Música
David Bowie: diez años sin el genio camaleónico
Una década después de su muerte, el legado del artista británico se mantiene más vivo que nunca
La obra de Bowie se mantiene más vigente que nunca.
De cuerpo no se halla, aunque su obra habla por él, el legado musical de David Bowie (Londres, 1947) conserva la vigencia y le hace inmortal. El 10 de enero de 2016, perdió la vida en Nueva York a causa de un cáncer de hígado. La noticia conmocionó al mundo de la música. Tan solo dos días antes, el 8 de enero, fecha en la que celebraba su 69 cumpleaños, el artista británico había publicado Blackstar, su vigésimo quinto y último álbum de estudio.
Este trabajo se interpretó como su testamento artístico, ya que en él Bowie explora y reflexiona sobre su propia muerte, de manera especialmente evidente en Lazarus, el sencillo que sirvió como anticipo de este disco tan singular.
Durante año y medio, había llevado su enfermedad en estricto secreto y solo algunos allegados conocían su situación médica. Entre ellos, el productor Tony Visconti, uno de sus más fieles colaboradores, quien tras el fallecimiento aseguró que el músico había concebido el disco como su «regalo de despedida». Muchos consideran que Bowie hizo de su muerte, una obra de arte.
El londinense destacó siempre por su afán de búsqueda e incorformismo artístico. Se convirtió en un músico camaleónico, capaz de sorprender con cada una de sus obras. Un culo inquieto.
David Bowie no solo destacó como un cantante de éxito: fue un compositor excepcional y, ante todo, un creador de tendencias, siempre adelantado a su tiempo. Un artista inclasificable, en constante transformación, para quien la teatralidad resultó tan esencial —o incluso más— que la propia música.
Los fans han rendido tributo a David Bowie por el décimo aniversario de su muerte.
Por ello, su legado contempla canciones eternas como Starman, Space Oddity o Heroes, como mediante los personajes que encarnó a lo largo de su carrera: Ziggy Stardust, Aladdin Sane, el Delgado Duque Blanco o el Profeta Ciego, su última reencarnación.
La efeméride de su desaparación carnal ha provocado sucesos estraordinarios. Por ejemplo, Heroes, uno de los himnos más reconocibles del artista, ha experimentado en los últimos días un aumento de escuchas de casi el 500% en plataformas de streaming, según la compañía Luminate Data.
El frontman aportó influencia en la moda, el cine y el pensamiento contemporáneo sobre la fluidez de género, convirtiéndose en una figura venerada tanto en la cultura pop como en movimientos de vanguardia.
Un documental desgarrador
La grabación de su último disco grabación se relata en el documental Bowie: The Final Act. Una década después, el universo asiste a la eterna resurrección del Duque, tal y como se le conoce en algunos sectores.
La producción, dirigida por Jonathan Stiasny, arranca con el relato del apogeo de la gira Serious Moonlight en 1983, cuando Bowie alcanzó un éxito masivo. Luego retrocede a la creación de Ziggy Stardust en los años setenta, una propuesta adelantada a su tiempo y en gran medida incomprendido. También aborda la etapa marcada por el consumo de drogas y la inestabilidad de finales de esa década, y analiza el posterior bache creativo, comercial y personal del artista. El recorrido culmina con la representación de su último acto, el tan triste como apoteósico Blackstar.
Su nombre de pila era David Robert Jones y creció en el seno de una familia pequeñoburguesa del barrio obrero londinense de Brixton. Resulta llamativo que fuera su propio padre quien lo animara a aprender a tocar el saxofón al detectar su temprana inclinación por la música. Abandonó la escuela en la que estudiaba y comenzó a ganarse la vida como dibujante publicitario. Con el paso del tiempo, su objetivo pasó a integrarse en distintas bandas para experimentar con repertorios de rhythm and blues a mediados de los años sesenta. En aquel Londres, el movimiento mod vivía entonces su momento de mayor auge.
Bowie mostró una inquietud artística poco común. Su capacidad para absorber influencias, del rhythm and blues al kabarett alemán, del soul al krautrock, de la electrónica al jazz experimental, le permitió construir un lenguaje propio, siempre un paso por delante de su tiempo.
De hecho, el cancionero del britanico se extiende mucho más allá del rock. Bowie abrió caminos en la exploración de la identidad de género, la estética, la moda y la libertad creativa, inspirando a artistas tan diversos como Madonna, Prince, Radiohead, Lady Gaga o Arcade Fire. Demostró que el pop podía expresarse a través del arte, el riesgo y la reflexión, sin renunciar al impacto masivo.
Hablar del legado de David Bowie significa hablar de transformación, vanguardia y libertad creativa. Pocos artistas han logrado influir de manera tan profunda y duradera en la música popular y en la cultura contemporánea.
Diez años después de su muerte, David Bowie no es solo una figura del pasado. Es una referencia viva, un ejemplo de cómo la música puede dialogar con su tiempo y, al mismo tiempo, trascenderlo. Su legado no se mide únicamente en discos vendidos o canciones inolvidables, sino en la libertad creativa que ayudó a conquistar. Bowie se fue, pero su influencia luce como una estrella que no se apaga.