba como vocal en la secretaría local de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) en Reus, en 2017 y 2018, pero en 2019 no tenía ningún cargo. Iba a las manifestaciones, como uno más, con un perfil bajo. Entonces estaba en el PDeCAT, ahora estoy en la ANC, en el Consell per la República y en Junts».

Poco a poco, Jordi fue cerciorándose de más detalles de su ataque sufrido. «Sigo teniendo conversaciones porque el investigador intenta explicar el porqué de todo. Me acaban contando que están haciendo una investigación a nivel mundial, que lo ocurrido afecta a 1.400 dispositivos de todo el mundo. Hablo con responsables de WhatsApp para Europa, África y Oriente Medio y también con el encargado en la península ibérica y me lo explican mejor, que he sido posiblemente atacado por un programario espía pero que no me lo pueden asegurar al 100%, no se quieren mojar».

Citizen Lab, la plataforma de investigadores ahora responsable de haber destapado públicamente estos días el llamado Catalangate, sí se mojaban más; hasta le dieron una serie de recomendaciones, como cambiarse de teléfono. El ataque tuvo lugar, según relata Domingo por lo que le consta de las pesquisas, a comienzos de aquel año 2019, supuestamente por una llamada perdida de WhatsApp.

Movilización de calle y digital

Su intromisión se conoció al tiempo en que también la habían sufrido el entonces President del Parlament, Roger Torrent, o la líder de la CUP Anna Gabriel, con la particularidad nada baladí de que Domingo era prácticamente un anónimo, a pesar de que trabajaba en el diseño de una futura independencia: «No he hecho nada ilegal y estoy tranquilo. No sé por qué lo hicieron... que no fuera para asustar, para hacerte coger miedo. Estaba trabajando en cómo podría ser una posible república digital. Veníamos del referéndum, del 155 en 2017, de poner en marcha el Consell per la República en 2018, había movilizaciones en la calle... y yo iba, pero como tanta otra gente. Estaba en grupos de trabajo, de reflexión, en términos tecnológicos y digitales. Y luego hacía ese activismo de calle».

Siempre, además, bajo el paraguas soberanista de la Assemblea Nacional Catalana. «Nunca, por ejemplo, fui a una manifestación de Tsunami Democràtic y no estuve en el aeropuerto de El Prat (en referencia al bloqueo de la infraestructura tras la sentencia del Procés)». El golpe emocional fue duro, difícil de asimilar. «Te sientes violentado, han invadido tu privacidad, da igual lo que estuvieras haciendo. Que te digan que has sido espiado por un programa que solo se vende a los gobiernos te sienta muy mal. Si acceden a tu teléfono es como si te invadieran la vida, como si entraran en tu casa, te lo revolvieran todo, sin saber qué te cogen, quién lo hace, por qué y durante cuánto tiempo lo tendrán. Si queréis algo, pedídmelo... Que te puedan mirar las conversaciones, los correos... Se está infringiendo un derecho fundamental».

No quedó ahí la indignación y el desencanto de Jordi, que no emprendió entonces ningún tipo de acción («debería haber sido algo conjunto», dice) y llegó a sentirse desamparado. «Nadie me llamó ni me preguntó. No soy ningún cargo público pero sí un ciudadano como el político y también a mí me han vulnerado mis derechos. Parece que mis derechos sean diferentes porque no soy un político», explica, muy crítico con la situación actual: «Siento una pena muy grande, me parece muy mal todo el espectáculo que se está produciendo, no son capaces de ir a una, a nivel político. ¿Piensan los políticos que son más importantes que nosotros, los ciudadanos?». Jordi critica que «solo una persona de la ejecutiva nacional de Junts intentó hacer algo al respecto pero eso se quedó ahí», reconoce él, que añade: «En la ANC sí se preocuparon por mí y ahora lo han vuelto a hacer».

«Querían asustar»

Una de las preguntas clave que contesta Jordi es por qué. «El objetivo era asustar al movimiento independentista y dar miedo, asustar a las personas para anular al movimiento independentista». Es algo que, en su caso, sí sucedió, al menos en parte. «Ahora todo se ha normalizado, pero en aquel momento rompí vínculos. Ahora estoy dentro de un partido político y aunque reniegue de ellos, creo que son necesarios. Pero en su momento mi activismo cambia por miedo. Si me espiaron, pueden saber dónde vivo. ¿Cómo puedo estar seguro de que nadie me sigue? ¿Y si se montan una película conmigo? Pues te asustas y bajas marchas», explica Jordi, que desde entonces se ha cambiado de móvil tres veces –nunca he tenido un iPhone– y se ha acostumbrado a tener menos aplicaciones, aunque en verdad no sirva de mucho: «Hasta por la linterna podrían hacerlo».

