Uno de cada cuatro niños tarraconenses volverá al cole vacunado

El ritmo es correcto, pero menor que en los mayores. La cobertura del 25% ayuda pero es epidemiológicamente insuficiente para regresar al aula. La mascarilla FFP2, ventilar y no acudir con síntomas serán claves

07 enero 2022 10:40 | Actualizado a 07 enero 2022 14:27
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El cole empezará en Tarragona con uno de cada cuatro niños vacunados. En tres semanas se ha alcanzado una cobertura de primera dosis del 25% en la provincia, con un testimonial 1,8% de pauta completa. El ritmo de inmunización en estos pequeños, de entre 5 y 11 años, ha sido por momentos alto, aunque los riesgos persistirán en esta vuelta a las aulas, íntegramente presencial, pese al boom de contagios de la sexta ola. El Camp de Tarragona ha alcanzado un 25% de primeras dosis de esta vacuna pediátrica, por un 24% registrado en las Terres de l’Ebre. Son cifras algo más reducidas que la media catalana (27,7%).

Las sensaciones en los puntos de inoculación son positivas. «La vacunación va a buen ritmo, todo lo que tenemos ofertado está cogido 15 días antes», indica Sandra Paixà, enfermera pediátrica de Reus, que vacuna en el Centre de Mas Iglesias, en la capital del Baix Camp.

La aplicación del antídoto en niños ha discurrido estas semanas de manera fluida, con una buena respuesta por parte de los pequeños. «Los niños vienen muy concienciados y ya saben a lo que vienen. Les intentamos hacer más ameno el proceso, con un circuito diferenciado, con vídeos explicativos cuando esperan. Las cancelaciones que hemos tenido han sido por ser contactos o positivos. Intentamos facilitar la vacunación conjunta de los hijos y de la tercera dosis de los padres», admite la enfermera reusense.

«Lo ideal habría sido llegar a la mitad de vacunados, estamos en un ritmo algo lento»
Quique Bassat. Epidemiólogo y pediatra e investigador en ISGlobal

En el centro de Mas Iglesias se administran 380 vacunas pediátricas por día, aprovechando las vacaciones escolares. Poco a poco, con el paso de los días ha ido ganando la confianza en el profiláctico por parte de los padres, una franja que mostraba más reticencias que otras a la hora de tomar parte en la campaña. «En cuanto a efectos secundarios, solo describen dolor en el brazo en las 24 horas posteriores, ni fiebre ni nada más», indica Sandra Paixà.

Eso sí, desde el punto de vista epidemiológico, la cobertura alcanzada en el último mes con estos pinchazos entre los más pequeños será una herramienta más, pero no decisiva. «Es importante ese nivel de vacunación, pero estamos en un ritmo algo lento. Llevamos solo tres semanas pero ha coincidido con el inicio de las vacaciones y el hecho de que hubiera más gente disponible, aunque hay que esperar a finales de enero para hacer un balance más exacto», indica el epidemiólogo y pediatra Quique Bassat, investigador del Instituto Salud Global de Barcelona (IS Global).

Bassat apunta que «lo ideal habría sido llegar a la mitad, pero además hay que tener en cuenta que solo estamos hablando de la primera dosis y sabemos que con la variante ómicron eso puede ser no suficiente, pero siempre es mejor que no tener ninguna». El experto añade que «los niños aún no estarán adecuadamente protegidos hasta la segunda dosis» y diagnostica un ritmo algo más bajo: «En las primeras tres semanas los adolescentes llegaron prácticamente al 70%, fue muy rápido, pero también es verdad que en ese momento no se entraba en competencia con las dosis de refuerzo, y ahora tenemos tres sistemas paralelos, los de inicio de pauta en mayores de 12 años, la vacuna pediátrica y luego las terceras dosis».

