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«Recuerdo ver el coche hacia nosotras y de repente estar en el suelo con mucho dolor»

Lidia Martínez rememora el atropello que sufrió con su pareja Marta, que murió en el lugar, en 2016. El conductor, que no tenía carné, sigue libre desde entonces y a la espera de juicio

| Actualizado a 28 agosto 2022 16:45
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Era el 12 de diciembre de 2016 a las 13 horas. Un día soleado en el que Lidia Martínez salió en bicicleta de carretera con su pareja, Marta Domínguez. Circulaban por una recta en la vía que une Bràfim y Vilabella cuando un coche se les echó encima y las atropelló. Marta, que tenía 28 años, murió en el lugar de los hechos. Lidia, que sufrió una fractura abierta en la tibia y el peroné, fue trasladada en helicóptero al Hospital Joan XXIII. El conductor del vehículo huyó.

Es un ejemplo de una tragedia que se repite con demasiada frecuencia. Desde 2010 han muerto en la red vial catalana 87 ciclistas, 31 de ellos en Barcelona, 27 en Tarragona, 18 en Lleida y 11 en Girona. En el conjunto de las carreteras catalanas, desde el 2010, también se han registrado 682 ciclistas heridos graves. El último caso ocurrió la semana pasada, cuando un hombre arrolló a ocho ciclistas en Castellbisbal. Dos murieron, tres resultaron heridos, uno de ellos grave, y otros tres salieron ilesos.

«Vi que el coche perdía el control y venía hacia nosotras, no pude hacer nada. La siguiente imagen que tengo es estar tirada en el suelo, con mucho dolor en las piernas, sin poder moverme y sin saber dónde estaba Marta», explica Lidia, que asegura que en ese momento escuchó como el conductor arrancaba el coche y huía. Con las piernas rotas, fue operada de urgencia en el Joan XXIII, donde antes de entrar en quirófano le dijeron que Marta había muerto en el accidente, que la habían intentado reanimar pero que no habían podido hacer nada para salvarle la vida. «Sientes mucha impotencia y frustración, porque una hija perdió a su madre, y yo perdí la familia que estaba construyendo, porque la hija de Marta se fue con su otra madre», señala Lidia, que lamenta que «el conductor ha continuado haciendo su vida».

De hecho, el autor del atropello, que en ese momento tenía 33 años, está en libertad a la espera de juicio. Tras el accidente, dejó el coche en Vilabella y le vino a buscar un amigo, pero gracias a algunos testigos la policía pudo dar con él y detenerlo. En ese momento no tenía carné de conducir, y hasta en dos ocasiones después de los hechos los Mossos lo pillaron también conduciendo sin permiso.

Desde entonces, Lidia no ha vuelto a salir en bici: «Lo intenté alguna vez, pero se me hacía demasiado difícil. Incluso ahora cuando voy en coche y veo ciclistas me cuesta, soy muy consciente del riesgo y en cierto modo vuelvo a conectar con todo lo que ocurrió, y es muy duro».

Un colectivo vulnerable

Pocos ciclistas de carretera encontraríamos que jamás hayan tenido, por lo menos, un susto. Y es que al final, la fragilidad del ciclista hace que por pequeño que sea el contacto con otro vehículo de motor las consecuencias para el deportista puedan ser bastante graves.

Aitor Pasarrius, natural de Flix y vecino de Cambrils, es uno de los muchos ciclistas que han sido atropellados en la carretera. Él compite en campeonatos catalanes con el Montbike Solcam Cycling Team. Ocurrió el 31 de agosto de 2009, cuando tenía 29 años, en la rotonda de la C-12 en Móra d’Ebre cuando venía de Xerta. «Un coche se saltó el ceda el paso de la rotonda y me impactó por el costado. Suerte del casco, que quedó completamente chafado», recuerda Pasarrius, que se rompió la clavícula y sufrió fuertes golpes en las lumbares y en otras partes del cuerpo, por lo que tuvo que estar una semana ingresado en el hospital y dos meses de baja.

Pese a no recordar si tardó mucho en volver a coger la bici una vez recuperado, sí reconoce que desde entonces ya no actúa igual: «Salgo con mucho más respeto, aunque tenga preferencia y circulo como si no la tuviera, no tengo la misma seguridad que antes», señala Pasarrius, que no obstante comenta que tampoco piensa mucho en el riesgo que supone porque «si no, no saldría, y es algo que me hace feliz».

En su caso, el autor del atropello no huyó, pero el ciclista sí recuerda que «tuvo una actitud fea, diciendo que había sido yo quien me había tirado sobre él». En general, Pasarrius cree que los coches respetan a las bicis, «pero hay un 10 o un 15% que no lo hacen».

Sobre esto habla también Enric Oliete, que forma parte del Club Esportiu Pepe&Friends, de Tarragona. «Lo que ocurre es que no sabemos convivir los coches y las bicis, y es cierto que también hay muchos ciclistas que no hacen las cosas bien, pero en general los coches no nos respetan. Hay que concienciar a los conductores de que somos muy frágiles», pide el tarraconense, que pese a no haber sufrido nunca un accidente se ha encontrado con muchos y, por el respeto que le tiene a la carretera sale más con la bici de montaña. «Cuando le digo a mi mujer que salgo con la de carretera ya sopla, no le gusta y sufre mucho», dice Oliete.

Por su parte, Jesús Esteban, Manuel Varga y Daniel Coll, presidente, tesorero y socio, respectivamente, del Club Ciclista Cunit, también cuentan su experiencia en las carreteras. Esteban sufrió hace ocho años un accidente que le provocó un traumatismo craneoencefálico. «Fue en Santa Oliva, cuando en una curva se me cruzó una moto, choqué con ella y salí disparado», recuerda el ciclista, que asegura que el conductor huyó y nunca se supo quién era. «Desde entonces salgo con miedo», dice Esteban.

Varga, por otro lado, explica que su hijo también sufrió un atropello, cuando en la rotonda de acceso a la AP-7 en El Vendrell un coche se saltó el ceda «y se lo llevó por delante». «Sufrió golpes y quemaduras, por lo que estuvo seis meses de baja y ya hace un año de aquello y no ha vuelto a salir en bici», asegura Varga. «Los conductores no nos tienen respeto», insiste el tesorero del club ciclista.

Finalmente, Coll, que lamenta que «nos tienen manía», piensa que Trànsit debería informar mejor a los conductores sobre las prioridades de los ciclistas, y lamenta que «matar a un ciclista sale gratis, a los conductores no les pasa nada». Los tres compañeros aseguran que no hay día que salgan que no tengan un susto.

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