Algo no iba bien en el funcionamiento de su BQ Aquaris. Jordi Domingo notaba anomalías: «Era un móvil relativamente nuevo y se me recalentaba muchísimo, me quemaba en las manos, no iba como tenía que ir y ya estaba pensando en cambiármelo a pesar de que no había pasado mucho tiempo desde que me lo compré». Era el año 2019, y después ató los cabos por aquellas disfunciones en su terminal.

«Soy consciente de que me espían cuando me avisan desde Citizen Lab, con un mensaje de John Scott-Railton, un investigador canadiense que trabaja en la Universidad de Toronto. Me dijo que me sorprendería y que le parecería extraño. Me dijo: ‘No sé quién eres ni a qué te dedicas pero tengo este número porque me lo ha enviado WhatsApp y has sido objeto de un ataque de Pegasus».

Habían detectado una vulnerabilidad y por la plataforma de mensajería había entrado un programario espía: «Me dijo que al día siguiente iba a recibir un mensaje de WhatsApp, que sabría que iba a ser auténtico por unas ciertas características que iba a poder identificar. No me lo creía hasta que llegó esa confirmación».

Y así fue. Era octubre de 2019. La invasión había sido al inicio de aquel año, aunque era complicado concretar mucho más. Las conversaciones con John Scott-Raitlon continuaron. «Volvimos a hablar. Él me decía: ‘No sé a qué te dedicas. Sabemos que no eres un criminal o un terrorista, porque entonces habrían saltado otros filtros pero nos interesa saber qué haces», explica.

Jordi es ingeniero técnico agrícola, con un máster en planificación territorial por la URV y un postgrado en gestión ambiental por la Universitat de Girona. Se define como «un apasionado de la política, de Catalunya y del Camp de Tarragona». «Con la fotografía y la escritura me expreso mejor que con las palabras», reconoce en su blog.

Por entonces –también ahora–, ejercía su activismo «de base, como uno más», según dice, en el contexto más o menos convulso y movilizado del Procés. «Estaba como vocal en la secretaría local de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) en Reus, en 2017 y 2018, pero en 2019 no tenía ningún cargo. Iba a las manifestaciones, como uno más, con un perfil bajo. Entonces estaba en el PDeCAT, ahora estoy en la ANC, en el Consell per la República y en Junts».

Un investigador de Citizen Lab y también WhatsApp le informaron de la intrusión sufrida
Un investigador de Citizen Lab y también WhatsApp le informaron de la intrusión sufrida
Jordi se manifestaba en la calle y estaba en grupos de reflexión del mundo digital o de tecnología

Poco a poco, Jordi fue cerciorándose de más detalles de su ataque sufrido. «Sigo teniendo conversaciones porque el investigador intenta explicar el porqué de todo. Me acaban contando que están haciendo una investigación a nivel mundial, que lo ocurrido afecta a 1.400 dispositivos de todo el mundo. Hablo con responsables de WhatsApp para Europa, África y Oriente Medio y también con el encargado en la península ibérica y me lo explican mejor, que he sido posiblemente atacado por un programario espía pero que no me lo pueden asegurar al 100%, no se quieren mojar».

Citizen Lab, la plataforma de investigadores ahora responsable de haber destapado públicamente estos días el llamado Catalangate, sí se mojaban más; hasta le dieron una serie de recomendaciones, como cambiarse de teléfono. El ataque tuvo lugar, según relata Domingo por lo que le consta de las pesquisas, a comienzos de aquel año 2019, supuestamente por una llamada perdida de WhatsApp.

Movilización de calle y digital

Su intromisión se conoció al tiempo en que también la habían sufrido el entonces President del Parlament, Roger Torrent, o la líder de la CUP Anna Gabriel, con la particularidad nada baladí de que Domingo era prácticamente un anónimo, a pesar de que trabajaba en el diseño de una futura independencia: «No he hecho nada ilegal y estoy tranquilo. No sé por qué lo hicieron... que no fuera para asustar, para hacerte coger miedo. Estaba trabajando en cómo podría ser una posible república digital. Veníamos del referéndum, del 155 en 2017, de poner en marcha el Consell per la República en 2018, había movilizaciones en la calle... y yo iba, pero como tanta otra gente. Estaba en grupos de trabajo, de reflexión, en términos tecnológicos y digitales. Y luego hacía ese activismo de calle».

Jordi se manifestaba en la calle y estaba en grupos de reflexión del mundo digital o tecnología
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