Más reticencias en los padres

El consenso, a la hora de inmunizar a los niños más pequeños, no era esta vez tan amplio, y ese es un obstáculo contra el que luchar. «Hay más reticencias, más incertidumbre entre los padres. Por un lado están los que pensaban que no era necesario vacunar y que era mejor que se infectaran. Yo no estoy a favor de esta estrategia, porque suponía asumir un riesgo innecesario, además teniendo en cuenta que la inmunidad natural no es una barrera impermeable. Luego están los que tenían miedo o una cierta prevención por los efectos secundarios. Contra este tipo de argumentos, tenemos datos, ya a nivel mundial, que indican que la vacuna es segura, que no hay efectos graves, que están bien toleradas y recomiendo a los padres que tengan miedo que pregunten a su alrededor», cuenta Bassat.

«Tenemos porcentajes pequeños de vacunación y necesitamos otras medidas»
Àlex Arenas. Catedrático de Ingeniería Informática y Matemáticas URV

Con este panorama, la vuelta al cole se hará este lunes como estaba prevista, de una forma presencial. «Es absolutamente necesario hacerlo así, porque la educación presencial es beneficiosa y habría sido un contrasentido flexibilizar las medidas como las cuarentenas de positivos, para intentar volver a una cierta normalidad laboral y aplazar la vuelta al cole. Tenemos que mantenerla si todos avanzamos hacia una liberalización de medidas de prevención, por este concepto de cambio de paradigma en el que estamos», explica Bassat.

Los expertos se encomiendan, pues, a las medidas de seguridad presentes hasta ahora en el aula y a un descenso de los casos que debe estar próximo. «El punto más crítico, la clave de la vuelta a las clases será que deje de subir la incidencia en general, porque los colegios traducen lo que está pasando en la sociedad, son un reflejo, y hay que tener en cuenta que la mayoría de contagios se dan en casa, en un entorno familiar, así que lo que toca es intentar reducir la incidencia y seguir avanzando en la vacunación». Àlex Arenas, catedrático de Ingeniería Informática y Matemáticas de la URV, también reconoce que «estamos aún en un porcentaje pequeño de vacunación, con dosis puestas hace poco», así que apuesta por otras medidas: «Vienen dos semanas de enero claves y complicadas. Sobre todo habría que implantar el uso de la mascarilla FFP2, bien ajustada, y eso nos salvaría de muchos problemas, más que la vacunación».

Arenas define la presencialidad como «totalmente necesaria», «aunque el problema es ver si Educació ofrece un mínimo de seguridad, que pasaría por la utilización estricta de la mascarilla FFP2 y la ventilación, así podríamos afrontar estas dos semanas de manera adecuada». Por su parte, Bassat pide «que los niños con síntomas no vayan a clase», para prevenir más infecciones: «Lo hicimos muy bien en el inicio del curso, en 2020, pero nos hemos relajado mucho en las últimas semanas, así que hay que reforzar y refrescar los protocolos. Ante el menor síntoma, hay que quedarse en casa, hasta comprobar que no se tiene Covid-19. Es mejor ser conservadores».

Arenas apostaba hace unas semanas por una priorización de las terceras dosis, para proteger a los perfiles de más edad y, por tanto, más vulnerables, que cree que hay que combinar también con una intensificación de la vacuna en niños: «Una infección masiva de niños acabaría repercutiendo en un incremento de las hospitalizaciones, por eso hay que seguir progresando».

Cautela y prevención

Todo ello se resume en seguir manteniendo las consignas de una máxima cautela y prevención, a la espera sobre todo de ver cuál es el impacto de ómicron en los hospitales. «Faltan algunos días para ver si realmente en término de ingresos la nueva variante es más leve. Por lo demás, si lo hacemos bien en estas dos próximas semanas, saldremos de esta», cuenta Arenas.

«Vamos a buen ritmo, todo lo que tenemos ofertado está cogido 15 días antes»
Sandra Paixà. Enfermera pediátrica

Bassat apunta que, de momento, «tenemos una sexta ola horrorosa que hay que resolver, que aún no tenemos ningún motivo para estar contentos ni satisfechos» y añade: «Me asustan esos mensajes de optimismo, que dicen que es el principio del final y que hablan de una variante menos grave y me espantan también las señales de alarma de los hospitales. Me preocupa mucho lo que sucede en la atención primaria. Estamos en una discordancia entre lo que pasa dentro de la sanidad y esa percepción de que nos estamos olvidando de la pandemia».

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