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La URV revisa el protocolo de donación de cuerpos a la ciencia

El formulario advertirá que se puede rechazar un cuerpo si hay excedentes o si hay una enfermedad infecciosa

NÚRIA ROCA

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Los estudiantes de medicina y fisioterapia estudian la anatomía mediante las disecciones de los cadáveres. FOTO: alba mariné

Los estudiantes de medicina y fisioterapia estudian la anatomía mediante las disecciones de los cadáveres. FOTO: alba mariné

La Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la URV está trabajando para elaborar una nueva versión de la información que se debe tener en cuenta cuando una persona quiere donar su cuerpo a la ciencia. Ahora, el documento especifica que no serán admitidos los cadáveres de personas que hayan muerto de accidente y de las que se les tenga que hacer una autopsia judicial (por cuestiones de conservación). Tampoco se aceptan cuerpos de personas que no hayan dejado expresada su voluntad en vida y que no dispongan de una tarjeta de donante.

Con el nuevo documento que se está redactando, se plantean otras medidas a tener en cuenta. La Unidad de Anatomía Humana y Embriología considera necesario ampliar la información para los posibles donantes y evitar confusiones. Así, el nuevo formulario añadirá que tampoco pueden ser donantes personas con alguna enfermedad infecciosa (por seguridad) ni las que sufran de obesidad mórbida.

Otra novedad que cabe destacar en la renovación de la documentación es que también se informará al donante sobre la posibilidad de que el cuerpo no sea admitido si se diera el caso que hay un exceso de cadáveres. Esta medida tiene como objetivo advertir al donante y a su familia de dicha posibilidad, aunque en los 30 años que hace que existe el servicio, solo ha pasado una vez, concretamente, el año pasado.  

Doce cadáveres al año
La Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la URV recibe unos doce cuerpos al año, suficientes para la actividad de investigación y estudio que se desarrolla en las aulas. De hecho, Montserrat Jové, responsable de la Unidad de Anatomía Humana y Embriología, explica que, por lo general, no se dan excedentes de cuerpos, lo que supondría un problema tener más de los necesarios.
Y, así, se justifica el nuevo modelo de formulario que tendrán que firmar los donantes potenciales. Para Jové es imprescindible que las personas sepan que, aunque cumplan todos los requisitos, puede ser que la facultad desestime la donación si se producen demasiadas donaciones. Entonces, la familia tendría que asumir el entierro de su ser querido.

Los cadáveres se tratan con productos para fijar los tejidos y se guardan en neveras para que se conserven mejor. FOTO: alba mariné

Para desmentir las creencias populares, Jové quiere recalcar que, con la crisis, no han aumentado las donaciones, que permiten ahorrar los gastos de entierro. De hecho, afirma que tampoco nunca se ha encontrado con personas que quisieran donar su cuerpo por esta razón, sino que mayormente se trata de personas que hacen «un acto de altruismo» y a quién se les tiene que agradecer su disposición para que su cuerpo sea estudiado para mejorar el conocimiento del cuerpo humano.

El proceso
Cuando la persona que se ha hecho donante fallece, el tanatorio gestiona todo el proceso, de forma que la familia pueda empezar el duelo sin tener que preocuparse por la burocracia. La Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud gestiona las donaciones de cadáveres de la provincia de Tarragona, por lo que, en caso que una persona donante en otro territorio se traslade a Tarragona, tiene que gestionar todos los cambios.

Normalmente, los donantes informan a la familia que quieren ser donantes, por lo que cuando se ha hecho la ceremonia de despedida, los servicios funerarios trasladan el cadáver a la facultad de Medicina y Ciencias de la Salud, donde se recoge. Luego, el cuerpo empieza a ser tratado: se limpia y se fijan los tejidos con formol y otras sustancias para conservarlo y, finalmente, se guarda en neveras para su mejor conservación.

Actualmente, la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la URV tiene capacidad para guardar unos veinticinco cuerpos, aunque la mediana de cadáveres que se reciben es de doce al año, que además se renuevan cada curso cuando ya se ha aprovechado al máximo.

Docencia e investigación
Se tiene constancia de que los estudios de anatomía se han hecho desde hace siglos. Un ejemplo muy gráfico es el cuadro Lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp, del pintor neerlandés Rembrandt, y que tiene fecha de 1632. No obstante, la investigación en este campo viene de épocas más antiguas y se consideraba que los cuerpos eran sagrados, por lo que el estudio de la anatomía se hacía con animales y se buscaban similitudes. La ciencia fue avanzando y existen muchas ilustraciones que explican cómo se llevaban a cabo las disecciones y cómo evolucionaba el saber en esta ciencia.

Aunque la tecnología ha supuesto grandes avances en el campo de la investigación, Jové asegura que trabajar con un cuerpo humano de verdad es lo que permite conocerlo mejor, ya que ningún programa informático puede sustituir la disección y descubrir las patologías. Así, los cadáveres que se reciben son utilizados para la investigación. Los cirujanos practican punciones y también se utilizan los cuerpos para hacer formación profesional.

Los cadáveres también se destinan a la docencia. Los estudiantes de medicina y fisioterapia tienen acceso a los cuerpos en sus clases prácticas. En este sentido, Jové siempre subraya, a sus alumnos, la importancia de dar el cuerpo a la ciencia y, por eso, antes de empezar las clases, les da una charla en la que les intenta concienciar, les pide respetar la confidencialidad y tratar con respeto y agradecimiento la persona que ha hecho el paso de ofrecer su cuerpo a la ciencia para mejorar la formación médica.

Una vez se ha estudiado el cuerpo y desde la Unidad de Anatomía Humana y Embriología se considera conveniente realizar la inhumación definitiva del cadáver, la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud y a instancias de la universidad, se pone en contacto con el tanatorio de Tarragona para que se realice la retirada definitiva del cuerpo, que se incinera. Por lo tanto, es la misma universidad la que asume el costo de todo el proceso. Jové puntualiza que durante el proceso, y con el objetivo de respetar el duelo de las familias, estas ya no son informadas.

Treinta años de servicio
La universidad puso en marcha este servicio el año 1985 y, desde entonces, ya se han recibido 260 cadáveres destinados a la investigación. Los registros son manuales y también se han ido digitalizando, por lo que se pueden conocer todos los datos de las personas que se han hecho donantes, aunque, obviamente, son confidenciales. Los primeros años esta práctica era poco habitual por desconocimiento, pero desde hace quince años, las donaciones han ido en aumento ya que «la gente está más sensibilizada» explica Jové. 

Dar el cuerpo a la ciencia es  una decisión muy personal e importante y, además, Jové considera que se trata de un acto de «generosidad y altruismo». Desde que el trámite es posible, se han registrado 1.352 donaciones.

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