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Villa Retiro, bienvenido descanso

El hotel Villa Retiro, de cinco estrellas y una Michelin, ofrece una estancia con toda la atención y confort
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Imagen del edificio de estilo colonial, rodeado del frondoso jardín. Foto: Marina Pallás

Imagen del edificio de estilo colonial, rodeado del frondoso jardín. Foto: Marina Pallás

Sucumbir al hedonismo es especialmente fácil en Villa Retiro. Y una garantía de descanso para un fin de semana o un lugar de reposo des del cual visitar los atractivos de la zona, gracias a su ubicación estratégica. Xerta es un pueblo de 1.200 habitantes, a escasos quince minutos de Tortosa y cerca del Delta del Ebro, y a la vez situado a las puertas de la vinícola comarca de la Terra Alta.

El hotel fue construido en 1860 como casa familiar al estilo colonial por un empresario que regresó para jubilarse después de buscar fortuna en Argentina. Todo apunta a que el proyecto de construcción fue ejecutado por Josep Fontserè Mestre, maestro del propio Antoni Gaudí.

El hotel y el restaurante fueron fundados por los hermanos Joaquim y Francesc López, después de adquirir el complejo en el 2001 y someterlo a cuatro años de restauración. Sin embargo, todo el lugar mantiene al máximo su aspecto inicial. El edificio llama la atención des del primer momento en que se pisa la entrada del hotel y está rodeado de un jardín frondoso y muy verde en verano.

El hotel tiene una capacidad máxima para 18 personas, distribuidas en nueve confortables habitaciones con todas las comodidades imaginables, muebles originales restaurados, cuatro masajistas contratados y unos empleados serviciales y atentos en todo momento. «Queremos que sea un hotel tranquilo», explica el chef Fran López. Por ello, para reservar habitación conviene hacerlo con antelación, sobretodo en época de mayo a octubre, cuando los fines de semana suele estar al completo.

El restaurante, donde trabajan más de 20 personas, es un claro referente de la zona y mantiene desde el año 2009 una estrella Michelin. Fran y Joaquim son la cuarta generación que se dedica a la restauración en la familia y también ponen en sus platos un especial acento en la selección de los vinos. La bodega alberga hasta 400 referencias vinícolas y la experiencia gastronómica todavía se valora más con los apreciados comentarios del sumiller y jefe de sala Javier Campo.

El restaurante está considerablemente separado del hotel para garantizar el descanso de los huéspedes, en otro ejemplo del savoir-faire de la casa. Tiene una capacidad para un máximo de 40 personas, con mesas pequeñas y separadas.

«Todos nuestros platos están hecho con productos de proximidad y de máxima calidad», concreta el chef. Así, por ejemplo, para desayunar se ofrecen huevos de pato o de gallina de corral y para la cena se puede degustar el arroz cremoso del Delta con tuétano de ternera, cúbicos de pato, codorniz, calçots y anisados, o la llamada ‘trilogía de tomates’, recolectados en Amposta. El momento cumbre de la experiencia gastronómica llega con un plato aparentemente sencillo a priori: las angulas del Delta con yema de huevo de pato y trufa de verano. Sin embargo, la particular cremosidad de la yema sorprende al primer bocado y las angulas frescas, observadas vivas cinco minutos antes, lo convierte en una vivencia de lo más memorable.

Después de comer o de cenar, una buena opción es disfrutar del jardín, con un riachuelo con cascada de agua de las montañas de Paüls, un pequeño huerto y una terraza donde tomarse un cóctel a la sombra de un ficus gigantesco, cuyas raíces entran dentro del restaurante y son expuestas a la fascinada mirada del comensal. En el exterior, nada de qué preocuparse de los temidos mosquitos de la zona, puesto que el hotel se asegura de un tratamiento contra ellos.

Otro elemento característico del extenso jardín es la extraordinaria piscina, con cascada incluida y servicio de cócteles ahí mismo. Al lado, también se puede tomar un baño en el jacuzzi o realizar una sesión de spa, con sus cabinas de sauna correspondientes y la zona de masajes.

En enero del año pasado, los hermanos tomaron la gestión de la Catedral del Vi, en el Pinell de Brai, donde elaboran los vinos del celler Pagos de Híbera. La visita a este impresionante celler modernista obra de Cèsar Martinell resulta una buena opción para acercarse a la tradición vinícola de la zona y a la DO Terra Alta. Su variedad autóctona, la garnacha blanca, es cada vez más reconocida y valorada, y L’Indià blanco o el Gamberro tinto son vinos altamente recomendables.

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